El robo a mano armada, los secuestros y los asesinatos son frecuentes en Venezuela y los sondeos muestran que los ciudadanos consideran la delincuencia como el problema más grave del país.

Pero la notable recurrencia de esos crímenes en contra de jugadores de béisbol confirma que ni siquiera los otrora intocables ídolos deportivos están a salvo del crimen.

El secuestro del cátcher Wilson Ramos es apenas la punta del iceberg de lo que sucede en Venezuela, ya que su caso es apenas uno de muchos.

«Nos roban, nos matan, nos secuestran y en la mayoría de las veces no se hace justicia», se quejó Manuel Meza, un estudiante de 23 años.

Ramos, considerado una de las grandes promesas de los Nacionales de Washington del béisbol de Grandes Ligas, fue secuestrado la semana pasada por un grupo de hombres armados desde la casa de sus padres en el estado central de Carabobo, a unos 150 kilómetros al oeste de Caracas.

Las autoridades desplegaron un grupo elite para buscar al beisbolista, y fue liberado a las 9:58 de la noche del viernes, casi 53 horas después que fue secuestrado.

«El estar a un solo paso de la muerte es algo que te cambia la vida, es algo no se puede olvidar», declaró el cátcher. «Nunca pensé que pasaría por algo así».

En la operación de rescate fueron detenidos cuatro plagiarios «que participaron directamente en el secuestro» y otras dos personas que se encargaron de su custodia y alimentación, dijo el ministro de Interior y Justicia, Tareck El Aissami. Entre los seis detenidos hay una mujer.

EN LA MIRA

En Venezuela, cuna de decenas de jugadores del béisbol de Grandes Ligas, las familias de varios deportistas adinerados han sido víctimas del hampa.

Muchos de ellos de origen humilde, los deportistas han tenido que contratar guardaespaldas, blindar vehículos Â-un negocio que se ha cuadruplicado en los últimos cinco añosÂ- y hasta dejar de visitar a sus familiares que todavía viven en zonas pobres.

«Hay que tener mucho cuidado, no podemos facilitarle las cosas a los delincuentes», comentó el inicialista Jesús Guzmán de los Leones del Caracas, uno de los clubes más populares del país.

«Lo triste es que ya ni siquiera podemos ir… a las casas de familiares por miedo», agregó.

Ramos es el primer jugador de las mayores que es secuestrado, un hecho impensable antes en Venezuela, donde el béisbol es el deporte rey.

«Los peloteros antes podían estar por la calle y nadie se metía con ellos, eran como dioses. Ahora como el resto de los venezolanos sufren el ser víctimas de gente sin escrúpulos», apuntó Wladimir González, un comerciante jubilado de 73 años. «Por robar una prenda o un teléfono le dan veinte tiros a cualquiera».

La organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) ha dicho que entre 1998 y el 2010 la tasa de homicidios casi se triplicó al pasar de 19 a 57 homicidios por cada 100,000 habitantes, lo que convierte al país en uno de los más violentos de la región.

Los secuestros, en tanto, se incrementaron de 52 en 1998 a 618 en 2009.

El número real es al parecer mayor, pues muchas de las personas afectadas no los denuncian debido a temores por su seguridad y la desconfianza que tienen de la policía. De acuerdo con estadísticas oficiales, agentes están involucrados en alrededor de 20% de los delitos, particularmente secuestros y asesinatos.

En junio de 2009, el gobierno para desalentar el secuestro elevó hasta 30 años las penas de prisión por ese delito, el doble que antes.

Rafael Oscar Pérez, director de la oficina de las ligas mayores para América Latina, manifestó que no cree que el hecho afecte los vínculos de ese organismo con el béisbol invernal.

«No creo que este caso afecte el béisbol invernal porque lo que pasó con Ramos fue en su casa. Es algo que va más allá de eso, es un problema social que está afectando a Venezuela en este caso particular», enfatizó.

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