Los críticos conservadores de la nominación de la juez Sonia Sotomayor a la Corte Suprema han difundido declaraciones de ella sobre cómo sus experiencias personales influyen en su toma de decisiones, y la han acusado de racismo y activismo judicial.
Tales críticos revelan una total falta de conciencia en sí mismos. Todos somos – incluyendo a los jueces – el producto de nuestras experiencias. Negarlo es uno de los mitos más desafortunados de nuestro sistema judicial.
No estoy segura cómo o cuándo la legitimidad del sistema judicial se comprometió al conferirles cualidades de semidioses a los jueces. ¿Es porque el público necesita creer que los individuos que tienen un poder extraordinario sobre sus vidas e intereses propios cuentan con características sobrehumanas? ¿O es esto una noción perpetuada por la judicatura para legitimar su autoridad? Independientemente de la razón, es una plataforma mal infundada e irracional para ejercer la autoridad judicial. Y es que nada pudiera estar más lejos de la verdad.
Los jueces son meros mortales, manejan las mismas cuestiones y problemas que todos los demás y ellos toman decisiones judiciales justo como la gente ordinaria toma decisiones – bajo la influencia de sus valores y experiencias de vida. La condición humana de los jueces es una realidad que debe ser bienvenida y no negada.
Aquellos que se sientan a juzgar a otros deben entender la condición humana y esto requiere un profundo discernimiento de su propia condición. Los seres humanos somos complejos y e imperfectos. Solo un juez consciente de sí mismo puede poner sus predisposiciones aparte, en la medida que le sea humanamente posible, para tomar decisiones. De hecho, el presidente Obama sensatamente subrayó la importancia de las cualidades humanas en su selección de un candidato para la Corte Suprema cuando dijo que quería que su nominado tuviera «empatía».
Aunque lo reconozcan o no, las experiencias personales de todos los jueces afectan la toma de sus decisiones. En un artículo recientemente publicado por la revista The New Yorker sobre el juez jefe John Roberts, presidente de la Corte Suprema, Jeffrey Toobin demuestra de manera brillante cómo sus decisiones reflejan una identificación con el status quo – poderoso, conservador y próspero; tal cual es su experiencia personal. El que la juez Sotomayor haya reconocido que sus experiencias personales influirán en su toma de decisiones solo indica que es sincera y consciente de sí misma. La única razón por la cual los críticos de la juez boricua están preocupados es porque las experiencias personales de ella son muy diferentes a las de ellos. Ella no se identifica con privilegios y el poder. Al contrario, ella se identificará con los marginados, con aquellos que han luchado para superar obstáculos y estereotipos, con aquellos que creen en el sueño americano. Sotomayor se identificará con los que son como ella: «otros». Pues bien, ya es hora de que tengamos «otros» puntos de vista en la Corte Suprema de los Estados Unidos.
La mayoría de los jueces hacen todo lo posible para apartar sus parcialidades y predisposiciones cuando enfrentan un caso. Pero la objetividad absoluta simplemente es imposible. Los matices que cada juez observa en un conjunto de hechos, en los ideales de imparcialidad y justicia, y en última instancia, en lo que significa la ley, es un reflejo de influencias conscientes o inconscientes. Esto no quiere decir que los jueces ignoren la ley a favor de sus propias creencias y valores. Quiere decir que esas creencias y valores son una parte inherente del proceso de razonamiento que se manifiesta en los humanos a la hora de tomar una decisión. La percepción de sí misma que tiene la juez Sotomayor no interferirá con su habilidad para aplicar la