Por Simón Rios
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La historia comenzó con una de las disputas más típicas de Boston: una pelea por un espacio de estacionamiento.
Luego llegó la policía. Después, los agentes de inmigración. Y más tarde, un largo invierno bajo custodia de ICE.
WBUR informó por primera vez el año pasado sobre el arresto de Alejandro Orrego Agudelo, ocurrido en noviembre frente al tribunal de East Boston. Enfrentaba cargos criminales por presuntamente agredir a un oficial de policía de Boston y, justo cuando pensaba que quedaría en libertad, agentes de inmigración lo detuvieron. Se produjo un tenso forcejeo en un callejón detrás del tribunal, mientras activistas grababan sus gritos pidiendo ayuda.
ICE detuvo al colombiano de 27 años durante cuatro meses en la cárcel del condado de Plymouth. El video de su arresto lo colocó en el centro del debate sobre la presencia de ICE en tribunales de Massachusetts, mientras legisladores y defensores de los inmigrantes se movilizaban en su apoyo y criticaban la colaboración de funcionarios judiciales en su detención.
El representante estatal de East Boston, Adrian Madaro, pidió a ICE considerar su liberación. Por su parte, la senadora estatal Lydia Edwards propuso legislación para limitar los arrestos de inmigración en tribunales. Finalmente, la gobernadora también solicitó poner fin a los arrestos civiles de inmigración en las cortes de Massachusetts.
Pero en ese momento, los detalles de la historia de Orrego aún no estaban claros. ¿Por qué este barista solicitante de asilo en Estados Unidos se vio involucrado en tres enfrentamientos en un solo día: primero, una discusión a gritos con un vecino; luego, un altercado con un oficial de policía; y después, un enfrentamiento con agentes federales?
Los documentos legales sobre ese día, presentados por la policía de Boston y ICE, describen al colombiano como un hombre con tendencia a enfrentarse con la policía. Orrego, en cambio, se considera víctima de dos arrestos injustos.
A finales de marzo, Orrego tenía previsto comparecer ante un juez de inmigración para solicitar su liberación. Pero, con el impulso agresivo de la administración Trump para deportar a miles de inmigrantes —muchos sin el historial que Orrego acumuló en un solo día—, sus posibilidades parecían escasas.
Se necesitaría un esfuerzo enorme para sacarlo de la custodia de ICE.
El arresto en Boston
ICE no ofreció detalles sobre por qué lo tenía en la mira; la agencia rara vez lo hace. Pero a partir de registros policiales, videos de teléfonos celulares revisados por WBUR y entrevistas con abogados y vecinos de Orrego en East Boston, surge una imagen más completa de lo ocurrido ese día.
Poco después de las 8 a.m. del 21 de noviembre, la policía respondió a una llamada en Falcon Street, en East Boston. Según un informe policial detallado, un vecino afirmó que había movido el ciclomotor de Orrego para liberar un espacio de estacionamiento. A cambio, según el vecino, Orrego pateó su automóvil y dañó el parachoques.
El informe indica que Orrego comenzó a “atacar verbalmente y amenazar” al vecino en la calle. El oficial en la escena dijo que intentó reducir la tensión con el vecino, quien también estaba gritando y amenazando a Orrego.
Pero, según el informe, cuando la policía le pidió a Orrego que mostrara su identificación, él sacó su teléfono celular y se lo puso en la cara al oficial. Luego, presuntamente, empujó al agente en el pecho.
Orrego le dijo a WBUR en una entrevista reciente que el oficial fue quien primero lo tocó. Alcanzó a grabar cuatro segundos de video antes de que la situación se volviera física:
“Señor, manténgase atrás”, afirma Orrego en el video.
“¡Muestre su identificación!”, ordena el oficial.
Orrego dijo que en ese momento el oficial le arrebató el teléfono.
“Y lo tiró el piso y me puso contra la pared“, relató Orrego más tarde en español. “Empezó a pegarme puños y a tratar de cojer mis manos. Me puse las manos contra la pared y él me tiró al piso. Siguió dándome puños y me puso su rodilla en la espalda”.
El oficial escribió en su informe que golpeó a Orrego dos veces en las costillas para someterlo.
“El sospechoso fue instruido a entregar sus manos, y continuó resistiéndose, pateando y forcejeando en un intento de ponerse de pie y huir”, señala el informe.
La policía de Boston acusó a Orrego de agresión y lesiones contra un oficial —y más cargos: resistencia al arresto, destrucción maliciosa de propiedad y alteración del orden público.
Meses después del arresto en Falcon Street, una vecina recordó haber visto a Orrego esposado —dijo que en ese momento no estaba resistiéndose y que gritaba que no había hecho nada malo. Otro vecino, residente de East Boston desde hace años, Ken DiMarco, vio el final del arresto. Dijo que vio a Orrego forcejeando para alejarse del oficial.
“No parecía estar cooperando”, dijo DiMarco. “No parecía estar muy contento, por decirlo de alguna manera”.
El hombre con quien Orrego discutió por el lugar de estacionamiento respondió a la puerta a un reportero, pero se negó a hablar oficialmente.
La policía de Boston ha ignorado múltiples solicitudes de comentarios sobre el arresto. Casi un mes después de que WBUR solicitara las imágenes de la cámara corporal del encuentro, el departamento aún no ha proporcionado el video.
El arresto migratorio
El día de Orrego había comenzado mal —y su tarde estaba a punto de empeorar.
Alrededor de las 4:30 p.m., compareció ante el Tribunal de Distrito de East Boston para enfrentar los cargos policiales. El juez ordenó su liberación bajo palabra, pero, para sorpresa de Orrego, dos agentes de la Patrulla Fronteriza y de Aduanas lo esperaban en el área de detención del tribunal. Le esposaron las manos y los pies, y luego lo sacaron por la parte trasera del edificio.
Activistas del vecindario —incluidos algunos que monitorean los tribunales por la presencia de ICE— se reunieron afuera mientras los agentes intentaban meter a Orrego en un SUV negro. Un video de los observadores lo muestra inmovilizado en el suelo, gritando por ayuda mientras un amigo suplica a los agentes que lo liberen.
Según una declaración jurada de ICE, Orrego se resistió a los intentos de subirlo al vehículo y gritó repetidamente: “No puedo regresar a Colombia”.
El caos se prolongó durante media hora, mientras dos oficiales del tribunal y más agentes de inmigración acudían para ayudar. ICE afirmó que Orrego mordió a uno de los agentes e intentó aplicar “algún tipo de llave de muñeca” antes de que lograran controlarlo.
Todo esto por parte de un hombre esposado, a quien la policía de Boston describió como de 5 pies 5 pulgadas y 130 libras.
Según el documento de ICE, Orrego “permanecería bajo custodia de ICE en espera de una audiencia ante un juez de inmigración y de comparecer por agredir a dos agentes federales durante un arresto”.
Nunca se presentaron cargos federales por la presunta agresión.
ICE no respondió a preguntas sobre Orrego. Ni el documento de ICE ni el informe de la policía de Boston mencionan antecedentes penales previos. El abogado de Orrego dijo que su único cargo anterior fue por conducir sin licencia en Chelsea, un caso que fue desestimado.
Sin embargo, su arresto por parte de la policía de Boston, junto con una consulta de huellas dactilares en una base de datos federal de delitos, habría generado una alerta a los agentes en la zona. Él había ingresado al país de manera irregular en 2022 y ahora había sido acusado de agredir a un oficial de policía. Bajo la Ley Laken Riley, firmada al inicio de la presidencia de Trump, esos dos factores obligan a la detención por parte de ICE, incluso sin una condena penal.
Un laberinto legal
Como muchos detenidos por ICE en estos días, Orrego estaba en un proceso acelerado hacia la deportación. ICE dijo que deportó a 10,000 personas desde Nueva Inglaterra el año pasado y, una vez bajo custodia, Orrego afirmó que estuvo cerca de firmar documentos aceptando su propia deportación. Pero Daniela Hargus, una abogada de inmigración que por casualidad estaba monitoreando los procedimientos del tribunal cuando el caso de Orrego apareció, se ofreció a representarlo y luchar por su liberación.
“Mucha gente rechazó este caso”, dijo Hargus, abogada del Political Asylum/Immigration Representation Project, una organización sin fines de lucro con sede en Boston.
Hargus fue una de las cuatro abogadas que se unieron al esfuerzo para defender a Orrego. Dijo que le gustan los casos desafiantes.
“Este era un caso que, a primera vista, parecería muy fácil de perder”, dijo. “Y luego, al profundizar en los hechos, sentí que podía ir en cualquier dirección".
Durante los siguientes cuatro meses, los abogados presionarían por la liberación de Orrego en una serie de casos en tres instancias: la corte estatal en East Boston, la corte federal en Boston y la corte de inmigración en Chelmsford.
ICE argumentó que las acusaciones contra Orrego significaban que no debía ser liberado. Además, la administración había dejado de permitir audiencias de fianza en la corte de inmigración para detenidos que ingresaron a Estados Unidos sin inspección.
La única forma de lograr la liberación de Orrego era conseguir que un juez federal ordenara a un juez de inmigración realizar una audiencia de fianza —un mecanismo conocido como petición de hábeas corpus. Sin embargo, el juez federal se negó, citando los cargos de la policía de Boston contra Orrego.
Para lograr que los cargos fueran retirados, Hargus reclutó a Bob Cunha, un abogado local de defensa criminal. Cunha dijo que investigó a fondo el historial de Orrego en busca de una defensa y que argumentaría en la corte de East Boston que Orrego había sido víctima de abusos policiales en Colombia.
“Le expliqué eso al juez”, dijo Cunha. “Había una explicación, quizás no una excusa, pero ciertamente una explicación, de por qué reaccionaría de esa manera al ser confrontado por la policía”.
El argumento tuvo efecto. El juez de East Boston, Connor Barusch, ordenó a Orrego escribir una disculpa al vecino —y le indicó que evitara el espacio de estacionamiento que había originado toda la disputa— y desestimó el caso.
Los abogados de Orrego regresaron entonces a la corte federal y obtuvieron la orden de hábeas que necesitaban. Días después, su audiencia de fianza fue programada en la corte de inmigración en Chelmsford.
Para Hargus, la tarea consistía en convencer al juez de inmigración de que Orrego no era un riesgo de fuga ni un peligro para la comunidad.
“Los cargos que aparecen suenan alarmantes”, dijo ella, “y mi esperanza era que, al presentar los hechos reales de lo que ocurrió, se lograra humanizar la situación”.
Las declaraciones de Hargus parecieron resonar con el juez, y un grupo local pagó la fianza de Orrego, de 7,500 dólares. Ahora había regresado al punto de partida: aún sin estatus legal en el país y con una solicitud de asilo en proceso ante la corte de inmigración.
Libre por ahora
Después de cuatro meses en la cárcel del condado de Plymouth, Orrego fue liberado. Su primera parada fue Wendy’s para una hamburguesa Baconator. La siguiente fue la oficina de su abogada cerca de North Station. Llegó con flores y chocolate —para Hargus y para el asistente legal Luke Morrell, quien trabajó para lograr su liberación.

Orrego dijo que estar tras las rejas le dio tiempo para reflexionar sobre todo lo ocurrido. Admitió que pudo haber manejado el arresto de ICE de otra manera. Dijo que entró en pánico ante la amenaza de ser deportado, en parte debido a experiencias de su vida temprana.
“Mi mamá fue asesinada por un oficial de policía cuando yo tenía 6 años” en Colombia, dijo Orrego. “Durante toda mi vida he tenido malas experiencias con la policía”.
Esa explicación podría convencer a algunos jueces, pero no es suficiente para partidarios de ICE como el ex sheriff del condado de Bristol, Tom Hodgson.
“No puede ir por la vida diciendo: ‘Cada vez que me encuentre con alguien de las fuerzas del orden, no voy a obedecer’”, dijo Hodgson.
El ex sheriff, quien antes administraba un centro de detención de ICE en Dartmouth, dijo estar sorprendido de que Orrego fuera liberado después de las presuntas agresiones a oficiales.
“Si vas a cometer actos delictivos, deberías estar al principio de la lista para ser deportado”, dijo.
Albert Orlowski, un ex oficial de deportaciones de ICE, restó importancia a la resistencia durante un arresto migratorio —siempre que la persona no intente herir a los agentes. Dijo que resistirse no es algo inusual. Sin embargo, señaló que Orrego tuvo suerte de haber sido arrestado en Massachusetts y no en un estado como Texas.
“Raramente desestiman cargos de agresión y lesiones contra oficiales de policía”, dijo Orlowski.
En su opinión, la historia de Orrego demuestra que el debido proceso aún existe para los inmigrantes en Estados Unidos, a pesar de lo que algunos sostienen.
“Fue arrestado y detenido, y luego, cuando los cargos fueron desestimados, el debido proceso entró en acción y fue elegible para fianza”, dijo. “Así funciona el sistema”.
Pero el debido proceso para Orrego dependió de algo que muchos inmigrantes no tienen: representación legal gratuita. A diferencia de los asuntos penales, las personas en la corte de inmigración no tienen derecho a un abogado asignado por el tribunal. Y la abogada de Orrego dijo que las acusaciones relacionadas con el arresto de ICE hicieron su caso más complejo que otros.
Este noviembre, Orrego tiene una cita para regresar a la corte de inmigración y argumentar por qué debería recibir asilo para permanecer en el país. Afirma que fue perseguido en Colombia por ser gay. Esa podría ser una batalla cuesta arriba; aunque la discriminación persiste en Colombia, el país es considerado uno de los más amigables con la comunidad LGBTQ+ en América Latina.
En cuanto a sus enfrentamientos con agentes federales y la policía de Boston, esos podrían volver a afectarlo. El juez podría considerar su experiencia en Colombia, pero también deberá examinar el historial de Orrego en Estados Unidos.
La decisión podría depender de qué narrativa considere más convincente el juez.