Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron el 22 de julio un acuerdo de cooperación nuclear civil que podría permitir al reino enriquecer uranio en su propio territorio. El pacto tiene una duración prevista de 30 años y coloca a empresas estadounidenses al frente del desarrollo de la infraestructura nuclear saudita.
El anuncio lo hizo el Departamento de Energía de Estados Unidos. El secretario de Energía, Chris Wright, firmó el documento junto al ministro de Energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman, según reportó CNN. Ambos países forjaron el acuerdo tras años de negociaciones.
Qué incluye el acuerdo nuclear entre EE.UU. y Arabia Saudita
El texto es un llamado "acuerdo 123", el marco legal que Estados Unidos exige para compartir tecnología nuclear con otros países. Incluye además un acuerdo bilateral de salvaguardas.
La parte más sensible es el enriquecimiento de uranio. Según reportes de TIME, una planta de enriquecimiento solo se construiría si un estudio conjunto de dos años determina que la operación es viable y comercialmente justificada.
Si Estados Unidos rechaza esa opción, Arabia Saudita no podría enriquecer uranio por su cuenta ni con otro socio extranjero durante 10 años, según los términos reportados. Empresas como Westinghouse figuran entre las principales beneficiarias del contrato.
"Estos acuerdos cumplen con los más altos estándares de seguridad nuclear y no proliferación, apoyados en la mejor tecnología y los mejores científicos nucleares, diseñados aquí en Estados Unidos", dijo Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, en un comunicado oficial
Por qué el enriquecimiento de uranio genera preocupación
El enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de plutonio son las dos vías principales para fabricar el material de un arma nuclear. Por eso grupos de no proliferación advirtieron que el acuerdo podría facilitar el desarrollo de una bomba.
Estados Unidos tiene un pacto similar con Emiratos Árabes Unidos, firmado en 2009, en el que ese país renunció a enriquecer uranio en su territorio. Ese compromiso se conoció como el "estándar de oro". Arabia Saudita lo rechazó.
El príncipe heredero Mohammed bin Salman afirmó en el pasado que el reino buscaría un arma nuclear si Irán llegaba a producir una. El congresista Gregory Meeks, demócrata por Nueva York, pidió que el acuerdo incluya límites claros al enriquecimiento y al reprocesamiento.
La contradicción con la política hacia Irán
El acuerdo llegó mientras la Casa Blanca presiona a Irán para que renuncie a sus reservas de uranio enriquecido. Teherán sostiene que su programa es pacífico, tras meses de ataques estadounidenses.
La misma capacidad que Washington busca impedir en Irán quedó, en este caso, sobre la mesa de negociación con un aliado. El contraste alimentó las críticas de expertos en control de armas, que calificaron el precedente como riesgoso.
Qué sigue con el acuerdo nuclear
El acuerdo está sujeto a revisión del Congreso, que podría oponerse por el temor a una carrera armamentista en Medio Oriente. Este tipo de pactos entran en vigor salvo que el Congreso los rechace de forma conjunta y reúna una mayoría de dos tercios para superar un veto presidencial.
El estudio conjunto sobre el enriquecimiento tomaría dos años, por lo que la definición sobre la planta no será inmediata. Mientras tanto, el Congreso espera conocer los detalles finales del texto.