Por Manu Álvarez

El delantero argentino Diego Milito anotó el domingo pasado dos goles para que el Inter de Milán venciera por 2-0 a su clásico rival, el Milán, en un partido de exhibición que fue apenas el tercer cruce entre ambos fuera de Italia.

Fue el estadio Gillette de Foxboro la sede de la inusual visita de dos de los más grandes clubes del fútbol europeo. Disputando el último partido del World Football Challenge, el Inter de Milán y el AC Milán cerraron sus respectivas giras promocionales por los Estados Unidos.

La multitud de 42,531 personas estaba a favor del Milán, pero fue silenciada a los cuatro minutos cuando Milito metió un zurdazo entre el primer palo y el arquero Zeljko Kalac.

Los clubes que comparten el estadio de San Siro, en Milán, sólo se habían enfrentado en el extranjero dos veces: en Chiasso, Suiza, en 1908, y en el Yankee Stadium, en Nueva York, en 1969. El torneo amistoso de verano, en el que también participaron el poderoso inglés Chelsea Football Club y el Club América de México, comenzó el día 19 de julio en California y concluía en el monumental Gillette Stadium de Foxboro.

La gran mayoría de público era de origen italiano, en las gradas pudieron verse personas de todas las nacionalidades y muchísimos turistas que se encontraron con este monumental partido sin esperarlo.

«Sólo estamos de visita en Boston. Ha sido una suerte que el partido coincida con nuestra visita porque pronto estaremos de vuelta en Texas», comenta a El Planeta uno de los muchos aficionados que viajaron en tren hasta las cercanías del estadio.

Muchos de los aficionados que acudieron al Gillette Stadium ya sabían del acontecimiento desde hace meses, como Carlos, de México: «Los aficionados al fútbol no tenemos normalmente la oportunidad de ver a dos equipos de tan alto nivel en Massachusetts», dijo el aficionado.

Una de las notas positivas del evento futbolístico fue la que dieron las aficiones de Milán e Inter. Aunque ambos equipos mantienen una marcada rivalidad en la liga italiana, los aficionados de ambos clubes convivieron durante el encuentro y sin altercados reseñables.

Así que la soleada tarde del domingo dejó algunas bellas imágenes en las gradas en las que se pudieron ver mezcladas las camisetas rojinegras del AC Milán y las camisetas azules y negras del Internazionale dando muestras evidentes de que son dos aficiones hermanadas.

El partido levantó tanta expectación entre los aficionados al soccer que incluso los que no disponían de vehículo propio se desplazaron en tren hasta la localidad de Walpole, la más cercana al estadio, desde donde tomaron taxis o emprendieron a pie las escasas cuatro millas que separan la estación ferroviaria del recinto deportivo. Uno de ellos fue Benedetto, procedente de Italia y de vacaciones en la costa este norteamericana, que admite que se lo pensó dos veces antes de acudir al partido.

«Muchos otros turistas del hotel querían ver el encuentro, pero la falta de conexiones entre Boston y el estadio les disuadió de ello», comenta el aficionado del Milán ataviado con la camiseta de su equipo.

«Finalmente lo verán en la televisión», dijo el italiano resignado aunque contento por la oportunidad de ver a su equipo en directo.

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