PROFESIONAL. El ámbito profesional de Jill desde que lleva el apellido Biden no ha sido afectado por la carrera política de su esposo. | FOTO: @FLOTUS

Por Karla Pérez Castilla
Especial para El Tiempo Latino

Cada vez que entra a un salón de clases espera lograr un cambio, una transmutación en la que se pierde el ser para adentrar a sus alumnos en el camino del conocimiento. Hace un año, por cuestiones políticas y de gran importancia para el país, tuvo que hacer una pausa a la enseñanza. Ahora las aulas de clases están vacías y la nueva realidad virtual de estudiantes y profesores los mantiene alejados. Pero espera regresar pronto y volver a oír los murmullos de sus estudiantes cuando empiezan a explorar el mundo a través de las ideas.

Sin embargo, son muchas las interrogantes que genera pensar en lo que se viene. No es sencillo. Es el momento de coincidir, de la unidad de Estados Unidos. Son esas las cavilaciones que surgen en estos días, como lo que se espera de la administración Biden, a quien le toca gobernar en medio de un confinamiento por causa de un virus que obligó al mundo a una nueva forma de vida. 

A los 18 años Jill Tracy Jacobs (apellido de soltera) se graduó en la Upper Moreland High School. Posteriormente, en la Universidad de Pensilvania, estudió mercadotecnia de moda; pero la moda y los negocios no eran su vocación como sí lo era la educación. Al poco tiempo de licenciarse, fue en busca de lo que realmente quería hacer. 

Sus primeras lecciones fueron en la Universidad de Delaware, en Newark, un pequeño estado al norte de Delaware, donde aprendió las iniciativas de la enseñanza.

ENCUENTRO. Jill tardó dos años en aceptar la petición de matrimonio de Joe. Él ya le había hecho la propuesta cuatro veces. | FOTO: EFE/EPA/JIM LO SCALZO

Estudió a 275,6 millas lejos de casa, unas cuatro horas por carretera, hasta que se graduó como licenciada en Inglés en 1975. Posteriormente, se convirtió en una especialista de lectura en la escuela secundaria de Calymont.

Constante y comprometida con su pasión por educar, no dejó todo hasta ahí. Quería aprender más, contribuir más a la sociedad, llegar más allá de la teoría y la práctica. La vida también le tenía preparado un destino bastante exigente. 

Camino a la política 

Durante sus primeros años de universidad se casó con el exjugador de fútbol americano universitario Bill Stevenson. Duraron cinco años de casados y en 1976 concretaron su divorcio. Un año antes Jill había conocido a Joe Biden, entonces senador de Estados Unidos, con quien se comprometería no solo a consolidar las bases de un matrimonio ejemplar, sino también a cuidar e involucrarse en la carrera política del ahora presidente.

Ella tenía 25 años, trabajaba como profesora en escuelas públicas locales y en un hospital psiquiátrico. Joe tenía 33 y representaba en el Congreso al estado de Delaware; el cargo le exigía una agenda muy apretada, pero cuando la conoció supo que era la mujer con quien debía pasar el resto de su vida y se propuso conquistarla. Tardó poco en conseguirlo y no tuvo que esforzarse mucho. 

“Mi hermano me comentó de ella. Me dijo: ‘Te encantaría conocerla’”, contó Joe durante la Convención Nacional Demócrata de 2020.

JUVENTUD. A los 18 años Jill Tracy Jacobs (apellido de soltera) se graduó en la Upper Moreland High School. | FOTO: Captura Convención Nacional Demócrata 2020

«Yo era estudiante de último año, y había estado saliendo con chicos que usaban jeans y camiseta. Pero él vino a tocar la puerta vestido con un abrigo deportivo y mocasines, y pensé: ‘Dios, esto nunca va a funcionar, ni en un millón de años’. ¡Era nueve años mayor que yo! Pero fuimos a ver a ‘Un hombre y una mujer’ al cine en Filadelfia, y realmente nos llevamos bien», agregó Jill en una entrevista con la revista Vogue en 2016.

Jill tardó dos años en aceptar la petición de matrimonio de Joe. Él ya le había hecho la propuesta cuatro veces. A la quinta le puso un ultimátum. 

La vida del entonces senador estaba marcada por una gran pérdida: su primera esposa y su hija de 13 meses habían fallecido en un accidente automovilístico tres años antes de conocer a Jill. Sus hijos Beau y Hunter sobrevivieron al accidente. Jill no quería precipitarse y tomar la decisión equivocada. 

“No solamente era mi corazón lo que estaba en juego. Quería tanto a los hijos de Joe que debía estar segura de que nuestro matrimonio duraría para siempre”, contó.

Se casaron el 17 de junio de 1977 en la capilla de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York en una boda íntima. Su hija, Ashley, nació en 1981. Actualmente son abuelos de cinco nietos.

“La enseñanza no es lo que hace, es lo que es”

Jill Tracy Biden ahora está en Washington DC, en la Casa Blanca de los Estados Unidos. Allá vive desde hace dos meses para el 20 de marzo. 

Sin embargo, el entorno político del ahora presidente, los extensos y lujosos pasillos de su nueva casa, sus alrededores, no eran extraños para Jill antes del 20 de enero de este año, incluso antes de la campaña presidencial del año pasado, pues hace 11 años atrás, en 2009, Jill fue segunda dama de Estados Unidos cuando Biden ocupó la vicepresidencia del país en el gobierno de Barack Obama. El título lo llevó por ocho años.

“Ella nunca fue una personas típica de Washington o del mundo de la política, creo que nunca se imaginó que acabaría así”, contó Cathy Russell, directora de la Oficina de Personal Presidencial, sobre los años que Jill asumió el título de segunda dama.

MUJER. Joe la describe como una mujer fiel y dura a veces, como alguien capaz de unir y reconstruir. | FOTO: @FLOTUS

Para ese entonces, Jill no abandonó su labor como docente. Combinaba sus funciones de carácter protocolario con sus responsabilidades académicas. Fue la primera segunda dama de Estados Unidos que tuvo un trabajo remunerado. En esta oportunidad no será diferente, pues sigue enseñando escritura en Northern Virginia Community College, al sur de Washington, donde enseñó a tiempo completo mientras su esposo ocupaba el segundo cargo al mando del país.

El ámbito profesional de Jill desde que lleva el apellido Biden no ha sido afectado por la carrera política de su esposo. En sus 41 años de casados nada le impidió seguir preparándose. En 1981 Jill obtuvo una maestría en lectura en la Universidad de West Chester y en 1987 obtuvo otra en inglés en la Universidad de Villanova. 20 años más tarde, en  2007, se doctoró en educación en la Universidad de Delaware.

“Jill ha dedicado su vida a la educación, pero la enseñanza no es lo que hace, es lo que es”, sostuvo Biden en la Convención Nacional Demócrata de 2020 al hablar de la carrera profesional de su esposa.

Pero no todo su tiempo ha estado dedicado a la educación. Desde que ocupó el título de segunda dama, Jill trabajó también para no pasar inadvertida en la residencia y oficina de la vicepresidencia. Así, mientras la administración Obama se centró en recuperar al país de la recesión económica de 2008. Trabajó para destacar el importante rol de los colegios comunitarios para la economía de la nación.

Fue la anfitriona de la primera Cumbre de la Casa Blanca sobre colegios comunitarios con el presidente Obama y dirigió la gira Community College to Career Bus Tour para destacar las asociaciones entre los colegios comunitarios y los empleadores. Se convirtió en la presidenta de la junta College Promise National Advisory Board. Con esto lideró el esfuerzo de lograr que la educación en los colegios comunitarios sea gratuita para estudiantes dedicados y meritorios.

“Cuando Joe llegó a la vicepresidencia pensé: ‘bueno, ahora sí tengo que trabajar en serio, porque hay muchas cosas importantes para mí’. Mi padre había estado en las Fuerzas Armadas, mi hijo fue designado a Irak, sentí la necesidad de apoyar a las familias de militares”, dijo. 

Hija de un señalista de la Marina y madre del comandante Beau Biden, un soldado de la Guardia Nacional del Ejército de Delaware, Jill ha sido una defensora de las familias militares. Como segunda dama, y junto a la primera dama Michelle Obama, lanzó la iniciativa Joining Forces para darles apoyo a los miembros del servicio militar, a los veteranos, a sus familias, a sus cuidadores y a los sobrevivientes. 

En 2012 publicó el libro infantil Don’t Forget, God Bless Our Troops, una historia sobre la experiencia de su familia con el despliegue militar visto a través de los ojos de la nieta Jill y Joe Biden, Natalie, en el año que su padre, Beau, fue enviado a Irak. 

Durante los primeros 4 años en la Casa Blanca viajó a casi 40 países y visitó bases militares, hospitales y campamentos de refugiados para abogar por la educación y el empoderamiento económico para mujeres y niñas.

Aprovechó su título de segunda dama para favorecer causas educativas y tuvo un acceso privilegiado a Michelle Obama, la entonces primera dama. Trabajó con ella en iniciativas como «Joining Forces» para ayudar a los veteranos de Estados Unidos. 

La contribución de Jill Biden para educar y prevenir a las mujeres en la lucha contra el cáncer comenzó en 1993, cuando cuatro de sus amigas fueron diagnosticadas con cáncer de seno. 

Tiempo después lanzó la iniciativa Biden Breast Health Initiative para educar a las jóvenes sobre la importancia de la detección temprana. 

Pero en 2015 un acontecimiento trágico marcaría para siempre la vida de los Biden. Jill y el entonces vicepresidente Biden perdieron a su hijo Beau debido a un cáncer cerebral. A raíz de esto ayudaron a impulsar un compromiso nacional de erradicar el cáncer a través del White House Cancer Moonshot.

Cuando terminó el mandato de la administración Obama, el entonces vicepresidente Joe Biden y su esposa inauguraron la fundación Biden Foundation y la Iniciativa Biden contra el Cáncer.

Su libro de memorias, Where the Light Enters: Building a Family, Discovering Myself, que llegó a la lista de mejores vendidos del periódico New York Times, fue publicado en 2019. Al año siguiente publicó un libro infantil llamado JOEY: The Story of Joe Biden.

Una mujer capaz de unir

Joe la describe como una mujer fiel y dura a veces, como alguien capaz de unir y reconstruir, alguien con sus mismos valores y a quien le importa la gente. Y esa fue la premisa de Jill para hablarle a los estadounidenses durante la campaña electoral, a quienes se les acercó con un mensaje de unidad, con la afirmación de rescatar un país en caos y con la seguridad de que Joe Biden era la opción acertada para acabar con la polarización. 

Es la primera dama en la historia de Estados Unidos en mantener su trabajo de tiempo completo como profesora. No ha sido una mujer convencional en el ámbito político. En sus años como segunda dama estuvo muy cerca de Michelle Obama, por lo que tiene una idea clara de los pasos que debe dar y las adversidades que enfrentará.

En sus funciones actuales como la esposa del presidente de Estados Unidos, además de asistir a ceremonias oficiales, Jill ha seguido trabajando por la educación, por las familias militares y por la lucha contra el cáncer

A sus 69 años y con una agenda bastante exigente, la nueva primera dama ha causado grandes expectativas en los estadounidenses sobre las funciones que desde la Casa Blanca seguirá desempeñando. Ha expresado reconocer que hay momentos de desasosiego, especialmente en este confinamiento por la pandemia, pero también insta a la población a mantener el valor de la práctica colectiva del respeto entre ciudadanos. “Necesitamos contar los unos con los otros para ser fuertes. Todos en este país nos necesitamos los unos a los otros”.

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