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El escandaloso pasado del modelo de tratamiento para la adicción de San Patrignano

Un hombre que vive en San Patrignano cuida los terrenos. (Wilson Santinelli para WBUR)

Por Deborah Becker

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Esta historia contó con el apoyo del Pulitzer Center

La mente de Paolo Severi no deja de repetir lo que le sucedió hace tres décadas cuando ingresó en San Patrignano para tratamiento por adicción, en Italia. 

El programa, que tiene 47 años, es uno de los centros de rehabilitación más conocidos de Europa. Requiere estancias a largo plazo, y los pacientes trabajan en la instalación, sin remuneración, mientras reciben tratamiento. Hoy, destacados funcionarios de salud de Estados Unidos, como Robert Kennedy Jr., promocionan a San Patrignano como un “hermoso modelo” en la lucha contra la adicción. 

Kennedy, secretario de Salud y Servicios Humanos del país y adicto a la heroína en recuperación, dijo que quiere construir una red de centros de rehabilitación al estilo San Patrignano en zonas rurales para ayudar a las personas arrastradas por la actual crisis de opioides en Estados Unidos. 

“Ya sabes que nuestro país, tiene una especie de inflamación crónica — espiritual, mental, emocional”, dijo Kennedy el año pasado en un encuentro comunitario en NewsNation, mientras promovía la idea y sugería que la marihuana legalizada podría ser financiada. “Necesitamos empezar a sanarnos — y necesitamos ser compasivos".

Severi, que ahora tiene 60 años, dijo que sus experiencias en la década de 1990 en San Patrignano difícilmente fueron compasivas. Afirmó que fue testigo de violencia y de intentos por parte de los líderes del programa de aislar y marginar a los residentes que no estaban de acuerdo con las reglas. Dijo que a los residentes no se les permitía irse y que eran encerrados en habitaciones si intentaban escapar. 

Severi y algunos otros ex residentes, junto con expertos en adicción y políticas de salud, dijeron que están alarmados por el impulso de Kennedy de adoptar centros similares. Sostuvieron que

algunos lugares como San Patrignano no han adoptado prácticas más modernas para tratar la adicción. Y algunos de ellos tienen antecedentes de abuso. 

“San Patrignano era opresivo”, dijo Severi. “Era una institución total, que controlaba cada aspecto de mi vida”.

Paolo Severi se sienta en la mesa de su cocina con libros sobre los escándalos de San Patrignano esparcidos frente a él. (Deborah Becker/WBUR)

Severi dejó San Patrignano después de que fue condenado a un mes de prisión por un delito que cometió antes de ingresar al tratamiento por drogadicción. Escribió en su diario que la prisión ofrecía mayores libertades. 

Ahora vive en el noreste de Italia y dijo que ha “dedicado su vida” a exponer a este centro de rehabilitación. Su departamento está lleno de libros y montones de documentos judiciales sobre el lugar. 

Pero junto a los críticos fervientes de San Patrignano, algunos residentes actuales dicen que las controversias son cosa del pasado y que sus vidas están siendo transformadas para mejor. 

Como creció San Patrignano 

San Patrignano fue fundado en 1978 por Vincenzo Muccioli, un carismático empresario que sentía que el gobierno italiano y el sistema de salud pública no estaban logrando abordar la crisis de opioides del país. 

En su pequeña granja en la región de Emilia-Romaña, en Italia, no lejos del mar Adriático, Muccioli comenzó a acoger a personas adictas a las drogas. Sus esfuerzos fueron ampliamente elogiados, incluso después de que fuera acusado de encarcelar a residentes, y para la década de 1980, unos pocos cientos de personas vivían en San Patrignano. 

Para cuando Severi llegó alrededor de una década después, la población había aumentado a casi 2.000 residentes. Gran parte del crecimiento fue financiado por donaciones, los vínculos de Muccioli con italianos ricos y poderosos y el trabajo no remunerado de sus residentes.

San Patrignano ofrece tratamiento residencial contra la adicción de varios años de duración bajo lo que se conoce como el modelo de “comunidad terapéutica”, dirigido por compañeros en recuperación, en lugar de expertos médicos. El trabajo y formar parte de una comunidad son parte clave de la terapia, bajo la teoría de que la productividad mejora la autoestima, ayuda a los residentes a conectarse con otros y proporciona capacitación que puede llevarlos a conseguir trabajo más adelante. 

Pero Severi dijo que los problemas de salud mental que llevaron a su adicción nunca fueron abordados adecuadamente. También criticó el uso de trabajo no remunerado por parte del programa. 

"Este es el único lugar en Italia, y quizá en Europa, donde la gente está trabajando gratis, ni siquiera en las cárceles", dijo Severi. 

Las controversias se profundizaron en San Patrignano durante la estancia de Severi allí. En un juicio de alto perfil, Muccioli fue acusado de participar en el encubrimiento del asesinato de un hombre que había huido del centro de rehabilitación. 

En 1989, Roberto Maranzano fue encontrado golpeado hasta la muerte cerca de Nápoles, envuelto en una manta de San Patrignano. En 1993, las pruebas reveladas en el juicio sugerían que Muccioli estaba al tanto del crimen, pero no notificó a las autoridades y aparentemente discutió la posibilidad de matar a otro residente que amenazaba con revelar las circunstancias de la muerte de Maranzano. 

Muccioli fue condenado y murió en 1995, mientras el caso estaba en apelación. 

“SanPa: Pecados de un salvador”, un documental de Netflix de 2020, examinó el juicio y otras denuncias de abusos y corrupción desde la fundación de San Patrignano. Severi dijo que estaba de acuerdo con gran parte de lo que se contaba en la película. 

Cómo funciona San Patrignano hoy 

Fabio Cantelli Anabaldi, de 63 años, fue un líder clave de San Patrignano y dirigió su oficina de prensa durante el juicio contra Muccioli relacionado con la muerte de Maranzano. 

Ingresó por primera vez a San Patrignano en 1983, buscando ayuda por su adicción a la heroína. Permaneció allí unos seis años y terminó la escuela secundaria en la granja. Más tarde vivió en una casa en Bolonia que Muccioli había alquilado para residentes que querían asistir a la universidad.

Cantelli Anabaldi regresó a San Patrignano entre 1991 y 1995, después de que el programa creciera rápidamente. Dijo que Muccioli estaba desbordado y delegó autoridad en personas que no estaban alineadas con la misión. 

“La comunidad era demasiado grande”, dijo Cantelli Anabaldi, a través de un intérprete. “Muccioli dio poder a personas que no eran realmente capaces”. 

Pero Cantelli Anabaldi todavía respalda lo que describió como las creencias centrales de Muccioli: que el tratamiento debe ser personalizado, liderado por compañeros que hayan experimentado la adicción y diseñado para ayudar a los residentes a encontrar un propósito y una formación que les permita mantenerse por sí mismos. Dijo que sin técnicas que se centren en por qué alguien recurrió a las drogas y en los hábitos más saludables que puede adoptar en su lugar, las personas en tratamiento simplemente siguen las reglas “usando una máscara” que “se derretirá como nieve al sol” una vez que se vayan.

“La única salida de la adicción es encontrar algo como una pasión, un hobby o una actividad profesional que llene tu vida tal como lo hace normalmente la droga”, dijo Cantelli Anabaldi. “Si no hay una transformación tan profunda, las comunidades son simplemente estacionamientos, refugios, donde las cosas no cambian”. 

Muchas de esas ideas siguen influyendo en San Patrignano hoy en día. 

Un hombre pinta a mano papel tapiz en el taller de decoración de San Patrignano. (Wilson Santinelli para WBUR)

A los residentes se les asigna trabajo en uno de varios puestos a lo largo del apacible campus de 700 acres. Algunos preparan comidas para el comedor de los 850 residentes de San Patrignano o ayudan en una panadería que vende cientos de hogazas de pan cada día. Otros cuidan animales o realizan tareas de jardinería. Algunos atienden las plantas en el viñedo. La bodega del centro de rehabilitación vende cientos de miles de botellas cada año.

Varios residentes dijeron que disfrutan la sensación de logro que obtienen al trabajar y ayudar a sostener a la comunidad.

Louretta Landon, de 38 años, trabaja en los servicios de lavandería. La ciudadana estadounidense y escocesa dijo que el trabajo la ayuda a conectarse con las otras mujeres que trabajan allí, y que disfruta de la responsabilidad y la rutina. Landon también mencionó que San

Patrignano es conocido por ayudar a los residentes a encontrar empleo y volverse independientes una vez que se van. 

“No estoy enamorada de doblar sábanas y toallas,” dijo Landon. “Pero si tuviera un trabajo más desafiante mentalmente, tendría menos oportunidad de tener conversaciones significativas con las mujeres mientras trabajo, y tendría menos tiempo para la introspección".

Una mujer trabaja en la lavandería de San Patrignano. (Wilson Santinelli para WBUR)

Varios residentes dijeron que conocían los escándalos descritos en el documental de Netflix, pero muchos argumentaron que esos problemas ocurrieron hace décadas, y que no han visto señales de problemas similares. Los líderes de San Patrignano dijeron que el programa ha evolucionado, adoptado una mayor supervisión y, a lo largo de los años, ha atendido a más de 26,000 personas. 

“El alma de este lugar es tan fuerte que puede superar cualquier dificultad", dijo Monica Barzanti, quien llegó a San Patrignano como voluntaria a fines de los años 70 y ahora está a cargo de su área de relaciones internacionales. 

Ira como un “juego” de rehabilitación 

Mientras San Patrignano enfrentaba sus problemas, otro programa de tratamiento de adicciones en Estados Unidos. Uno con una historia sorprendentemente similar de rápida expansión y controversia. Este cayó más decisivamente en desgracia. 

Synanon, un centro de rehabilitación con sede en California, también fue fundado por un líder carismático que aumentó su riqueza e influencia junto con su negocio de tratamiento de drogas. Charles Dederich creó Synanon en 1958 como una comunidad terapéutica autosuficiente basada en la agricultura y la promovió como la solución a la adicción a las drogas. 

El centro de rehabilitación creció rápidamente y se expandió mucho más allá de la agricultura, acumulando riquezas a través de negocios como estaciones de servicio, compañías de mudanza y ventas de publicidad comercial especializada. 

Eventualmente, Dederich enfrentó cargos criminales, incluyendo corrupción e intento de asesinar a un fiscal colocando una serpiente de cascabel en su buzón. Durante sus años de reconocimiento, y después de su caída, Synanon fue objeto de libros, artículos y documentales, incluyendo “The Synanon Fix”, de Rory Kennedy, hermana de Robert F. Kennedy Jr. 

El programa fue quizás más famoso por su uso del llamado “juego Synanon”. 

Neil Rice juega al “juego” de Synanon durante su estancia de dos años a finales de la década de 1960 en el centro con sede en California (Cortesía de Neil Rice)

Neil Rice juega al “juego” de Synanon durante su estancia de dos años a finales de la década de 1960 en el centro con sede en California (Cortesía de Neil Rice)

Neil Rice, de 78 años, fue residente de Synanon durante dos años, comenzando en 1968. Rice, que ahora vive en Martha’s Vineyard, describió el juego como una especie de “terapia grupal”, donde aproximadamente una docena de residentes se reunían cada día y expresaban emociones intensas, generalmente gritando e insultándose entre ellos. 

“Yo diría que el ‘juego Synanon’ era 80% un juego de ira,” dijo Rice, “donde se expresaba la ira, la frustración y la intolerancia más profundas". 

Había dos reglas principales, dijo Rice: nada de violencia ni amenazas de violencia; y una vez que el juego terminaba, tus sentimientos se quedaban en la sala. Disfrutaba la oportunidad de liberar emociones reprimidas, comentó. 

Rice entró a Synanon no solo como una oportunidad para dejar de usar heroína, sino como una oportunidad de viajar y alejarse del hogar de su familia en Nueva York. Cuando llegó por primera vez, Rice intentó abandonar el programa y fue castigado. Los líderes le afeitaron la cabeza, lo asignaron a lavar platos y lo hicieron llevar un cartel que decía: “Soy un idiota".

“Así que básicamente fui humillado, amansado y ese chip me lo estaban quitando del hombro", dijo Rice. “Simplemente sufrí todo eso. Y ciertamente no podían decirme nada malo que yo no me hubiera dicho a mí mismo ya". 

El juego Synanon se volvió popular, incluso entre personas que no eran adictas pero se sentían atraídas por los ideales utópicos del grupo. Para la década de 1970, se informó que Synanon tenía 10,000 miembros, vastas propiedades inmobiliarias y decenas de millones de dólares en ingresos. 

Durante este crecimiento explosivo, Dederich supuestamente se volvió violentamente paranoico y creó su propia fuerza militar en Synanon. También forzó la esterilización de algunos residentes masculinos y describió al grupo como una “religión".

Synanon colapsó casi tan rápido como creció. El estatus de exención de impuestos de la organización fue revocado en la década de 1980, y fue oficialmente disuelto en 1991. Dederich murió en 1997. 

A diferencia de San Patrignano, Synanon no pudo sobrevivir a sus controversias. Pero pequeños programas creados por antiguos miembros de Synanon todavía operan hoy en día, y se le reconoce ampliamente por haber creado el modelo de tratamiento de comunidades terapéuticas. A pesar de los métodos controvertidos y la espectacular caída de Synanon, Rice duda que se hubiera recuperado de las drogas sin él. 

“Aprendí ventas en Synanon, así que más adelante en la vida pude tener una carrera muy satisfactoria", dijo Rice. “Synanon es directamente responsable de haber reconocido mis talentos. Conocí a mi futura esposa en Synanon, y todavía estamos casados 55 años después".

Reformas deseadas, ¿pero cuáles? 

Los especialistas en adicciones señalan los antecedentes de estas dos comunidades prominentes como una de las razones por las que no deberían considerarse el futuro del tratamiento de las adicciones. 

Maia Szalavitz, autora estadounidense que escribe sobre adicciones y ha estudiado tratamientos, dijo que la idea de que el gobierno federal expanda el uso de comunidades terapéuticas es “ridícula.” Señaló que las comunidades terapéuticas no están bien reguladas y muchos programas dependen de volver vulnerables a los residentes, lo que abre la puerta al abuso. 

“Estos programas se basan en la idea de que tenemos que romper a las personas para arreglarlas,” dijo Szalavitz. “Es bastante posible tener una institución que no sea dañina, pero las instituciones con poder y sin control casi siempre terminan mal".

También le preocupa que algunas comunidades terapéuticas, incluyendo San Patrignano, no sigan prácticas basadas en evidencia. Muchas de ellas no siguen los estándares médicos ni usan medicamentos para la adicción, como metadona y buprenorfina, que evitan los síntomas de abstinencia y reducen las muertes por sobredosis. Szalavitz dijo que las personas que luchan con la adicción necesitan acceso inmediato a atención compasiva y que no requiera que se alejen de su hogar durante años. 

Cientos de comunidades terapéuticas operan en los EE. UU., según el grupo de defensa “Treatment Communities of America”. 

Seep Varma, presidente de la junta de ese grupo, dijo que los programas ahora están mejor regulados y mejor administrados. Señaló investigaciones que indican que las comunidades terapéuticas pueden ser efectivas, especialmente para quienes tienen trastornos graves por 

uso de sustancias. Varma dijo que la atención debería centrarse en las miles de personas a las que los programas han ayudado, no solo en los pocos lugares que enfrentaron escándalos. 

“Desearía que la gente hiciera películas y hablara de cosas como todos los éxitos que ocurren en estos centros cada día”, dijo Varma. 

Determinar la efectividad del tratamiento de adicciones es complicado. Existe poca uniformidad entre los programas, especialmente en las comunidades terapéuticas. Los investigadores a menudo enfrentan desafíos para verificar quién permanece en recuperación y convencerlos de participar, además de confirmar sus declaraciones sobre el uso de drogas. 

Los líderes de San Patrignano citan estudios de investigadores italianos que sugieren que más del 70% de los residentes permanecen libres de drogas años después de salir del programa. 

Pero críticos, como Paolo Severi, cuestionan esas cifras. Dijo que no existen estudios actuales, científicamente verificados, sobre si la mayoría de los participantes tienen éxito a largo plazo. 

Severi también considera que debería haber más supervisión de la Cooperativa San Patrignano, una junta de ocho miembros responsable de revisar las operaciones y las finanzas del centro. El informe anual de la Cooperativa muestra que se audita regularmente por la firma Price Waterhouse Coopers.

Vacas cuya leche se utiliza principalmente para la elaboración de queso en la granja de San Patrignano. (Wilson para WBUR)

En los últimos años, programas como San Patrignano se establecieron en Suecia, Escocia y Canadá. Algunas investigaciones sugieren que estos esfuerzos necesitan adaptarse a las normas culturales de una zona para tener éxito. Incluso los líderes de San Patrignano reconocen que su programa es una operación sofisticada que requeriría un tiempo y recursos significativos para recrearse. 

Lorenzo Leporoni, un residente actual de San Patrignano, ha trabajado en el viñedo del centro durante aproximadamente un año. Dijo que el tiempo y la estructura fueron decisivos para su recuperación. 

“Antes, no quería vivir más", dijo. “Confío en que algún día todo esto pueda serme útil". 

Este segmento se emitió el 17 de diciembre de 2025.

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