Los republicanos piensan que Marco Rubio es como un elixir mágico que puede curar instantáneamente todos sus males.

¿Y cuál es este mal? Es el hecho de que muchos latinos –especialmente los mexicanos y mexicano-americanos que representan más de dos tercios de la población hispana– consideran que el Partido Republicano es hostil a su presencia en los Estados Unidos.

Además, un reciente estudio de impreMedia y Latino Decisions halló que casi tres de cada cuatro electores latinos consideran que los republicanos son o bien indiferentes hacia los latinos o abiertamente hostiles.

No sé qué es peor –que el presunto candidato presidencial del Partido Republicano, Mitt Romney, haya sido tan infatigable en alienar a los latinos o que sus defensores respeten tan poco a este electorado como para pensar que Romney podría arreglar las cosas rápidamente al convertir a Rubio en su compañero de fórmula.

Me sorprende hasta estar hablando de esto. Rubio tiene aproximadamente la misma experiencia para ser Vicepresidente que Barack Obama tenía para ser Presidente –que es muy poca. Y miren lo bien que salió eso. De hecho, los republicanos están tan seguros de que el país se equivocó en elegir a alguien tan joven y sin experiencia ¿que ahora están pensando en poner en la fórmula a alguien que es aún más joven y con menos experiencia?

Incluso si Rubio fuera a convertirse en el candidato vicepresidencial republicano, sólo el 13% de los latinos expresó que ese hecho haría «mucho más probable» que ellos votaran por la fórmula republicana. Sólo para el 11% sería «un poco más probable». El 46% dijo que «no tendría efecto» en su voto.

Sin embargo, consideremos lo siguiente: el 10% de los latinos dijo que colocar a Rubio en la fórmula haría, en realidad, «mucho menos probable» que ellos votaran a los republicanos. Es una porción considerable del electorado para sacrificarla de entrada, especialmente tratándose de un electorado al que se está intentando atraer.

Rubio, la estrella del Partido Republicano, se ha desempeñado en el escenario del Senado nacional, sólo por un año. ¿Qué podría haber hecho mal? Bastantes cosas, en realidad.

Pareció cobarde cuando se asoció con el representante Lamar Smith, de Texas, para co-patrocinar una ley que requeriría que todos los empleadores utilicen el programa del gobierno federal E-Verify –que se supone que determina cuáles son los trabajadores habilitados al confirmar sus números del Seguro Social– sólo para que después Smith cediera a los intereses empresariales al conceder extensiones sobre el requisito y propusiera legislación adicional para traer trabajadores extranjeros.

Rubio pareció ser un chaquetero cuando se pronunció a favor de la dura ley migratoria de Arizona, después de haberse pronunciado contra ella, y pareció un abogado ignorante de la ley cuando una serie de jueces federales anuló porciones de esa medida.

Pareció cruel cuando se opuso a la Ley DREAM, que hubiera brindado a los indocumentados una categoría legal si asistían a la universidad o se incorporaban a las fuerzas armadas, y pareció deshonesto cuando despreció la ley como una amnistía, cuando en realidad es un quid pro quo.

Más recientemente, pareció tonto cuando colocó a sus padres en un pedestal denominándolos «exiliados» cuando, en realidad, vinieron a los Estados Unidos antes de que Fidel Castro asumiera el poder, por lo que son inmigrantes después de todo.

Son errores que muchos latinos no se olvidarán tan fácilmente.
A Rubio probablemente le iría bien con los cubano-americanos, pero los republicanos recibirían la mayoría de esos votos de todas formas. No será de tanta ayuda para propagar el mensaje del Partido Republicano entre otros latinos, que podrían representar 12 millones de electores en noviembre, según estima la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Nombrados.
Algo que el equipo de Romney debe recordar mientras corteja a Rubio para que traiga los votos

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