Por Ricardo Herreras Álvarez

El pasado martes, un grupo de personas en representación del total de los estafados, se presentaron en los juzgados de Chelsea para presenciar la segunda declaración ante el juez de la acusada de la trama, la salvadoreña Claudia Quintanilla – quien controla Oasis Travel Agency desde la muerte de su padre, Marco Quintanilla ocurrida en mayo de 2008 – y para seguir denunciando la estafa por parte de la empresa de viajes por un total de de unos $69,000.

El caso, que fue archivado en un principio, ha sido reabierto por la Policía de Chelsea ante la multitud de denuncias de los afectados, que se han producido desde 2007, pero que ahora han sido puestas en común a través de la ayuda y soporte de la organización local Chelsea Collaborative.

Las victimas se presentaron en la mañana del martes como testigos de los cargos hacia la administradora de la agencia, quien mostró una actitud arrogante ante todos los que estuvieron en la sala del tribunal, incluso se burló de ellos en algunos momentos de la comparecencia.

En conclusión el juez James Wexler, encargado del caso, fi jó una tercera audiencia para el 22 de abril para seguir tomando declaración a la acusada y que los abogados de los estafados puedan seguir planteando los diferentes casos sucedidos, ya que ya son más de 50 los pleitos planteados por las víctimas, algunas de las cuales también han interpuesto demandas criminales, que están siendo analizadas por la Fiscalía General de Massachusetts.

Desde Chelsea Collaborative se sigue trabajando para que los que aún no han demandado lo hagan y que los causantes de la estafa paguen por ello, porque tienen constancia de que aún hay gente que no ha reclamado su dinero.

Wexler declaró tras el primer encuentro con la acusada, celebrado el pasado mes de febrero, que entendía el estado de alteración de la gente porque les habían engañado y les llamó a la calma porque el problema tendrá solución.

«Es muy importante que los afectados sepan que este caso va a ser resuelto aquí, en el Tribunal de Chelsea». Su propósito era el de dar confi anza y evitar algún altercado entre demandantes y demandada si los primeros se toman la ‘justicia por su cuenta’, algo nunca aconsejable.

Por su parte, la detective de la Policía de Chelsea que lleva el caso, Rosabel Medina, declaró que «es un proceso largo, tedioso y complicado y no quiero dar ninguna falsa esperanza, pero lo que sí puedo decir es que pondré todo mi empeño en que se haga justicia, porque los que han perdido su dinero lo merecen».

EL ENGAÃ’O
La agencia de viajes ofrecíabuenas ofertas que llamaban la atención del cliente. Éste abonaba el importe con la tarjeta de crédito, pero después, las compañías aéreas o los propios hoteles no autorizaban esos precios, algo que no se advertía hasta el momento de embarque o la llegada a la recepción de los propios hoteles, con el consecuente trauma para el comprador, que se ve en la recepción del hotel o en la cola del avión con un pasaje falso y con las ilusiones o necesidades rotas.

En algunos casos, si eran varias las personas que habían contratado los servicios, tan sólo una tenía reservado el viaje o el hotel, habiendo pagado todos los integrantes del viaje el precio que fi jó en un principio la agencia de viajes. En otros casos, se cargaban gastos y viajes a las tarjetas de crédito sin haberlos comprado o dado la autorización del titular de la cuenta bancaria.

Una de las víctimas, cuya mayoría es latina procedente de países como El Salvador, Ecuador, Venezuela, Guatemala o Nicaragua, que había pagado $800 para un paquete completo de viaje, se dio cuenta de que había sido estafada a su llegada al hotel.

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