Eran más de 200,000 voces unidas en un solo grito, en inglés y en español: «Sí se puede». En su gran mayoría hispanas, las voces clamaban, «Â¿Hasta cuándo?» La explanada del National Mall de Washington, DC, famoso escenario de históricas marchas y protestas como la de los derechos civiles en los años 60, lugar donde Martin Luther King, Jr., dio su popular discurso «I Have a Dream», fue el sitio donde el domingo 21 de marzo se convocó a la Marcha por América, un acto sin precedentes en el movimiento por la reforma migratoria.

Eran ríos y ríos de gente, provenientes de todos los rincones del país. Familias enteras, inmigrantes indocumentados y documentados, niños y estudiantes, todos portando pancartas coloridas que lo decían todo: «Obama cumple tu palabra». «Obama don’t separate my family. Please stop raids. We want to be free». «Justicia ahora». «Immigration reform 2010. If not now, when?» «You promised us change. When are we going to see it?» «Latinos unidos jamás seremos vencidos». «We have a dream too.» «We make America strong.» «How would you feel if they took your mom away?» En el ambiente casi se podía tocar el sentido de lucha y esperanza, una intensa energía que solo pueden emanar 200,000 personas que a diario viven en carne propia las consecuencias de la inmigración indocumentada de cientos de maneras diferentes: ya sea porque han vivido la deportación de un ser querido, o porque no han visto a su madre o a su padre en años, todo por no poder salir del país.

Desde la 1:00pm, en la tarima principal desfilaron ante la multitud un sinfín de políticos, legisladores, personalidades de medios, miembros de órdenes religiosas, activistas comunitarios, y hasta un grupo de indocumentados de Maryland que portaba brazaletes electrónicos pues precisamente días atrás habían sido detenidos en una redada en su lugar de trabajo. Todos fueron enérgicos al transmitir la urgencia de una reforma migratoria, mientras que en esos precisos momentos se efectuaba en el Capitolio, a escasas cuadras del lugar de la marcha, el histórico voto sobre la Reforma al Sistema de Salud norteamericano.

Nuestro estado, por supuesto, no podía faltar a esta cita tan importante en la lucha por los inmigrantes. La Coalición por la Defensa de los Inmigrantes y Refugiados en Massachusetts (MIRA, por sus siglas en inglés) proveyó de autobuses para el traslado hacia la capital del país. De acuerdo a estimaciones de MIRA, aproximadamente 1,000 personas del estado participaron en la marcha.

«No muchos tienen la valentía de venir», me comentó momentos después de llegar al National Mall María Useda, residente de Roxbury y empleada de la Agencia ALPHA (Alcanzando Logros para Hispanos Ahora) de Boston. «Sólo costaba $15 el viaje, nada caro, pero el temor de posibles redadas mantuvo a muchos en casa».

María, al invitar a muchos de los miembros de su agencia a asistir a la marcha, se dio cuenta de ese miedo latente que mantiene en las sombras a los indocumentados. «Son en su mayoría centroamericanos, trabajan en limpieza de hospitales y oficinas, pero tienen miedo de ser deportados», dijo.

Es justamente ese valor – tan latente en la marcha – lo que ultimadamente logrará el cambio tan esperado para los inmigrantes. El periodista Geraldo Rivera me comentó después de su intervención ante l

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