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Desde que era un adolescente viviendo en Colombia, Gregorio Uribe había escuchado de Berklee, la prestigiosa universidad de música ubicada en el corazón de Boston. El talentoso joven quería llevar su pasión por la música más allá, y eso lo motivó a conocer Berklee inscribiéndose en un curso de verano cuando tenía 16 años. Esa experiencia marcó el futuro del bogotano, quien obtuvo una beca que le permitió regresar a la institución académica para comenzar su educación universitaria.

Durante su estadía en Boston, Uribe se ganó un sitial entre los fanáticos de los ritmos latinos gracias a su orquesta. Como líder de la Gregorio Uribe Big Band, el joven puso a bailar a cientos de personas con ritmos de cumbia, funk, y magistrales arreglos.

El músico, que tiene 26 años de edad y reside actualmente en Nueva York, conversó con El Planeta sobre su nuevo álbum como solista, y el concierto que ofrecerá hoy en el Regattabar de Cambridge para celebrar el lanzamiento de ese álbum.

– Viviste cinco años en Boston y ganaste reconocimiento en la escena local, ¿Cómo lo lograste?

– Cuando estaba en Boston me enfoqué mucho en la música de Colombia. En el área de Boston no había mucha gente haciendo música colombiana y eso me llevó a encontrar muchas oportunidades de conciertos y presentaciones.

Fue también en Boston en donde formé la orquesta. Justo una semana después de graduarme de Berklee realicé el primer concierto en vivo como Gregorio Uribe Big Band. La música y el espectáculo que resultó de coordinar y poner en el escenario a los 16 músicos que el público apreció en ese concierto, fue el fruto de un año de trabajo. Pues en mi último año como estudiante ya venía planeando qué hacer cuando termine la universidad y hacia donde iba mi carrera, y decidí que quería formar una orquesta.

Desde ese entonces la orquesta ha sido y es mi enfoque principal y también representa un gran reto ya que consta de 16 músicos. Al involucrar a tanta gente, es más complejo grabar y producir canciones.

-¿Qué te motivó a mudarte a Nueva York?

-Es evidente que hay ciudades en Estados Unidos donde la industria de la música se mueve de una manera más fuerte. Cuando eres estudiante, comienzas a pensar cuál será la ciudad idónea para desarrollar tu estilo de música, y mis opciones con la música latina eran Miami, Los Ángeles, y Nueva York. Creo que hubo una conexión instantánea con Nueva York, esa ciudad me fascinó porque la gente tiene la cabeza abierta a nuevas tendencias y reciben con los brazos abiertos música de todas partes del mundo. [Nueva York] es una ciudad en la que gustan los tambores, el ritmo, donde hay mucha influencia del jazz.

-Pero en Boston tenías un público aseguradoÂ…

-Hubo un poco de miedo porque sí pensé «bueno, ya estoy aquí en Boston cómodo», pero conté con mucha suerte apenas me mudé a Nueva York. Una red de amigos músicos y amigos en otras áreas me ayudaron mucho en mi nueva ciudad, y desde las primeras presentaciones que hice tuve bastante acogida del público.

-¿Se le dificulta a la orquesta tocar en vivo con frecuencia?

-Lo que hace difícil que nos presentemos con frecuencia como Gregorio Uribe Big Band, es lo que hace al proyecto único. Por ser 16 músicos no es fácil, por ejemplo, armar una gira y viajar, pero por ser diferentes a otras propuestas musicales obtenemos apoyo de varios establecimientos y promotores. En Nueva York, donde estoy viviendo, tenemos con la orquesta una residencia una vez al mes en Zinc Bar, un bar en el área de Greenwhich Village que se ha enamorado del proyecto. Esto es un gran logro en una ciudad como Nueva York, ya que en la Gran Manzana hay competencia intensa de muchos músicos que tratan de obtener un espacio en un escenario.

-El nuevo álbum «Pluma y Vino» es un trabajo acústico en el que no aparece la orquesta ¿Qué te llevó

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