El beisbol, como la vida, puede tener episodios así. Salvador Pérez venía de disfrutar sus dos mejores temporadas ofensivas en la MLB. Y en vez de defender el liderato jonronero que conquistó en 2021, hoy comienza su rehabilitación, tras pasar por el quirófano y someterse a una operación que le costará, como mínimo, otros dos meses de acción.

El infortunio persigue en 2022 al bateador que acaba de encabezar la Liga Americana con 48 cuadrangulares y 121 carreras empujadas.

Pérez estaba en medio de una cosecha desconcertante. Jugando con problemas en la vista y el dolor constante en el pulgar de la mano izquierda, vio caer sus promedios de manera drástica.

Andaba en .211/.254/.426 al momento de sufrir el grave daño en un ligamento.

Ese turno en Anahem, contra los Ángeles, es la viva prueba de su intento por sobreponerse al dolor y seguir en el terreno. Con cada swing acusó el agujazo en el dedo. Pero él siguió bateando, sin pedir reemplazo.

Al finalizar el episodio sí tuvo que marcharse. Y los exámenes médicos revelaron la noticia tan temida: que solo podría corregir el problema si se sometía al bisturí.

Dos veces, por lo menos, quedó en la banca día a día, por padecer visión borrosa o acusar molestias físicas. Perdió luego otros 10 días de juego en la lista de lesionados. Y mientras batallaba contra todo eso, su rendimiento caía.

Es una lástima. Aunque apenas mostraba .680 de OPS, sus 11 jonrones y su sólida defensa justificaban que los Reales de Kansas City piidieran el voto de los aficionados para él.

Ahora es seguro que se perderá el Juego de Estrellas. Por primera vez desde 2012, faltará al Clásico de Julio en un torneo del que forma parte. Porque la única vez que faltó a la cita desde aquella fecha fue en 2019, pero en aquella justa no jugó.

Su ausencia entonces se debió a otra operación. Se desgarró un tendón del codo derecho en el Spring Training y perdió el año entero, después de someterse a la Cirugía Tommy John.

Pérez disputó 161 encuentros en 2021. Es un dato asombroso, por tratarse de un catcher. Es verdad que se ayudó al aparecer muchas veces en el rol de designado. Pero no deja de ser sorprendente, porque en 124 ocasiones estuvo detrás del plato.

Le quebró al mítico Johnny Bench el récord de jonrones para un receptor de oficio en una campaña. Ganó el Bate de Plata. Volvió a ser finalista del Guante de Oro. Y fue uno de los siete hombres más votados en la elección del Jugador Más Valioso.

Este percance echa por tierra su octavo viaje al Juego de Estrellas, su candidatura a un sexto Guante de Oro y a un quinto Bate de Plata. Si pudiera regresar a finales de agosto, solo tendrá por delante unos 30 juegos para rematar.

Pero le queda un consuelo. A él y a su enorme legión de seguidores. A la vuelta, ya no tendrá que jugar con ese dolor al hacer swing. Y ya una vez, hace dos años, demostró que era capaz de regresar en grande, con numeritos estelares, después de una visita obligada al quirófano, como esta.

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