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Bajar de peso sí es posible para los latinos, y un entrenador local nos explica cómo

José Delvillar se mudó a Estados Unidos desde Baní, en República Dominicana, cuando tenía 9 años y trajo consigo esa debilidad por las delicias gastronómicas del Caribe: tostones, mangú, yuca frita, chicharrón, pasteles, buñuelos… “Comía mucha comida frita, porciones grandes, bebidas azucaradas y carbohidratos. Yo era activo y jugaba béisbol y fútbol americano, pero aún así toda la vida fui gordo”, cuenta José, quien años más tarde se dio cuenta de que la causa principal de su problema de sobrepeso era su alimentación.

Además de los evidentes riesgos para la salud física, el sobrepeso tiene también consecuencias serias en nuestras relaciones sociales y nuestra percepción de nosotros mismos. Cuando llegó a Boston, además de lidiar con aprender un nuevo idioma, hacer amigos y adaptarse a otra cultura, José también sufrió de bulling porque era gordito: “me decían ‘fat boy’, me costó socializar porque me sentía aislado. Me miraba en el espejo y a veces hasta lloraba. También me daba miedo hablarle a las personas, porque era muy inseguro de mí mismo. Me levantaba triste y enojado, irritable, no tenía paciencia para nada. Yo creía que nunca podría cambiar”.

Después de sufrir una lesión en un pie, y que el médico le dijo que la razón era el sobrepeso, José se determinó a cambiar su estilo de vida, y se dio cuenta de que sí se puede. Primero cambió su dieta y comenzó con vídeos en Youtube, que le enseñaron rutinas de ejercicio que practicaba en el patio de su casa. Después se apuntó a un gimnasio comunitario. En 12 meses, pasó de pesar 300 libras a pesar 180.

Hoy en día es otra persona: no sólo físicamente sino también es alguien seguro de sí mismo, quien además encontró su verdadera vocación: ayudar a otros a mejorar su condición física y cambiar su estilo de vida a uno más balanceado y saludable. “He aprendido muchísimo sobre mi propia dedicación y lo bueno que se siente estar en forma y en un peso adecuado para mi”, confiesa José, quien se convirtió en entrenador profesional y trabaja en el gimnasio comunitario de Roxbury Tenants of Harvard, en Boston.

Lo cierto es que sin salud no hay nada, y más vale tomarse esto en serio antes de que sea demasiado tarde. Los latinos tenemos más tendencia a ser pobres y tener poca capacidad de ahorro en comparación con los blancos, lo cual nos obliga a trabajar demasiado, y con este estilo de vida, es fácil acabar padeciendo enfermedades crónicas y dejar de funcionar.

En resumidas cuentas, esta es la lista de recomendaciones que hace José a los latinos para que logren estar en forma y mejorar su calidad de vida:

-Dejar de pensar que no es posible. Cuando tienes la determinación, puedes lograr bajar de peso sin necesidad de operarte o ingerir bebidas quema grasa.

-Comenzar es lo primero. Es bueno hacer aunque sea con diez o veinte minutos de ejercicio 3 a 4 veces por semana, e ir aumentando gradualmente.

-Ser constante y perseverante. El cambio llega, pero hay que trabajar en él.

-No es necesario inscribirse en un gimnasio. Hay ejercicios de todo tipo y para todos los gustos. Escoge uno que te guste.

-Puedes comenzar subiendo las escaleras todos los días en lugar de tomar el ascensor, o estacionar el carro más lejos para obligarte a caminar más.

-Si una persona no tiene tiempo o dinero para inscribirse en un gimnasio, puede comenzar en la casa. La tecnología nos conecta con cientos de vídeos en Internet con rutinas para todos los gustos y niveles.

-Comer vegetales y frutas tres veces al día todos los días

-Disminuir la cantidad de alimentos fritos y carbohidratos

-Eliminar por completo las bebidas azucaradas, como sodas y jugos artificiales

-Tomar 2 litros de agua al día

-Reducir las porciones. Después que se está saciado, es bueno parar de comer.

-Vigilar las horas. No es recomendable ingerir alimentos azucarados o fritos en la noche, porque ya no hay cómo quemar esas calorías

-Es posible darse un gusto de vez en cuando, pero con moderación

-Dormir suficiente, se recomienda mínimo unas 7 horas.

-Cuida tus skacks: en vez de comerte un trozo de pastel, ingiere una fruta, yogurt o un puñado de nueces.

-Desayunar bien y cenar menos cantidad

Ser inmigrante en Estados Unidos puede llegar a ser agotador: aprender un idioma, adaptarse a una nueva cultura, tramitar los papeles de inmigración, lidiar con el invierno, con la soledad, conseguir empleo, navegar el sistema crediticio y el sistema educativo, mantener a la familia, pagar las cuentas del mes…Todos estos son asuntos que ocupan nuestra cotidianidad. Por esta razón es muy fácil dejarse llevar por un estilo de vida en el que el trabajo es lo más importante, y dejar de lado otros aspectos como la alimentación o el ejercicio.

“Yo comía cosas fritas después de las 10 de la noche, bebía muchas sodas y bebidas azucaradas, mis porciones eran grandes, los dominicanos hacemos 3 ó 4 platos por comida e ingerimos muchos carbohidratos y cosas fritas”, explica. De hecho, estos hábitos alimenticios son incluso peores en Estados Unidos, y si a esto le añadimos las gigantes porciones que se sirven, tenemos un cóctel venenoso.

Por último José recomienda a los padres con niños que les inculquen desde pequeños el hábito de la buena alimentación y el ejercicio. “Yo creo que es una de las mejores enseñanzas que les pueden dejar a sus hijos, porque los problemas que vienen con la obesidad no son solo cuestión de imagen. Son de autoestima, de salud, de bienestar, y todos los padres lo que quieren es que sus hijos sean felices”.

Para más información o preguntas para José, llame al 617-645-9001.

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