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El pitcher de los Red Sox, Guerrero, le hizo una promesa a su hijo y la cumplió con creces: “Es una lección de vida”

Tyron Guerrero de los Boston Red Sox es en este momento uno de los pitchers relevistas más imponentes del equipo. Foto: MLB.com

Hace unos años, Tyron Guerrero estaba sentado en su casa jugando PlayStation con uno de sus hijos, quien le hizo una pregunta que le obligó a no rendirse.

“Me vio y me preguntó”, recuerda el lanzador de los Red Sox. “Papá, ¿Cuándo vamos a regresar a un estadio de las Grandes Ligas. Yo les prometí que los iba a traer”.

Pero aquel no era el único compromiso del colombiano.

Lo usual para él era que en esos videos juegos disputaba encuentros en el Fenway Park de Boston. También en otros parques de la División Este de la Liga Americana.

Su norte no era solo volver a Las Mayores sino estar en el equipo de sus sueños.

Tyron Guerrero es en este momento uno de los pitchers relevistas más imponentes del equipo. Ha permitido solo seis carreras limpias en 24 innings. Tiene efectividad de 2.25. Solo ha dado 3 boletos y ha ponchado a 28.

Todo eso lo ha conseguido a sus 35 años después de pasar siete años fuera de las Grandes Ligas y dos fuera del béisbol organizado.

“Los primeros días me sentía como: ‘estoy de regreso después de tantos años’”, confesó el derecho. “Ya cuando todo eso pasa es, cómo que, está bien. Ahora hay que hacer el trabajo. Hay que seguir. La mentalidad sigue siendo la misma: hay que atacar la zona de strike. Con los días la confianza sube”.

Guerrero ha pasado por todo.

Hizo su debut en las Grandes Ligas hace una década con los Padres de San Diego. Los californianos lo cambiaron a los Marlins de Miami en un canje que involucró a siete jugadores, incluyéndolo.

En septiembre de 2019, tiró un inning en blanco, con dos hits y un boleto con los floridanos.

A partir de ahí comenzó una lucha de siete años para tener el mejor momento de su vida.

El diestro pasó por las Ligas Menores de los Medias Blancas de Chicago, Los Ángeles y los Rojos de Cincinnati, donde vivió su punto más bajo.

En junio de 2023 fue despedido por los Rojos, luego de dejar una efectividad de más de 11 puntos en Triple A.

Nadie más quiso darle empleo.

“Pasaron muchas cosas”, explicó el monticulusta. “Consideré retirarme. Pero mi familia siempre estuvo ahí: mi esposa, mis papás, mis niños. Ellos no entienden lo que es rendirte”.

Guerrero se fue para su casa después de lo ocurrido en Cincinnati. Se desconectó del béisbol. Compartió con su familia y recargó energías para lo que venía.

“Mi familia fue muy importante en todo esto”, agregó. “Estaba pasando por un mal momento con la velocidad, mis pitcheos y todo. Fue el año más difícil que tuve en toda mi carrera”.

Pero unos días después recibió una llamada de los Diablos Rojos de México para que los apoyara por el resto del verano. Allí brilló y después repitió eso en el invierno con los Naranjeros de Hermosillo.

Esa experiencia lo llevó a Japón donde estuvo dos años. En el ínterin tuvo su primer acercamiento con los Red Sox, pero en primera instancia no pudo concretarse dado a sus compromisos en el continente asiático.

“En Japón aprendí cosas muy buenas”, admitió. “De hecho, aprendí a tirar el splitfinger. La forma cómo ellos trabajan. A veces creemos que aquí trabajamos bastante, pero allá créeme que es mucho más”.

Cuando aquel acuerdo con los Marineros de Chiba Lotte concluyó, Guerrero le pidió a su agente que llamara a la oficina de los Red Sox, para ver si la oferta de 2024 seguía en pie.

En su cumpleaños de 2026 recibió la llamada que tanto esperaba. Ahora era un miembro de la tropa de Boston. Se reportó al Spring Training. Casi se gana un lugar para el Juego Inaugural después de sorprender a todos con una recta de 102 millas.

No pudo hacer su retorno para el inicio de esta temporada, pero se fue a Triple A. Allá demostró que lo visto en primavera no era casualidad. Nadie pudo batearle y los Red Sox decidieron ver que podía hacer en Las Mayores donde la historia no ha sido diferente.

“Para ser honesto contigo”, se sinceró el manager interino Chad Tracy. “Ha sido así todo el año. Cuando llegó, el pensamiento era: ¿será que va a lanzar strikes? Pero no ha hecho otra cosa que tirar strikes. En Triple A, tuvo efectividad por debajo de uno. Ha sido demasiado bueno.”

Una prueba de ello fue el 20 de julio, en un juego contra los Orioles de Baltimore mientras defendían una racha de 13 victorias.

Tracy llamó a Guerrero en el séptimo inning. El colombiano permitió un doble y luego un sencillo de Pete Alonso. Le tocaba enfrentar al temible Gunnar Henderson. Le tiró cinco rectas, todas por encima de 100 millas. En la última, a 102, el campo corto de los Orioles se vio totalmente perdido y se ponchó.

Al turno siguiente, Tyler O’Neil bateó un rodado a segunda base que iba a poner fin al inning, pero Anthony Seigler no pudo completar la jugada y se igualó el encuentro.

Al inning siguiente, Caleb Durbin conectó un cuadrangular memorable que le permitió a los Red Sox extender su racha a 14 juegos.

Al terminar el compromiso, Guerrero estaba en el clubhouse viendo el turno contra Henderson que, casualmente, estaba siendo transmitido en la televisión.

Un reportero se le acercó al pitcher y le preguntó: ¿Es ese el mejor pitcheo de tu vida?

“Nasty”, respondió orgulloso el derecho mientras con sus manos intentaba simular el movimiento que hizo aquel envío que ponchó a Henderson.

“Esta experiencia ha sido muy bonita”, celebró. “Fueron muchos años de trabajo y creo que se están viendo los resultados. Lección de vida para aquellos que se quieren rendir y no seguir adelante. Debemos cambiar esa mentalidad y seguir luchando por lo que tú quieres”.

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