Sé que hay formas más delicadas de expresarse. Quizás la más burda es decir que Joe Arpaio, el sheriff del condado de Maricopa de Arizona, es un infeliz. Otras descripciones sonarán mejor pero no son menos categóricas: un animal feroz y un infame truhán. Escoja usted la expresión que le plazca.

El Departamento de Justicia, en un estudio que tardó unos tres años en completarse y que sintetiza en 22 páginas centenas de entrevistas, estableció la semana pasada que Arpaio (ortografía alternativa: Felaio) ha establecido una atmósfera de intimidación e intolerancia en su jurisdicción, donde viven 3.8 millones de personas, específicamente contra la minoría latina.

A estas alturas la conclusión no sorprende ni a los ingenuos. Sabíamos desde hace tiempo que el sheriff extremista, conocido como «AmericaÂ’s Toughest,» que se defiende como un tonto inocente argumentando que tiene una nieta adoptiva de herencia mexicana, se sirve del miedo, la bravata y el terror para denigrar a los que son indocumentados y asimismo a los que no lo son pero que tienen pinta de mestizos. Es decir que le gusta el café negro pero no el café con leche.

Una de las preguntas centrales es, ¿por qué tardó el Departamento de Justicia tanto tiempo, ni hablar de la inversión financiera y de tiempo y energía, en deducir lo que el resto de nosotros ya sabíamos? Maricopa desgraciadamente es un emblema de una campaña nacional que desprecia la hispanidad como una manifestación de idiotez, pereza e indigencia. Arpaio es un campeón entre los infaustos, aunque como él hay muchos. Un país como éste que se jacta de sus raíces democráticas y pluralistas destila, de manera solapada en algunas regiones y abierta en muchas otras, un racismo pestilente afincado en nuestras fibras socioculturales. ¡Basta de sandeces!

Arpaio el destructor debe renunciar. Otra pregunta capital tiene que ver con su contexto. El hecho de que el bribón siga en su cargo a pesar de su récord y su edad (tiene 79 años) es prueba de que en Arizona el odio es un acto común y corriente. Si las masas se organizan en Egipto, China, Tunes, Rusia, si el movimiento de Occupy Wall Street demuestra su perseverancia a nivel mundial, ¿por qué de la gente de Arizona no se oye un pío? ¿Acaso ha sido anestesiada? ¿Hasta cuándo aceptará al repugnante Arpaio como uno de sus líderes prominentes?

Habrá, repito, formas menos ofensivas de comunicarse. Decir, por ejemplo, que Arpeio es un delincuente que tiene al estado coartado. Pero este sheriff no amerita el recato. El lenguaje no tiene por qué rendirle pleitesía. Se merece la ignominia, que se mide en su falta de humanidad.

Obliguemos al Departamento de Justicia a actuar tajantemente. Y despertemos a nuestros conciudadanos de Arizona, recordándoles–no cabe duda que lo necesitan–que la democracia empieza y termina con una palabra monosilábica: NO.

Ilan Stavans es un autor y profesor mexicano. Titular de la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College. Su e-mail es: ilan@elplaneta.com

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