(Artículo tomado de elpais.es)

CLAUDI PÉREZ – Madrid – El cantante irlandés Bono asegura que cuando Jeffrey Sachs se activa «es más parecido a un pastor de Harlem que a un sabihondo de Cambridge». Sachs es casi una estrella del rock entre los especialistas en esa ciencia extraña, la economía, a medio camino entre las matemáticas y la psicología, y que suele echar mano de un lenguaje a menudo difícil de digerir. No es el caso de este experto, probablemente el economista más importante del mundo, según The New York Times, pero a su vez capaz de ser claro y directo como pocos. Dos ejemplos: ¿Bush? «El peor presidente de la historia. Malo con ganas. Tal vez el gestor responsable de la peor política económica de la historia de EE UU». ¿La economía mundial? «Recesión en EE UU, aunque con señales difusas. Y ralentización mundial por el crudo, pero no recesión porque Asia y Latinoamérica tirarán del carro».

En los últimos años, Sachs (Detroit, EE UU, 1954) ha dado un viraje de la ortodoxia académica de las previsiones de crecimiento y las tradicionales cavilaciones de los economistas hacia temáticas más sociales, con la pobreza y el cambio climático como leitmotiv de su trabajo. El miércoles pasó fugazmente por Madrid para presentar su nuevo libro, Economía para un planeta abarrotado (Debate), y habló con este periódico de la palabra de moda: crisis.

El lanzamiento de la obra no puede ser más oportuno -o todo lo contrario, según se mire-, con hambrunas en 30 países, el petróleo y los alimentos por las nubes y la sensación de que esto no ha hecho más que empezar. «El siglo XX presenció el fin del predominio europeo. Y el XXI será testigo del fin de la primacía estadounidense». Así arranca el libro, cuya tesis principal puede resumirse en cuatro necesidades apremiantes: el mundo debe encontrar fuentes de energía sostenibles; estabilizar la población en torno a los 8.000 millones de personas; eliminar la extrema pobreza, y crear un nuevo sistema de cooperación global.

«Bastaría un 2% de la riqueza mundial para eso», explica Sachs, que se resiste a ser tachado de optimista irredento. A principios de esta década había 1.000 millones de personas en la extrema pobreza. Sachs vaticinó que era posible erradicarla totalmente en 2025. El problema es que hoy esa cifra se mantiene o aumenta. «Sigo creyendo que esa previsión es válida», dice. «Y más ahora».

«Las cosas han empeorado por la crisis alimentaria y las inversiones necesarias no se han realizado. Tengo que admitir que no llevamos bien el calendario», concede. Pero contraataca: «Sin embargo, y ésta es la buena noticia, en las últimas 10 semanas se ha hablado más de este problema que en los 10 años precedentes. En la reunión de la FAO, en Roma, ha empezado a verse un gran cambio. Pero necesitamos liderazgo. Precisamente lo que ha faltado en EE UU en los últimos ocho años».

Partidario de los demócratas -aunque con la boca pequeña por su papel en la ONU-, Sachs da palos a diestro y siniestro a la Administración de Bush. «Hay una peligrosa vuelta al proteccionismo, alentada por la retórica de Bush», dice sobre las consecuencias de la crisis. Sobre las causas, su diana es la Reserva Federal: «El papel del banco central desde 2001 es pobre. Ha permitido la desregulación financiera y ha contribuido a este descontrol inmobiliario. Al BCE le doy un notable».

De España subraya «el enorme crecimiento de los últimos 20 años», pasa de puntillas por la crisis actual -«no soy un experto, no puedo opinar»- y arrima el ascua a su sardina: «Hay graves problemas ecológicos, como en todo el Mediterráneo. Pero me parece destacable que haya empresas españolas punteras en energías renovables. Españ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.