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Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, se han distribuido más de dos millones de porciones de sopa y guisos de pescado en Massachusetts. Algunas preparaciones siguen el estilo clásico de la sopa cremosa tradicional de Nueva Inglaterra, mientras que otras incorporan tomates, vegetales y especias más familiares para muchas familias brasileñas, latinas e inmigrantes.
Seth Rolbein, de Cape Cod Commercial Fishermen’s Alliance, asegura que esta iniciativa refleja especialmente la realidad de Cape Cod, una región con una fuerte presencia de familias brasileñas e inmigrantes.
Lo que comenzó como un esfuerzo local rápidamente se convirtió en una prioridad estatal para el Greater Boston Food Bank (GBFB), uno de los bancos de alimentos más grandes del país y la principal organización de alivio contra el hambre en Nueva Inglaterra, que distribuye más de 110 millones de libras de alimentos cada año en toda la región.
A través de la red estatal del GBFB, el programa “Small Boats, Big Taste” ahora llega a despensas de alimentos en todo Massachusetts —desde Cape Cod hasta Worcester, Springfield y el Merrimack Valley— mientras personas como Rolbein trabaja para asegurar que las comidas reflejen las tradiciones culturales de las comunidades atendidas.
“Si realmente queremos ser revolucionarios, entonces debemos unirnos y acabar con el hambre aquí y ahora”, dijo Catherine D’Amato, presidenta y directora ejecutiva del GBFB.

La inseguridad alimentaria continúa en aumento
Esta iniciativa surge mientras la inseguridad alimentaria sigue aumentando en todo Massachusetts.
El más reciente Informe de Acceso a Alimentos del GBFB encontró que, en 2025, la inseguridad alimentaria fue más del doble que en 2019, y que los hogares hispanos continuaron siendo los más afectados por sexto año consecutivo: un 63 % reportó acceso inestable o insuficiente a alimentos.
En Massachusetts General Brigham for Children, la gastroenteróloga pediátrica Dra. Lauren Fiechtner ha estado siguiendo estos cambios desde el inicio de la pandemia. Como asesora principal de salud e investigación del GBFB, ha ayudado a liderar estudios estatales que analizan cómo la inseguridad alimentaria está marcada por barreras persistentes, entre ellas el aumento del costo de vida, salarios desiguales, miedo y confusión en torno a los programas de asistencia pública y el acceso limitado a alimentos saludables.
“Sabemos que la comida saludable funciona”, dijo la Dra. Fiechtner. “El desafío es asegurarnos de que las personas puedan acceder a ella de una manera que se sienta digna, familiar y útil en su vida diaria".
Aun así, destacó que el sistema alimentario del estado se está adaptando cada vez más para responder a las necesidades reales de las comunidades. El GBFB ha institucionalizado el acceso a alimentos culturalmente relevantes mediante iniciativas como el Takeda Center for Community Health and Nutrition, anunciado este año con una donación de 4 millones de dólares para expandir la distribución de alimentos culturalmente apropiados.
“No les decimos a nuestros clientes qué tienen que llevarse”, explicó Cheryl Schondek, directora de operaciones del GBFB. “Si su comunidad quiere tomatillos, los conseguimos".
Actualmente, cerca del 30% de la distribución del GBFB ahora consiste en productos frescos, incluyendo pimientos, mangos, yuca, repollo y plátanos, reflejando tanto objetivos nutricionales como relevancia cultural.
Ese cambio, añadió la Dra. Fiechtner, es fundamental. “La comida nos conecta con nuestra infancia y nuestra cultura. Si alguien reconoce un alimento, es mucho más probable que lo consuma, y ahí es cuando la nutrición realmente importa".
Los productos frescos se distribuyen a través de los mercados móviles del GBFB, que obtienen alimentos mediante una red de agricultores y proveedores y los llevan a escuelas y espacios comunitarios en zonas de alta necesidad.
Abordar el ciclo de la inseguridad alimentaria
Según investigaciones del GBFB, la inseguridad alimentaria genera mayores costos en el sistema de salud al aumentar la dependencia de la atención de emergencia en lugar de los servicios preventivos. Una estimación estatal sitúa los costos relacionados en hospitales y emergencias para MassHealth en aproximadamente 1.6 mil millones de dólares.
Los profesionales de la salud describen un ciclo en el que los presupuestos limitados obligan a las familias a optar por alimentos más baratos y menos nutritivos, lo que contribuye a enfermedades crónicas y al aumento de los costos de atención médica, profundizando la inestabilidad.
Para abordar esto, el GBFB y Mass General Brigham han ampliado los mercados móviles, las despensas de alimentos en hospitales y las alianzas con organizaciones comunitarias como La Colaborativa en Chelsea, una ciudad de mayoría latina donde cerca de dos tercios de los residentes se identifican como hispanos o latinos.
El Greater Boston Food Bank organizó su evento anual de recaudación de fondos, Taste of the Food Bank, el jueves 14 de mayo en su almacén de South Bay Avenue, reuniendo a más de 400 líderes comunitarios, filántropos y chefs para la edición 2026.
“Todos merecen la oportunidad de tener una comida. Lo importante es poder ayudar, aunque sea de manera pequeña, de una forma que realmente pueda marcar la diferencia. Como chef latino, siento la responsabilidad de retribuir y contribuir en todo lo que pueda”, dijo Wilfredo Guerrero, chef de Saloniki Greek, durante el evento.

En total, el evento recaudó un récord de 1.17 millones de dólares, la mayor cifra obtenida en una sola recaudación en la historia del GBFB. Según D’Amato, estos fondos se utilizarán para la compra de alimentos y para sostener la amplia red de distribución de la organización, que atiende a cientos de miles de personas cada año.