El corazón bostoniano de David Ortiz todavía palpita aceleradamente con las victorias de los Medias Rojas, sin importar que vista de traje y corbata, y haya sido contratado como analista de TV.
Big Papi ha vuelto a ser noticia en esta postemporada. Retirado en 2016, a los 40 años de edad, a pesar de haber sido en ese torneo el líder de la Liga Americana con 48 dobletes, 127 empujadas, .620 de slugging y 1.021 de OPS, hoy da saltos en la cabina de transmisión y hace mofa de los amigos que han defendido causas distintas. Literalmente.
Su primera víctima fue Alex Rodríguez, antiguo emblema de los Yanquis, con quien hizo una curiosa apuesta durante las Series Divisionales: dependiendo de quién ganara el duelo entre Boston y Nueva York, uno de los dos debería vestirse con los colores del club al que se opuso en sus tiempos activos y desfilar delante de las cámaras de FOX Sports.
A-Rod cumplió la penitencia. En un episodio jocoso, se puso los colores de los patirrojos y salió al estudio con una sonrojada sonrisa, mientras Papi daba saltos de júbilo a su alrededor y derramaba champán sobre su antiguo colega.
En Houston fue todavía más ruidoso.
Este martes, ante el Grand Slam que selló el triunfo de los dirigidos por Alex Cora sobre los Astros, saltó, gritó, abrazó a Frank Thomas, paseó eufórico delante de las cámaras y celebró como un fanático, de manera hilarante, la ventaja que tomó su ex divisa en la Serie de Campeonato.
Aunque está claro que no es ex. Sigue siendo la divisa de su corazón.