BARCELONA (AP) – La Barcelona de las postales –la ciudad de Gaudí, las Ramblas, el Camp Nou y la buena comida– convive con otra Barcelona menos conocida, más lúgubre, una urbe donde abundan las prostitutas, los carteristas y el descontento social.

Ese rostro oculto de la ciudad preocupa a las autoridades municipales, que reaccionaron airadas cuando salió a la venta una colección de botones turísticos que refleja precisamente la otra cara de Barcelona.

Con atractivos como la Sagrada Familia y las demás obras del arquitecto Antonio Gaudí, el paseo de Las Ramblas, los Juegos Olímpicos de 1992 y su cocina de vanguardia, Barcelona es uno de los sitios turísticos más importantes del mundo.

Por si eso no bastase, el club Barcelona atraviesa por un período dorado con estrellas fulgurantes como Lionel Messi, Xavi y Andrés Iniesta, que han convertido a su estadio Camp Nou en la nueva catedral del fútbol y sitio de peregrinaje para los aficionados al deporte.

Sin embargo, una inocente colección de botones, llamada burlonamente «Enjoy Barcelona» (disfruta de Barcelona), sacó a la luz una visión de la ciudad menos conocida y alentó a mucha gente a ventilar sus frustraciones con el estado de cosas en la ciudad.

Margalida Montoya y Arcadi Royo, dos arquitectos locales que también ejercen como diseñadores, sacaron a la venta media docena de pins en blanco y negro con siluetas altamente reconocibles por cualquier vecino del centro histórico: la pose de una prostituta arrimada a un coche, la estampa de un vendedor ambulante de latas de cerveza, la carrera de un ladrón de bolsos.

La que quizás hirió más profundamente la sensibilidad de las autoridades fue la imagen de un agente antidisturbios que golpea a un manifestante indefenso. Se trató de una postal conmemorativa del movimiento del 15-M, que el 27 de mayo pasado congregó a miles de ciudadanos «indignados» en la céntrica Plaza Cataluña para expresar su descontento con los sistemas político y financiero, y quienes fueron desalojados en violentas cargas policiales, saldadas con más de un centenar de heridos.

«Quisimos hacer unos objetos con algo más de calidad que los ‘souvenirs’ que nos encontramos por la ciudad», dijo la arquitecta Montoya, de 34 años. «Quisimos mostrar la Barcelona que la gente de aquí vivimos a diario, con sentido del humor, autocrítica y quizás un poco de cinismo, pero siempre con mucho respeto. La respuesta del ayuntamiento ha sido muy desafortunada».

Esa respuesta fue tajante: prohibió la venta de los pins en dos locales de la cadena de librerías La Central que funcionan en predios municipales y les abrió un expediente, aduciendo que los pins constituían una «incitación al incivismo». Aludía a actitudes como el consumo de alcohol en las calles, orinar en la vía pública, las ventas ambulantes y las peleas callejeras.

«Nos llamaron un lunes, y el martes los retiramos», dijo Antonio Ramírez, director de La Central. «No consideramos que los pins sean una incitación al incivismo, sino una representación de un fenómeno que es un hecho y que para nosotros tenía sentido en cuanto a objeto crítico, con ese valor de viñeta humorística».

Los botones continúan a la venta en otras sucursales que no ocupan locales en predios del ayuntamiento. Las ventas no son grandes. Hasta principios de noviembre se habían vendido unos 2.000, mayormente a residentes de la ciudad con un espíritu crítico más que a turistas.

De todos modos, las autoridades preferirían no ver esos botones en las calles. «No es la imagen de Barcelona que queremos dar: la de una persona en el suelo con un policía encima pegándole», se limitó a decir el viceacalde Joaquím Forn en su último balance, en el único pronunciamiento público conocido de un funcionario.
Pese a reiterados intentos mediante llamadas telefónicas y correos electrónicos, ningún funcionario municipal de alto rango aceptó hablar del tema con la Associated Press.

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