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Boston le debe un aplauso a quien ahora será su rival

La post temporada de 2004 estuvo marcada por los tablazos de David Ortiz y el tobillo sangrante de Curt Schilling, mientras los medias rojas pisaban fuerte hacia su primer anillo de Serie Mundial en casi 100 años.

Aquella celebración, sin embargo, no habría sido posible si un miembro de la reserva bostoniana no intenta una base robada en el noveno inning del cuarto juego de la Serie de Campeonato contra los Yanquis y Mariano Rivera.

Ese osado corredor pudo anotar desde segunda base la carrera del empate que forzó el extrainning, que permitió el jonrón de Big Papi en entradas adicionales y allanó el camino de la primera de ocho victorias que terminaron con la conquista del Clásico de Octubre y el fin de la Maldición de Babe Ruth.

Ese outfielder colgó los spikes en 2008, inicio en 2016 una carrera como piloto y estará nuevamente en el Fenway Park, esta vez al frente de los Dodgers, los campeones de la liga Nacional.

Es el manager Dave Roberts, que ahora viste de blanco y azul.

El rival de 2018 es el responsable de que haya habido fiesta en 2004. Algún aplauso merecerá de las tribunas, cuando su nombre sea anunciado por el sonido interno. Aunque luego toque abuchearle a él y a los visitantes.

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