Ron O’Hanley es chairman y CEO de State Street Corp. | FOTO: Cortesía / BBJ

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El éxito histórico mundial de Estados Unidos y su constante prosperidad se deben a muchas razones: nuestro tamaño, nuestra variedad geográfica y recursos naturales, el radicalismo democrático y la excelencia filosófica de nuestros documentos fundacionales, nuestras libertades de religión, expresión y prensa. En los primeros lugares de la lista debe aparecer también lo que aportan los inmigrantes.

Estados Unidos es una nación casi por completo construida a base de inmigrantes. Salvo los descendientes de los pueblos indígenas, todos somos inmigrantes o descendientes de ellos. La posición que ocupa Estados Unidos como nación más próspera y culturalmente diversa es una consecuencia directa de nuestros inmigrantes. La inmigración es de vital importancia para la economía de Estados Unidos y ha apoyado sistemáticamente nuestro crecimiento y competitividad a nivel regional y nacional.

Ronnie Millar es el director ejecutivo de Rian Immigrant Center. | FOTO: RIAN IMMIGRANT CENTER

Hasta hace poco, Estados Unidos ha evitado los retos demográficos que enfrentan la mayoría de los países europeos y Japón. A pesar del constante descenso de las tasas de natalidad en Estados Unidos, nuestra población y economía siguen creciendo gracias a la inmigración. China se enfrenta a una catástrofe demográfica y económica debido a su política de hijo único y a la ausencia de inmigración; y los economistas prevén una reducción del 40 por ciento de la población y de la economía de ese país para mediados de siglo. Los retos actuales que enfrenta Estados Unidos para cubrir puestos de trabajo reflejan que la inmigración neta ha sido casi nula mientras los Baby Boomers envejecen y se jubilan. Con vacantes laborales sin cubrir, la actividad económica disminuye, lo que amenaza nuestro modo de vida. Un horizonte con escasez de mano de obra cada vez mayor, envejecimiento de la población y disminución de las tasas de natalidad requiere de una política de inmigración sensata para garantizar la competitividad y la seguridad económica.

En Massachusetts viven más de 1,2 millones de inmigrantes de los cuales el 54,6 por ciento son ciudadanos estadounidenses naturalizados. El proyecto La nueva economía americana estima que tienen un poder adquisitivo de $37.300 millones y pagan impuestos por más de $15.000 millones cada año. Además, más de 77.000 son empresarios —desde pioneros de la tecnología hasta pequeños vendedores de arepas— y más de la mitad de los científicos de nuestro estado han nacido en el extranjero.

Dé un paseo por Boston. Se calcula que más de la mitad de los científicos de nuestro estado nacieron en el extranjero. Visite cualquier empresa de la plaza Kendall Square o del distrito financiero y comprenderá inmediatamente lo mucho que nuestra economía se beneficia de los inmigrantes. 

Sin embargo, muchos otros inmigrantes —los que tienen menos dinero o educación, o incluso, en algunos casos, una educación excelente, pero credenciales difíciles de transferir o conocimientos limitados de inglés— también contribuyen enormemente a nuestra economía, pero sin recibir un reconocimiento similar. Son nuestros trabajadores esenciales que limpian nuestros edificios, conducen nuestros autobuses, preparan nuestra comida, construyen y reparan nuestras casas, cuidan de nuestros hijos y nuestros ancianos, se ocupan de nuestros paisajes y satisfacen muchas otras necesidades esenciales. Sin embargo, en lugar de ser homenajeados, muchos viven en la pobreza. 

Los que carecen de estatus legal y permisos de trabajo —a menudo porque quedan atrapados en procedimientos de años para obtener asilo o una visa— sufren una marginación aún mayor. No sólo no pueden acceder a los programas de la red de seguridad, como Medicaid o SNAP, sino que ni siquiera pueden obtener el permiso de conducir, porque Massachusetts exige una prueba de presencia legal para obtener ese documento. Dado que los elevados costos de la vivienda han obligado a la mayoría de los inmigrantes de bajos ingresos a abandonar las comunidades con buen transporte público, el hecho de no poder obtener una licencia limita gravemente la capacidad de muchos inmigrantes para acceder a los servicios básicos para ellos y sus hijos, o para desplazarse hacia puestos de trabajos bien remunerados.

Este verano, la Legislatura de Massachusetts finalmente votó para poner fin a esa particular injusticia, aprobando la Ley de Movilidad Laboral y Familiar, que permitirá a los inmigrantes que puedan presentar la documentación adecuada solicitar una licencia de conducir, a partir del 1 de julio de 2023. Esta ley les permite moverse y ayuda a garantizar que los conductores estén debidamente formados, con licencia y asegurados, lo que ayuda a que las carreteras sean más seguras para todos.

A pesar de la sensata política de la ley, los grupos anti-inmigrantes rápidamente utilizaron desinformación para tratar de derogar la ley y lograron incluirla en la boleta electoral este noviembre, como Pregunta 4. A menos que una mayoría de los votantes de Massachusetts ratifique el voto de la Legislatura, este paso crucial hacia la dignidad y el bienestar de los inmigrantes y la seguridad vial para todos se revertirá  

Tenemos que dejar de considerar la inmigración como un espectáculo político y reconocer que es esencial contar con una política de inmigración sensata a largo plazo para garantizar la prosperidad económica continua de Estados Unidos. Necesitamos una solución bipartidista que reconozca el valor de la inmigración y trate a todos los inmigrantes con respeto y dignidad, al tiempo que proporcione fronteras seguras.

Aunque nos corresponde seguir presionando a nuestros funcionarios federales, no debemos mirar sólo a Washington. Hagamos el trabajo aquí, en Massachusetts. Esa labor comienza con el reconocimiento de la plena humanidad de todos los inmigrantes y refugiados, y de las contribuciones que hacen a nuestra mancomunidad, y dedicándonos a crear una sociedad en la que todos sean bienvenidos, valorados y tengan acceso al «sueño americano». Impulsar un cambio significativo y duradero en la reforma de la inmigración no será fácil: un buen comienzo es votar SÍ a la 4.

Ronnie Millar es director ejecutivo de Centro de Inmigrantes Rian. Ron O’Hanley es presidente y director general de State Street.

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