Sólo dos candidatos (un republicano y un demócrata) llegarán al final. Ambos serán consagrados formalmente candidatos en sus respectivas convenciones partidarias a fines de julio (el 21 los republicanos, en Clevaland, y el 28 los demócratas, en Filadelfia).

El proceso de selección de candidatos además de extenso es complejo. Cada partido tiene en cada estado una cierta cantidad de delegados que los representarán en la convención nacional del partido, donde es la designación formal del candidato de ese espacio. En las primarias y en las asambleas electorales (llamadas «caucus»), los votantes eligen a qué aspirante van a apoyar esos delegados. Cada estado establece sus propias reglas y calendario electoral.

El número de delegados de cualquier estado para la convención nacional se calcula con una fórmula que cada partido establece y que incluye variables como la población del estado y el número de funcionarios elegidos y dirigentes del partido procedentes del estado que ocupan cargos públicos.

Por la fórmula que utilizan los demócratas, a sus convenciones nacionales asiste casi el doble de delegados que a las de los republicanos. Este año, se espera que haya un total de 4764 delegados en la convención demócrata y 2472 en la republicana. Como el candidato elegido necesita la mitad más uno de los delegados, el futuro candidato demócrata deberá ganar al menos 2383 apoyos y el republicano, 1237.

Otra diferencia entre ambos partidos es que los republicanos dejan a decisión de los votantes la elección de todos los delegados, mientras que en el caso de los demócratas, sólo deciden a quiénes apoyará el 85% de los delegados del partido. El 15% restante son los denominados «superdelegados», figuras prominentes del partido que acceden de manera automática a la convención nacional, que no están obligados a comprometerse a votar a ningún candidato.

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