Difícil sobreestimar el impacto de steve Jobs en nuestro ámbito social. la ubicuidad de la computadora personal, la diseminación de la información, el diseño estético, nuestras conversaciones, el entretenimientoÂ… empatarlo con Copérnico acaso sería arriesgado, aunque no irresponsable. nos obligó a repensar el universo.

Su visión es un producto del San Francisco de los 60s, donde la contracultura hizo de la revolución adolescente una moda. Sus padres biológicos (uno de ellos estudiante graduado, de extracción siria) lo dieron en adopción a una familia que dependía de las finanzas y los bienes raíces. Su pasión por la electrónica es producto de la relación con un vecino que la tenía como hobby.

Jobs asistió a Reeds College, en Oregón. Abandonó los estudios porque sus padres casi no tenían dinero para la colegiatura y porque el régimen escolar limitaba su imaginación. Por un tiempo vivió de la beneficencia ajena, durmiendo en sofás y recolectando envases en los basureros para comer.

En su garaje, fundó, junto con su amigo de adolescencia Stephen Wozniak, la compañía Apple. Si bien no fue suya la idea el ordenador contemporáneo, fue Jobs quien la popularizó. Es imposible imaginarnos sin dicha herramienta, que bien puede considerarse una extensión del cerebro humano.

Luego de una serie de riñas con Apple, abandonó la compañía. Fundó otras empresas, ninguna de ellas particularmente exitosa (por ejemplo, NeXT, Inc.), aunque sus efectos son igualmente asombrosos. Tim Berners-Lee usó una de sus máquinas en un laboratorio suizo en 1990 para desarrollar lo que pronto se convertiría en el Internet.

Su ambición, su empuje, su perseverancia eran leyenda en la compañía. Basó sus decisiones comerciales en puro instinto. En una ocasión, al lanzar el iPad al mercado y vender millones de unidades, alguien le preguntó qué investigación hizo él o la compañía de lo que buscamos los clientes. «Ninguna», respondió Jobs. «El cliente nunca es quien decide lo quiere».

A George Lucas, el director de la serie cinematográfica Star Wars, le compró una pequeña compañía llamada Pixar, cuyo objetivo era hacer películas animadas por computadora. En 1995, la compañía, junto con Walt Disney, hizo Toy Story. Desde entonces la pantalla de celuloide no es la misma.

Jobs hizo de Silicon Valley una meca tecnológica.

Los otros dos polos del país actualmente son Nueva York, la billetera; Washington, el timón político; Nueva Inglaterra, el intelecto; y Hollywood, la industria del escapismo. Él hubiera podido reubicarse en algún lugar, abandonar San Francisco, pero la mudanza no le interesó. El arte de los negociosos, para él, era una aventura del espíritu en la que triunfar no solamente radica en acumular dinero (su esposa e hijos heredaron una fortuna de billones) sino en cambiar las leyes del juego. Gracias a él, la palabra juego tiene hoy una connotación nueva.

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