La alcaldesa Michelle Wu presentó la semana pasada un plan climático de 217 páginas con una meta ambiciosa: reducir las emisiones de carbono de Boston a la mitad para 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050. Dos propuestas del plan tocaron directamente el bolsillo y la movilidad de los vecinos: estudiar cobros a los conductores que entren al centro de la ciudad, y buscar financiamiento permanente para tres rutas de autobús que hoy son gratuitas en Roxbury, Dorchester y Mattapan.
El anuncio despertó reacciones encontradas. Activistas de transporte aplaudieron la dirección del plan. Concejales y grupos empresariales lo cuestionaron.
Cobro a conductores: un estudio, no una ley
La propuesta es el llamado congestion pricing: un cargo a los vehículos privados que entren a ciertas zonas del centro de Boston durante las horas pico. El plan no establece un monto ni un cronograma; solo ordena estudiar la posibilidad. Wu fue enfática en ese punto durante una entrevista en GBH la semana pasada.
La idea tiene precedente reciente: New York City implementó su propio sistema de congestion pricing en enero de 2025. Desde entonces, el tráfico en la zona afectada bajó 11%, la calidad del aire mejoró y el sistema recaudó $550 millones netos para financiar mejoras de transporte.
El concejal Ed Flynn fue el primero en oponerse públicamente. "La economía de Boston está sufriendo. Ahora no es el momento para una expansión costosa de regulaciones municipales", escribió en redes sociales.
Las rutas 23, 28 y 29 siguen gratuitas hoy
El punto del plan con mayor impacto directo para la comunidad es el futuro de tres rutas de la MBTA que desde 2022 operan sin costo: la 23, la 28 y la 29, que conectan Roxbury, Dorchester y Mattapan con el resto de la ciudad.
Estas rutas se mantienen gratuitas gracias a fondos federales de emergencia por la pandemia, que se agotarán más adelante este año. La ciudad destina alrededor de $340.000 al mes para reembolsar a la MBTA por la pérdida de tarifas, pero ese arreglo no tiene garantía a largo plazo. El plan climático de Wu establece que estas rutas deben volverse permanentemente gratuitas y eventualmente extenderse a otras, aunque no especifica de dónde vendría el dinero.
La mayoría de los usuarios de estas rutas son personas de bajos ingresos. La gratuidad ha reducido la dependencia del auto privado en los vecindarios que sirven, un efecto que el plan cita como prueba de que la política funciona. Como El Planeta reportó la semana pasada, el sistema de transporte de Boston atraviesa un momento de renovación y presión simultánea sobre sus recursos.
Vecindarios más vulnerables
El plan va más allá del transporte. Incluye metas para reducir en 25% las visitas a urgencias por olas de calor para 2030, una propuesta para que el estado establezca una temperatura máxima interior durante emergencias de calor, y un programa piloto en Dorchester para evaluar inundaciones en sótanos.
El documento reconoce que los impactos del cambio climático no afectan a todos por igual: los vecindarios históricamente marginados, muchos de ellos con alta concentración de residentes latinos, soportan mayor calor, peor calidad del aire y menor acceso a espacios verdes. El plan los pone al centro de su estrategia de resiliencia.
El plan completo está disponible en el sitio del Departamento de Medio Ambiente de Boston. Los próximos pasos dependen del estudio sobre congestion pricing, que aún no tiene fecha de inicio ni metodología publicada.