La Habana
PROTESTAS. Las manifestaciones se dieron en las principales localidades de Cuba, entre ellas su capital, La Habana. | Foto: Efe/Ernesto Mastrascusa.
Ana Julia Jatar, miembro de la Junta Editorial y directiva de El Tiempo Latino.

El régimen cubano durante 62 años, ante cualquier descontento popular, asumió la estrategia de dejar salir de la isla a todo aquel que “le dé la gana” como dijo Fidel en varias oportunidades. Y desde 1960, pasando por los Marielitos en los 80 y los que se fueron con el “Maleconazo” en los 90, les había salido bien.  Hoy, la situación es distinta. Los bisnietos de la revolución castrista, en medio de la ausencia política de ambos Castro, no se van a ir. Ellos van a luchar en Cuba para cambiar el régimen, ellos van por “Patria y Vida” en vez de “Patria o Muerte”. No contemplan correr el riesgo de sus padres y abuelos de morirse en las aguas del Caribe huyendo en una balsa. No, lo han dicho claro, prefieren dar su vida en su tierra y no en el fondo del mar.

¿Es eso tan difícil de entender? Imagínense ustedes vivir por décadas en un país donde solo existe un partido político, imagínense ustedes aguantar con la boca cerrada que líderes de izquierda en el mundo llamen a eso democracia en vez de dictadura pura. Imagínense esperar la visita de un mandatario y verlo ignorar la tragedia de quienes han preferido morir en huelga de hambre en sus mazmorras. Imagínense ustedes, que hasta el Papa, en su visita histórica prefirió reunirse con el dictador Fidel que con Las Damas de Blanco. Imagínense lo que es nacer, crecer, morir, tener hijos, nietos y bisnietos en una patria en la cual, si expresas a viva voz, porque no tienes manera de hacerlo en las urnas electorales, lo que piensas, lo que sientes en tu libre albedrío como ser humano, corres el riesgo de ser fusilado, golpeado o preso de por vida. Imagínense vivir todos los días en un país donde aquel que se oponga a la línea del único partido político legalmente aceptado, el comunista, ni tiene la posibilidad de llegar al gobierno, ni al Congreso y mucho menos la oportunidad de ser parte del sistema judicial. ¿Se lo imaginan? 

Recuerdo que hace dos décadas fui a Cuba en varias oportunidades porque estaba escribiendo un libro. Llegó el momento en el cual me era difícil regresar a la isla, pude ver en primera fila el sufrimiento de mis amigos, la miseria que se vive con un régimen cuyo único faro es el de quedarse en el poder a costa de la humillación de su pueblo. Eso no tiene nombre. Yo nací en Cuba.  Mi familia lo perdió todo luego de haber contribuido al triunfo de la revolución castrista del 59. Toda mi familia se fue, dejándolo todo atrás en 1961, prefirieron irse para vivir su vida con libertad y la frente en alto. No habían sacrificado tanto para sustituir a un dictador de derecha – Batista –, por otro de izquierda. Se fueron con la misma dignidad que tienen hoy – en julio de 2021– los rostros de quienes protestan en las calles de Cuba y que veo con admiración.

He visto muchos de los videos que han corrido por las redes sociales, los bisnietos de la revolución quieren “Patria y Vida”, no la “Patria o Muerte” de los Castro. Los bisnietos de la revolución ya no quieren que les abran las compuertas para emigrar a Florida. Ellos luchan por quedarse en su patria y vivir en libertad. 

Pero el tema cubano no es solo un problema de política internacional, sino es mayoritariamente uno de política interna norteamericana. Parece que ha llegado el momento de acabar con lo que denominé hace 20 años en mi libro The Cuban Way como la guerra civil a larga distancia. En ese momento dije que, durante cuatro décadas, los cubanos habían peleado una guerra civil a larga distancia y el gobierno de Estados Unidos se había colocado del lado de los cubanos de Miami al utilizar el embargo como arma de amenaza y no de negociación para lograr un acuerdo de cambio de régimen dentro de Cuba. Ahora ya llevamos 62 años de lo mismo, pero Cuba es otra: los bisnietos de la revolución quieren un cambio de régimen. 

Las cosas han cambiado. Creo que estamos en el momento en el cual la Administración Biden debe aprovechar la ausencia de los Castro, la falta de liderazgo de Díaz-Canel, el hartazgo del glorioso pueblo cubano que quiere Patria y Vida y el poderío económico de los Estados Unidos (incluidas las sanciones), para liderar, a través de las Naciones Unidas, unas elecciones libres. Sólo así se puede dar voz a un pueblo que no ha sido consultado electoralmente desde 1948 – hace 73 años. La Perla del Caribe, como se conoce a Cuba, tiene que ser liberada de la ostra que la tiene encerrada para que pueda reflejar su inmenso valor. 

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