El miércoles 21 de julio, el presidente de EE.UU. Joe Biden se dirigió a una antigua planta de carbón en Somerset para dar un ultimátum sobre los cambios que se deben hacer en materia climática. | FOTO: Jehovagni Santana - El Planeta

La semana pasada, el presidente Biden llegó a Somerset para visitar la antigua central eléctrica de Brayton Point y destacar el emergente sector de la energía eólica de nuestro estado. La visita del presidente Biden subraya el papel fundamental que desempeñará Massachusetts en esta industria durante las próximas décadas.


Mientras nuestro estado se prepara para aprovechar la más alta capacidad eólica marina en los Estados Unidos contiguos, y aprovecha la Asociación de Implementación de Energía Eólica Marina Federal que la Casa Blanca anunció recientemente, debemos asegurarnos de que Massachusetts desarrolle una industria eólica marina diversa, equitativa e inclusiva.


Como líderes de dos organizaciones que financian y apoyan a comunidades negras, latinas, indígenas y otras abandonadas por nuestro actual sistema económico —New Commonwealth Racial Equity and Social Justice Fund (NCF) y el Boston Impact Initiative Fund (BII) —, somos especialmente conscientes de la necesidad de implementar cambios estructurales y desarrollar soluciones que aborden las disparidades sistémicas que perjudican a las comunidades negras y morenas.

Por eso, aplaudimos que la Legislatura del Estado haya incorporado un lenguaje inclusivo en su paquete legislativo de energía limpia (H.4544 y S.2842). Entre los proyectos de ley aprobados se encuentra un programa de equidad de la fuerza laboral en el área de energía limpia que proporcionará desarrollo educativo y profesional, requisitos de diversidad en la mano de obra, puestos de trabajo para las comunidades negras y morenas en la industria de la energía limpia, oportunidades para start-ups y subvenciones para empresas certificadas propiedad de minorías y de mujeres.

No se puede negar la realidad de que las oportunidades que brinda la energía limpia (incluidas las que se derivan directamente de esta legislación) pueden ser un factor de cambio para cerrar la brecha de riqueza racial en Massachusetts. Los trabajadores y las empresas dedicadas a la energía eólica marina en sus primeras fases (incluido el proyecto Vineyard Wind, el primer parque eólico marino a escala comercial de los Estados Unidos) estarán en la base de lo que podría convertirse en una industria de $100.000 millones y generar miles de puestos de trabajo. En 2050, la energía eólica marina se convertirá en la fuente de energía limpia dominante en nuestro estado.

Es imperativo que, a medida que desarrollamos la energía eólica marina, Massachusetts diseñe políticas y procesos — desde programas de capacitación hasta cadenas de suministro de aerogeneradores — teniendo en cuenta la justicia racial. 

Recientemente nos unimos a un grupo de líderes empresariales de Massachusetts en un viaje de una semana a Dinamarca para conocer la economía verde del país. Aprendimos cómo el pequeño país nórdico (con una población más o menos igual a la de Massachusetts) construyó una economía energética estable y respetuosa del clima. Hoy en día, el 40 % de la energía danesa proviene del viento. El país ha creado más de 75.000 empleos verdes y va camino a cumplir sus objetivos climáticos de cero neto antes de 2050. Un notable 80 % de los aerogeneradores de Dinamarca son propiedad de particulares o cooperativas, y no de empresas.

Massachusetts puede aprender tres lecciones de las estructuras de propiedad comunal y los programas de desarrollo de la mano de obra que se utilizan en Middlegrunden y Dinamarca. En primer lugar, la equidad de los resultados depende de la equidad de los procesos que los generan. Cuando los desarrolladores imponen una visión de un proyecto desde arriba, generan ganancias desde arriba. Cuando los miembros de la comunidad son capaces de articular sus ideas, opinar sobre las soluciones y participar en las posibles ganancias, todos se benefician de la riqueza a largo plazo que generan las infraestructuras de energías renovables.

En segundo lugar, la propiedad comunal requiere apoyo político, no surge de manera espontánea. En Dinamarca, hay incentivos fiscales para invertir en cooperativas de parques eólicos para impulsar la inversión individual. La ley de 2011 exige que los nuevos parques eólicos tengan al menos un 20 % de propiedad comunal, de modo que ningún proyecto pueda continuar sin la participación pública. A medida que desarrollamos nuestra propia industria eólica marina, Massachusetts debería adoptar incentivos y requisitos similares para la propiedad y la participación de la comunidad, con un enfoque intencional puesto en asegurar la participación de las comunidades negras, morenas e indígenas.

En tercer lugar, nuestro compromiso con los beneficios para la comunidad debe abarcar también al desarrollo de la mano de obra. Massachusetts también debe cultivar una infraestructura humana diversa y a nivel estatal. El desarrollo de la energía eólica marina requiere 119 tipos de trabajo distintos. Tan solo Vineyard Wind creará 3.600 empleos sindicalizados bien remunerados.

Afortunadamente, Massachusetts cuenta con un avanzado sistema de escuelas secundarias técnicas de formación profesional. Nuestras universidades estatales son una de las principales fuentes de ingenieros y profesionales de la energía eólica marina. Pero tenemos que ampliar y aumentar la inversión en estos programas, y dar prioridad a la contratación de personas de color, mujeres y personas de comunidades con bajos ingresos en todo el estado para los nuevos puestos de trabajo.

Los líderes daneses del sector público y privado también nos recalcaron el papel que tuvo la elaboración de políticas a largo plazo basadas en el consenso político para facilitar su revolución de las energías renovables. Aunque nuestras políticas climáticas y energéticas siguen divididas por líneas partidistas, la Administración Biden-Harris es un fuerte socio para el desarrollo de la energía eólica marina, y deberíamos aprovechar al máximo sus compromisos para impulsar la industria.

E independientemente de lo que ocurra a nivel federal, Massachusetts puede seguir impulsando el liderazgo climático desde adentro, defendiendo a los responsables políticos y la legislación en favor del clima, y al mismo tiempo colaborar con los estados vecinos.

A medida que Massachusetts acelera su desarrollo de la energía eólica marina, debemos trabajar en colaboración para utilizar nuestros recursos, contactos y experiencia para impulsar una economía de energía limpia que se desarrolle y se distribuya de manera equitativa. Esto incluye la creación de incentivos y regulaciones significativos para poder acceder a la propiedad comunal, la participación y la contratación de comunidades diversas, el apoyo a las start-ups de propiedad de minorías y a los innovadores, y la responsabilidad de los desarrolladores de llevar todo esto a cabo.

Betty Francisco es directora ejecutiva de Boston Impact InitiativeMakeeba McCreary es presidenta del New Commonwealth Racial Equity and Social Justice Fund

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