Oscar Vallaro emigró de Argentina en 1994. Lo atrajo el fútbol, pues ese año el Mundial se disputaba en Estados Unidos. La idea inicial era venir de visita, pero decidió quedarse en casa de unos familiares, y perseguir su pasión de ser futbolista.

Comenzó jugando en la Liga de Fútbol de Massachusetts, y uno de los integrantes lo convidó para que se convirtiera en árbitro. “Al principio no me gustó la idea, porque yo quería ser jugador, pero me terminé convenciendo”.

En el año 2000, Vallaro se contaba entre los mejores 10 árbitros del país, y estaba compitiendo por un cargo en la MLS (Liga Mayor de Fútbol nacional). Pero para su sorpresa, no fue elegido. “Esa fue una gran decepción para mi, porque había trabajado muy duro y estaba entre los mejores, así que decidí retirarme de la Liga de Massachusetts”, cuenta. Pero como suele ser en la vida, las crisis conducen a grandes ideas. Esa frustración le dio el empuje necesario para fundar lo que ahora es la Asociación de Árbitros Latinos de Massachusetts o ARLM Referees Latinos, en inglés.


Oscar Vallaro, a la izquierda, posa con compañeros de la Asociación de Árbitros Latinos de Massachusetts

“Se me ocurrió esta idea porque no había un grupo de árbitros latinos en el estado, así que los reuní, los entrené y ahora somos 43 integrantes provenientes de 10 países”, explica Vallaro. Hay representantes de Argentina, Colombia, Brasil, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Guatemala, México, Estados Unidos y Camerún. “El de Camerún ya está hablando español”, bromea.


Algunos de los árbitros de la asociación luciendo sus nuevos uniformes de la marca Joma, que encargaron en la tienda Campeón Soccer ubicada en 285 Broadway, Chelsea.

Hay miembros desde los 23 hasta los 55 años de edad, y todos los domingos arbitran 65 partidos de 10 ligas menores locales. Esta no es una liga profesional sino de aficionados, sin embargo, los árbitros se ganan unos $200 dólares cada domingo como producto de este trabajo. “Muchos inmigrantes pueden ayudar a sus familias gracias a este dinero extra que se ganan”, explica Vallaro.

¿Acostumbrados a los insultos?

Los árbitros frecuentemente reciben insultos e inclusive agresiones de parte de los jugadores, muchas veces insatisfechos por las decisiones que se toman respecto al arbitraje. “Es parte de nuestro trabajo”, comenta el guatemalteco Danilo Mejía, quien es miembro del grupo de árbitros latinos. “En los partidos todos quieren opinar y todos pretenden que saben más que el árbitro”, dice. “Lo importante es ganarte el respeto de los demás, y eso se logra resolviendo bien los partidos difíciles. He jugado en ligas en las que los jugadores saben que no se pueden meter con los árbitros porque los echan del juego. Se respeta la autoridad”, explica.

Uno de los momentos más difíciles durante su trabajo ocurrió cuando un jugador trató de agredir físicamente a uno de sus compañeros árbitros. “Fue una situación difícil de manejar, y al final nos tocó llamar a la policía”. Otro momento que describió como complicado ocurrió cuando un jugador con mala intención agredió a otro, el cual le cayó encima y como consecuencia se le fracturó la pierna. “En este caso el jugador con mala intención acabó fracturado. Son situaciones complejas porque hay que ponerse en los zapatos de todo el mundo y tomar la mejor decisión”.

Si usted está interesado en unirse a este grupo, puede contactar a la asociación vía Facebook (www.fb.com/arlm.refereeslatinos) o llamando directamente a Oscar Vallaro al teléfono (781)254-4707. Los seleccionados deben hacer un curso de 4 semanas para prepararse. Cuando empiecen a trabajar, la Asociación cobra una comisión a cada árbitro por partido.

Recientemente, la liga encargó nuevos uniformes de la marca Joma en la tienda Campeón Soccer de Chelsea, ubicada en 285 Broadway St. Chelsea, MA.

DOS DE LOS INTEGRANTES


Alfredo Maravilla

Alfredo Maravilla

Alfredo es un salvadoreño de 55 años, y uno de los integrantes más antiguos de la asociación. “Me uní porque me gusta mucho el fútbol y saqué un título de árbitro en El Salvador”, cuenta, “Ha sido gratificante profesionalmente, porque he tenido la oportunidad de participar en el fútbol, y también personalmente, porque ha sido una forma de integrarme con la comunidad latina de Massachusetts”. Explica que este es un grupo muy diverso: “hay quienes han estudiado y quienes no, jóvenes, mayores, provenientes de muchos países… Hay de todo. Y es muy bonito que nos hemos integrado sin importar de dónde venimos”.

Además, este salvadoreño considera el lado económico del oficio, pues es un trabajo de medio tiempo que le permite enviar dinero a sus familiares en el exterior.

Alfredo trabaja en la industria de la construcción y la jardinería, y confiesa que ese oficio le ha ayudado a mantenerse en buen estado físico. “Tengo 55 años pero estoy en forma”, asegura.


Danilo Mejía

Danilo Mejía

Este guatemalteco de 35 años se involucró con la liga en 2007, el mismo año en el que se mudó a Estados Unidos. Es un apasionado del fútbol y por casualidad alquiló una habitación en una casa donde uno de sus roommates formaba parte de la asociación de árbitros, y lo invitó a unirse. Hoy en día es miembro de la junta directiva de la asociación. “Me gusta porque es una manera diferente de hacer fútbol, y no lo hago por dinero. Lo hago porque me gusta”, confiesa Mejía. Su consejo para los interesados es que se unan sólo si les gusta y están dispuestos a poner alma y corazón en su trabajo.

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