By Felicitas Baruch
En sus propias palabras, Johnny Díaz es un cubanito en Beantown, el pueblo de los frijoles, como se le conoce a Boston. Y ninguna otra descripción podría reflejar mejor la singular combinación que conforma la personalidad de este periodista nacido hace 36 años en Miami, en el seno de una familia cubana.

La calidez de sus raíces cubanas y su soleado Miami contrastan con la frialdad de Boston, la ciudad que ha elegido como su segundo hogar.

De la misma manera que su nombre en inglés -Johnny – contrasta con su apellido español, o que su piel bronceada y su cabello negro contrastan con las melenas castañas y las pieles pálidas de Massachusetts.

Díaz definitivamente sabe de contrastes, pero no los evita; por el contrario, los ha convertido en parte de sí mismo: su sello distintivo.

Siendo un hombre de contrastes, nadie mejor que Díaz para hablar de ellos, y eso precisamente hace en «Beantown Cubans», su tercera novela sobre el amor, la amistad y los problemas que dos jóvenes homosexuales de origen hispano enfrentan en sus vidas diarias teniendo como escenario a Boston.

«Yo creo un diálogo sobre ser gay y ser latino», dice el autor, quien lamenta que aun no se hable lo suficiente al respecto en los medios en español. «Es un tabú muy grande en la comunidad latina. Quiero que mis lectores jóvenes puedan ver a alguien como yo y que tengan otros ejemplos, que sientan que no están solos».

Aunque para muchos latinos resulta difícil hablar de las preferencias sexuales entre el mismo sexo, no lo es para Díaz, y así se deja sentir en «Beantown Cubans», donde los personajes principales – dos jóvenes profesionistas de origen cubano – exponen sus temores, problemas y vidas de la misma manera que lo hacen dos amigos: con un lenguaje actual, plagado de referencias culturales pop. «Escribo los libros que me hubiera gustado leer cuando estaba en la universidad o en mis veintes, y ahora quiero traer esto a jóvenes latinos», dice el periodista, quien espera que sus libros contribuyan a abrir la escena de los medios de comunicación, ya que, «mientras más ejemplos haya, mas fácil será hablar de ello», explicó.

Hasta ahora, apunta Díaz, son pocos los autores que exploran el tema de la homosexualidad entre latinos de manera natural, y se siente orgulloso de que sus novelas contribuyan a abrir ese mercado y sobre todo, a romper estereotipos que existen al respecto.

«En mis novelas muestro que los gay también pueden ser masculinos, y que tienen los mismos problemas que todos los demás», dice el autor, al explicar que sus personajes tienen mucho de sí mismo, en especial Tomás Pérez, un periodista de origen cubano que busca el amor explorando Boston al lado de amigos entrañables que comparten su nostalgia por sus raíces hispanas; así como sus temores e inquietudes, y a quien el propio Díaz se refiere como su «alter ego». El periodista señala que, al igual que sus personajes, ha tenido que enfrentar la defensa de sus preferencias sexuales en una sociedad «homofóbica», al haber nacido en una tradicional familia latina, con un padre y tíos a los que describe como «machos».

«Para muchos no es fácil salir. La parte más difícil es que tus padres lo acepten», dice Díaz, quien se siente agradecido con sus padres por apoyarle, aunque admite que el proceso no fue fácil. «Les tomó un par de años aceptarlo, sobre todo entender que no te vas a casar y a tener hijos», señala al recordar el capitulo que atravesó al revelar su homosexualidad a los 16 años.

Pero el escritor también comparte con sus personajes la nostalgia por sus raíces y la buena

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