Chris Sale fue a dar al hospital en la Serie de Campeonato contra los Astros, y los Medias Rojas se vieron obligados a adelantar el turno de David Price en la rotación, ante la debilidad que sentía el as de Boston.
Todo salió bien. Price amarró a Houston y echó las bases de la victoria que le dio a la tropa de Alex Cora el banderín de campeones de la Liga Americana.
Pero Sale no terminó en la sala de emergencias debido a una complicación estomacal u otra enfermedad. Ahora se sabe el verdadero motivo: una infección severa causada por el uso de un piercing en el ombligo.
Sí. Un piercing.
«Sufrí una irritación por causa de un arete», explicó este sábado el lanzador durante la práctica de los patirrojos en el Fenway Park. «La irritación fue causada por quitármelo y ponérmelo tantas veces. Me empezó la picazón y tuve que atenderme. Los doctores y las enfermeras fueron geniales. Ya saben, las cosas pasan».
No pocos periodistas dudaron sobre la versión del serpentinero y aseguraron, a través de las redes sociales, que quizás se trataba de una broma.
Ahora, ríen algunos, las cámaras apuntarán constantemente al estómago de Sale durante el primer juego de la serie Mundial, como ocurrió con la media ensangrentada de Curt Schilling en el clásico de octubre de 2004.