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Un Calder desde Caracas llega a Maine

El Ogunquit Museum of American Art en Maine incorpora a su colección El Ojo Que Sueño, un móvil probablemente creado en Venezuela en 1955 y titulado en español por Alexander Calder.

El Ojo Que Sueño, 1955, Sheet metal, wire, paint, 22 in x 47 in x 9 in.

Por Devon Zimmerman, PhD
Curador de Arte Moderno y Contemporáneo Estadounidense del Ogunquit Museum of American Art

«Son resonadores, trampas; cuelgan del extremo de un hilo como una araña al final de su hilo, o se amontonan sobre una base, inertes y encerrados en su falso sueño. Pasa algún temblor errante y, atrapado en sus redes, les impulsa vida. Ellos lo canalizan y le dan una forma fugaz: nace un móvil».
—Jean-Paul Sartre, 1947

La primavera de 2025 trajo noticias emocionantes: el Ogunquit Museum of American Art en las costas de Maine, incorporó El Ojo Que Sueño (1955) a su colección gracias a una donación del Charles Jackson Friedlander Trust. La escultura del célebre artista estadounidense Alexander Calder (1898–1976) probablemente fue creada en 1955 durante una estadia del artista en Caracas, Venezuela y es el primer «móvil» adquirido por el museo.

Aunque la carrera de Calder lo llevó por todo el mundo, también mantuvo vínculos sociales con Ogunquit a través de su red de artistas de la época de la Art Students League de Nueva York. Además, pasó un tiempo en el pueblo creando la escenografía para Balloon, obra del dramaturgo y poeta irlandés Padraic Colum, presentada en 1946 en el Ogunquit Playhouse.

La adquisición de este móvil representa, tanto una importante incorporación a la colección del museo como una especie de regreso a casa para Calder. El ensayo que sigue ofrece una breve visión general de su trayectoria y de las circunstancias que condujeron a la creación de El Ojo Que Sueño.

Ogunquit Museum of American Art ubicado en Ogunquit, Maine - Photo Ogunquitmuseum.org

En movimiento

Alexander Calder nació en Filadelfia en 1898, en el seno de una familia de artistas. Su madre era retratista, mientras que su padre y su abuelo fueron escultores de éxito. Siguiendo la sugerencia de un amigo, Calder se matriculó en el Stevens Institute of Technology de Hoboken, New Jersey, y se graduó en 1919 como ingeniero mecánico. Durante los cuatro años siguientes, el joven ingeniero pasó de un trabajo a otro por todo el país, sin permanecer casi nunca más de nueve meses en un mismo puesto.

En 1923 regresó a la costa este y se matriculó en la Art Students League de Nueva York, donde estudió pintura con John Sloan. La institución lo sumergió en una vibrante comunidad de jóvenes artistas que terminarían dando forma al arte estadounidense antes y después de la Segunda Guerra Mundial.

A medida que crecía su reputación como pintor de la vida urbana, Calder se integró cada vez más en aquel círculo dinámico, que incluía figuras vinculadas tanto con la League como con Ogunquit, entre ellas Niles Spencer, Yasuo Kuniyoshi, Alexander Brook y Walt Kuhn.

Calder desarrolló una fascinación que lo acompañaría durante toda su carrera. Para complementar sus estudios mientras vivía en el extranjero, encontró trabajo dibujando y fabricando figuras articuladas con materiales como alambre, corcho y madera.

Este trabajo coincidió con la creación del Cirque Calder, un circo en miniatura que cobraba vida mediante figuras hechas a mano con alambre, corcho y otros materiales. Su utilización del alambre para crear esculturas resultó transformadora. Comenzó a producir esculturas de alambre a mayor escala y retratos de muchos de sus amigos artistas y contemporáneos. Estas obras adquirieron notoriedad entre la vanguardia parisina gracias a las presentaciones privadas del Cirque Calder.

El primer encuentro de Calder con la abstracción se produjo a través de la obra del pintor neerlandés Piet Mondrian. Calder recordaría más tarde que el estudio de Mondrian le dio la idea de hacer que los rectángulos oscilaran de manera independiente. Aquel encuentro, ocurrido en 1930, fue transformador: la visita a Mondrian le dio a Calder lo que necesitaba «para hacer que sus pulmones comenzaran a funcionar».

Después de ese encuentro, Calder se orientó decididamente hacia la abstracción geométrica, primero en la pintura y poco después en la escultura. A partir de sus experimentos anteriores con alambre, creó construcciones tridimensionales compuestas por curvas asimétricas, acentuadas con esferas de madera pintada o discos metálicos.

Estas obras lograban un equilibrio semejante al de las pinturas de Mondrian, pero en movimiento. Esta nueva dirección condujo a la incorporación de Calder al grupo Abstraction–Création, un colectivo internacional poco estructurado dedicado a impulsar la abstracción modernista y contrarrestar la creciente influencia del surrealismo.

Calder, sin embargo, no era dogmático: encontraba afinidades tanto con los ideales universales del círculo de Mondrian como con la aceptación surrealista del azar y de las formas generativas, particularmente en la obra de artistas como Joan Miró y Jean Arp.

Dentro de este ambiente, los artistas compartían una fascinación por los rápidos descubrimientos científicos difundidos en la prensa popular, que estaban transformando la comprensión pública del mundo. Las teorías de Sigmund Freud sobre el inconsciente cuestionaron la fe de la Ilustración en la racionalidad, mientras que el trabajo de Albert Einstein sobre la relatividad trastornó las nociones convencionales del tiempo, el movimiento y el orden cósmico.

Muchos contemporáneos de Calder absorbieron este discurso científico, que impregnaba el espíritu cultural de la época desde Nueva York hasta Berlín.

En 1931, Calder concibió sus primeras esculturas cinéticas: composiciones de esferas o discos suspendidos con alambres de estructuras que reaccionaban a las corrientes de aire, junto con obras accionadas mecánicamente mediante pequeños motores.

Como ha señalado Jed Perl, estas esculturas reflejan el interés de Calder por los movimientos particulares y por “la relación de las partes con el conjunto… solo que ahora con el tiempo y el espacio unidos de una manera radicalmente nueva”.

El propio Calder señaló:

“Las formas circulares, particularmente cuando interactúan, me parecen poseer una especie de sentimiento cósmico o universal… Lo que me habría gustado hacer sería suspender una esfera sin ningún medio de soporte, pero no pude hacerlo”.

Vivir en movimiento y encontrar el equilibrio en la asimetría surgieron como modelos de contemplación durante un período de profunda incertidumbre.

Estas esculturas cinéticas fueron bautizadas como mobiles por Marcel Duchamp, quien las descubrió en el estudio parisino de Calder en 1931. Como explica la historiadora de arte Marla Prather:

En francés, el adjetivo mobile significa movible, pero también puede sugerir algo rápido, ágil o incluso inestable. Como sustantivo significa “motivo”, y a Calder le gustaba ese doble sentido. Primum mobile —en francés, premier mobile— es un término astronómico medieval en latín que significa literalmente “la primera cosa que se mueve”, una descripción especialmente pertinente para las esculturas de Calder.

El término capta acertadamente la variedad de objetos que Calder estaba produciendo a comienzos de la década de 1930.

En 1933, Calder regresó a Estados Unidos y compró una casa en Roxbury, Connecticut. Una exposición realizada al año siguiente en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York marcó el comienzo de un período especialmente fértil de su carrera.

Durante la década siguiente amplió su práctica para incluir esculturas conocidas como “estábiles” de escala arquitectónica —esculturas estacionarias—, joyería y escenografías para producciones de Martha Graham, Erik Satie y Padraic Colum. A medida que evolucionaba su obra, también se refinaban sus móviles hasta convertirse en las esculturas delicadamente equilibradas y suspendidas del techo por las que es reconocido actualmente.

El Ojo Que Sueño

El Ojo Que Sueño es un ejemplo fascinante de los móviles de madurez de Calder, en los cuales el peso óptico y el peso físico se contraponen cuidadosamente.

La escultura gira alrededor de un punto de apoyo central que separa dos formas triangulares planas —pintadas de amarillo y rojo— de una serie de elementos desplegados y contrabalanceados. Aunque los planos triangulares atraen menos atención visual, su peso material ancla el móvil y produce la asimetría dinámica que gobierna su movimiento.

Calder altera deliberadamente la repetición a lo largo de toda la composición. En el extremo exterior de la escultura, unas formas semejantes a plumas alternan sus colores —negro, rojo, negro, rojo, negro— hasta que el patrón se invierte sutilmente con un cuarto elemento negro y un tercero rojo.

En otras zonas reaparecen formas circulares negras y azules de diferentes tamaños, mientras que un disco rojo introduce una abertura circular que activa un juego entre el espacio positivo y el negativo. Este vacío evoca el elemento más distintivo de la escultura: una forma triangular blanca y oscilante, perforada de manera que parece un ojo, dentro del cual queda suspendido un pequeño disco negro.

Traducido como The Dreaming Eye —El ojo que sueña—, El Ojo Que Sueño refleja las dos corrientes de vanguardia que influyeron en la práctica de Calder.

NOTA DE EL PLANETA: Calder tituló la obra El Ojo Que Sueño durante su estancia en Caracas en 1955. En español, la formulación resulta inusual: sueño está en primera persona, mientras que El ojo que sueña correspondería a The Dreaming Eye, traducción con la que suele interpretarse el título. Es posible que esta particularidad refleje el conocimiento limitado del español del artista; sin embargo, por tratarse del título original de la obra, se conserva sin modificaciones.

La evocación de un ojo soñador procede directamente de la imaginería surrealista, que frecuentemente consideraba la visión como una facultad frágil o deteriorada, entorpecida por la monotonía de la vida moderna y necesitada de un despertar. Para los surrealistas, el sueño ofrecía un espacio en el cual la percepción podía liberarse de las restricciones sociales y fisiológicas de la experiencia cotidiana.

Al mismo tiempo, los elementos metálicos cortados a mano y las estructuras de alambre de la escultura están pintados de negro, blanco, rojo, amarillo y azul: la paleta característica del movimiento De Stijl de Piet Mondrian.

La teoría neoplasticista de Mondrian proponía la abstracción como un medio para expresar una realidad moderna compartida, mientras que el equilibrio asimétrico funcionaba como modelo utópico de armonía social y política. El Ojo Que Sueño conserva esa aspiración y ofrece el equilibrio no como inmovilidad, sino como una respuesta dinámica ante la inestabilidad de la era moderna.

A Caracas y de regreso

Pero ¿por qué esta obra tiene un título en español? El Ojo Que Sueño probablemente fue creada en Caracas, Venezuela, en 1955.

Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la reputación de Calder se hizo plenamente internacional y el artista viajó extensamente para participar en exposiciones y realizar encargos, desde Francia y Brasil hasta la India.

Su conexión con Venezuela surgió a través de España. En 1937, Calder recibió del arquitecto español Josep Lluís Sert el encargo de crear un monumento dedicado a las minas de mercurio de Almadén. Posteriormente, Sert le presentó en 1951 al arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva, formado en Francia.

En aquel momento, Villanueva era una de las principales figuras responsables de transformar el paisaje urbano de Caracas. El aumento de la inversión extranjera, impulsado por la explotación de las reservas petroleras venezolanas, alimentó ambiciosos proyectos de modernización.

Durante la dictadura militar del general Marcos Pérez Jiménez, el gobierno venezolano adoptó el modernismo internacional como símbolo del progreso nacional y de la integración global, en sintonía con nuevas instituciones transnacionales como las recién creadas Naciones Unidas.

El proyecto más ambicioso de Villanueva fue la Ciudad Universitaria, el nuevo campus de la Universidad Central de Venezuela, que se convirtió en un celebrado ejemplo de modernismo promovido por el Estado. Concebido como un entorno plenamente integrado, el proyecto buscaba sintetizar arquitectura, escultura y pintura.

Villanueva encargó obras a importantes artistas internacionales y a destacadas figuras venezolanas, entre ellas Armando Reverón, Fernand Léger, Victor Vasarely, Jean Arp y Alexander Calder.

En 1952, Villanueva invitó a Calder a diseñar el techo del Aula Magna, el principal auditorio de la universidad. Calder colaboró con la firma Bolt, Beranek and Newman, con sede en Cambridge, Massachusetts, que brindó asesoría sobre la acústica del espacio.

La instalación resultante fusionó forma y función: paneles acústicos flotantes, pintados con colores intensos y suspendidos del techo.

Villanueva organizó posteriormente una exposición de la obra de Calder en el Museo de Bellas Artes de Caracas, en 1955. Cuando Calder llegó el 15 de agosto, recibió un espacio de trabajo en el taller de metales de la universidad.

Durante aquella estancia de un mes produjo varios móviles y otras obras, muchas de las cuales tituló en español. Villanueva adquirió varias de esas piezas, entre ellas El Ojo Que Sueño. Por lo tanto, resulta completamente plausible que el móvil fuera creado durante este breve pero extraordinariamente productivo período de Calder en Caracas.

Hoy, como parte de la colección del Ogunquit Museum of American Art, El Ojo Que Sueño encarna todo el arco de la práctica de Calder: arraigada en la intuición y la innovación, moldeada por la experimentación vanguardista y realizada mediante un intercambio internacional de ideas que atravesó continentes y décadas.

Interior del Museo en Ogunquit, Maine Photo Ogunquitmuseum.org

Su presencia en el OMAA no solo profundiza la conexión del museo con las redes artísticas y sociales de Calder en Ogunquit, sino que también reafirma la vigencia de su visión: la convicción de que el arte puede crear armonía en medio de la incertidumbre y despertar el ojo y la imaginación ante la silenciosa poesía del movimiento en el mundo moderno.

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Este artículo es una traducción al español del texto original publicado en el catálogo 2026 del Ogunquit Museum of American Art.

La temporada del Museo este año finaliza el 15 de noviembre, 2026. Para consultar los horarios y la historia de este maravilloso museo visita ogunquitmuseum.org

 

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