Un equipo de astrónomos apuntó dos de los radiotelescopios más potentes del mundo hacia K2-18b, un planeta a 124 años luz de la Tierra, y no encontró ninguna señal de radio artificial. El rastreo, uno de los más sensibles realizados hasta ahora, examinó millones de posibles detecciones en el sistema del exoplaneta.
K2-18b se convirtió en uno de los mundos más observados de la última década porque orbita en la zona habitable de una estrella enana roja, en la constelación de Leo. Tiene unas 8.6 veces la masa de la Tierra y completa una vuelta a su estrella cada 33 días.
Por qué K2-18b es candidato a albergar vida
El telescopio espacial James Webb detectó metano y dióxido de carbono en su atmósfera en 2023, los primeros compuestos de carbono hallados en un planeta de la zona habitable. En 2025, el mismo telescopio captó indicios de dimetilsulfuro, un gas que en la Tierra produce sobre todo el fitoplancton marino.
Esos datos llevaron a clasificar a K2-18b como posible mundo hycean, con una atmósfera rica en hidrógeno y un eventual océano global. Los indicios de biofirmas siguen en debate y ningún equipo los considera prueba de vida. El James Webb, que este mes halló una atmósfera en el planeta de lava 55 Cancri e, ha sido central en ese análisis.
Cómo se buscaron señales de tecnología en K2-18b
El equipo usó el Very Large Array (VLA) en Nuevo México y el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica para observar el sistema durante 33 días, el tiempo que dura un año en el planeta. La búsqueda se centró en señales de radio de banda estrecha, el tipo de emisión que una civilización usaría como faro.
Un programa automatizado filtró millones de detecciones para descartar la interferencia generada en la Tierra. Ninguna sobrevivió a todos los filtros, por lo que el estudio, publicado en The Astronomical Journal, no halló transmisiones artificiales.
Qué significa que no se encontraran señales
El resultado no descarta la existencia de vida ni de tecnología en K2-18b. La búsqueda solo cubrió un tipo de señal, un rango de frecuencias y un periodo determinado, según precisó la astrónoma Sofia Sheikh, del Instituto SETI.
El rastreo permitió fijar un límite: si existiera un transmisor en ese sistema, no sería mucho más potente que el radar del desaparecido observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. El proyecto también probó un sistema de análisis capaz de procesar el enorme volumen de datos que generan las búsquedas modernas.
Los astrónomos planean repetir el método en otros mundos de la zona habitable y ampliar el rango de frecuencias examinadas. El James Webb seguirá estudiando la atmósfera de K2-18b, mientras las próximas campañas de radio buscarán afinar la sensibilidad para captar señales más débiles.