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Los videos de viviendas derrumbadas, de personas atrapadas entre los escombros y de familias buscando a sus seres queridos han inundado las redes sociales, convirtiendo los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio en una experiencia dolorosa y en tiempo real para los venezolanos en ciudades como Boston. Muchos han permanecido pegados a sus teléfonos, intentando comunicarse con sus familiares mientras el número de muertos sigue subiendo.
Alejandra Agüero pasó la noche del miércoles 24 de junio buscando confirmación y llamando a sus parientes después de que las primeras alertas aparecieran poco después de las 6 p. m. La incertidumbre, dijo, fue una de las partes más difíciles: no saber si los reportes eran reales, dónde había golpeado el sismo o si su familia estaba a salvo. Sus familiares en Yaracuy describieron haber sentido el suelo moverse como olas mientras las comunicaciones colapsaban en todo el país. Los daños allí fueron menores que en Caracas, Valencia y Maracay, pero la carga emocional, dijo, ha sido abrumadora para los venezolanos dentro y fuera del país.
“Físicamente me veo bien, pero emocionalmente no estoy bien”, dijo Agüero, conteniendo las lágrimas. “Mi mamá está aquí conmigo, pero su cabeza está en Venezuela, donde están sus hermanas, donde están sus hijos”.
Agüero, quien estudió recursos naturales renovables y dirigió talleres de preparación ante desastres en Venezuela antes de establecerse en Boston, volvía una y otra vez a una reflexión dolorosa: que el país que dejó alguna vez tuvo la capacidad de responder a desastres que hoy ya no puede atender.
“Había material, había gente preparada, había maquinaria pesada para remover escombros”, dijo. “En aquella época pudimos habernos capacitado para ayudar. Pero en esta época, no creo que haya nada”.
Un desastre que se siente desde Boston
Dos potentes terremotos sacudieron el norte de Venezuela la noche del miércoles: un sismo de magnitud 7.2 cerca de San Felipe, seguido unos 40 segundos después por otro de magnitud 7.5 cerca de Yumare. Entre los más fuertes que han golpeado al país en más de un siglo, arrasaron vecindarios en el estado costero de La Guaira y derrumbaron edificios en todo Caracas.
Para el viernes, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo que al menos 920 personas habían muerto y más de 3,300 habían resultado heridas, cifras que las autoridades advierten siguen aumentando.
La realidad de hoy es al menos 1,430 muertos, más de 3,200 heridos y unos 50,000–68,900 desaparecidos, según USGS, CNN, Al Jazeera y World Vision.
A más de 2,000 millas de distancia, ese número se mide en llamadas telefónicas sin respuesta. Con el aeropuerto cerrado, el instinto habitual —enviar suministros, tomar un avión— quedó descartado. Así que los venezolanos de Boston recurrieron a lo que sí podían hacer desde aquí: organizarse.

El jueves, la Venezuelan Association of Massachusetts (VAM), Casa de Venezuela y líderes locales se reunieron en el restaurante Peka para lanzar una campaña de emergencia y recaudar fondos destinados a organizaciones de confianza en el terreno, entre ellas Cáritas de Venezuela y la Asociación Médica Venezolana.
“Los hospitales están desbordados; no hay ni solución salina”, dijo Carlina Velásquez, miembro de la junta directiva de VAM. El esfuerzo avanza por dos vías: financiar las labores de rescate y ayudar a las familias que aún no logran comunicarse con sus seres queridos. “No podemos prometer respuestas”, dijo el director Ciro Valiente, “pero sí podemos prometer que ninguna familia enfrentará esta incertidumbre sola”.
La respuesta ha sido panlatina. Patria Sánchez, líder dominicana y presidenta de LULAC Evolución Boston, dijo que su organización haría lo que fuera necesario.

“Ahora, más que nunca, nuestros hermanos y hermanas venezolanos nos necesitan”, dijo. “Le pido a todos que se unan a esta gran causa, porque mañana pudimos haber sido nosotros”.
El desastre también llegó en medio de una renovada incertidumbre sobre el Temporary Protected Status (TPS). La gobernadora Maura Healey dijo que sus pensamientos estaban con las familias venezolanas preocupadas en Massachusetts, y calificó los esfuerzos federales por deportar personas a países como ese de “indignantes y repugnantes”.
Cómo la comunidad en Massachusetts ha ayudado y cómo seguir ayudando

El domingo 28 de junio hubo varios centros de acopio en Massachusetts para reunir ayuda destinada a Venezuela.
El Planeta estuvo en East Boston, donde más de 50 voluntarios trabajaron desde alrededor del mediodía hasta la noche. La jornada reunió no solo a miembros de la comunidad venezolana, sino también a personas de Medellín, Colombia, Perú y Panamá, que se sumaron para apoyar a las familias afectadas.
En Somerville, otro grupo de más de 60 voluntarios reunió alrededor de diez toneladas de insumos hasta la medianoche.
Para donar dinero
VAM, una organización sin fines de lucro 501(c)(3), abrió una campaña de ayuda. Puedes donar en línea o por Zelle a info@vamass.org. A través de "1 arepa por Venezuela", una donación de $5 a @carolicious424 va íntegra a VAM.