Carlos Martínez llegó a ser el pitcher número uno de San Luis / Foto captura de MLB Network

El derecho Carlos Martínez, otrora gran esperanza de los Cardenales de San Luis y uno de los pitchers con más talento nacido en los últimos años en República Dominicana, parece al borde del adiós definitvo en las Grandes Ligas.

Martínez acaba de ser suspendido por la MLB. Los exámenes que le realizaron arrojaron la presencia de una sustancia dopante en su organismo. El nativo de Puerto Plata deberá cumplir con una suspensión de 80 juegos, por incumplir las normas de la Gran Carpa.

Es un castigo que va más allá del mero enunciado. Porque el Tsunami es agente libre en la actualidad.

No ha trascurrido un mes desde que los Medias Rojas de Boston apostaron por él. No fue una firma altamente promocionada. Pero sí era una apuesta con posibilidad de darle altos réditos a una organización en busca de profundidad en su pitcheo, siempre y cuando saliera bien.

Los patirrojos no demoraron mucho en sentenciar su destino inmediato. Abrió dos juegos con los Pawsox de Worcester y fue severamente castigado. En 4.1 innings recibió 10 carreras.

Esa carta de libertad que de inmediato recibió es su condena a no lanzar más en 2022. Al menos dentro del sistema MLB.

Porque Martínez tiene que firmar con otra divisa para empezar a cumplir la sanción. Y es casi seguro que nadie le ofrecerá contrato a sabiendas de que deberá pasar casi tres meses inactivo por motivos disciplinarios.

Es un recodo desconcertante en el camino de un diestro que en 2017 abrió por los suyos el Día Inaugural.

Martínez se ganó a pulso ese rol de pitcher número uno en San Luis. Entre 2015 y 2016 promedió casi 200 entradas al año y casi 180 ponches por torneo, con 3.03 de efectividad global.

Había crecido para eso. Era el heredero natural de Adam Wainwright en los Cardenales. De 2012 a 2014 fue un consentido de las principales evaluadoras de talento en las Ligas Menores. Baseball Prospectus, MLB Pipeline y Baseball America le ubicaron constantemente entre las casillas 27 y 43 del escalafón con los mejores reclutas del beisbol.

Todo iba bien con Martínez, hasta que dejó de ir bien. Retrocedió algo en 2018, debido al descontrol. Todavía pasaba por las armas a sus rivales, pero sin la consistencia de antes. Y los pájaros rojos empezaron a buscarle caminos alternativos.

Le probaron como relevista. Y en principio funcionó. Salvó 5 juegos, con 1.47 de efectividad en sus últimos 15 encuentros de aquella temporada, una vez enviado al bullpen. Y en 2019 agregó 24 rescates, aunque solamente pudo aparecer en 48 cotejos.

De ese entonces es su disgusto público con el venezolano Ronald Acuña Jr. La personalidad de ambos chocó en plenos playoffs entre Atlanta y San Luis. El nativo de Puerto Plata acusó de irrespetuoso al patrullero de los Bravos. Acusaciones aparte, quien sacó lo peor fue él.

Martínez recibió seis carreras en los 4.2 episodios que tiró en aquella postemporada. Su tiempo como relevista parecía acabarse.

También sus mejores desempeños con su organización original. Luego de aquel rifirrafe con Acuña dejó de ser un serpentinero capaz de marcar diferencias. Entre las lesiones y la falta de dominio, perdió su lugar en el staff.

Dejó 9.90 de efectividad en 2020. Y 6.34 en 2021. No le acompañaron la buena salud ni la consistencia.

San Luis pudo convertirle en multimillonario, una vez más. Pero era demasiado dinero por un astro en decadencia. El equipo rechazó las opciones restantes en su contrato, por las que habría podido recibir 35 millones de dólares. Era el adiós.

Los Gigantes de San Francisco apostaron por él en marzo, pero lo dejaron en libertad. Y su paso por las Menores con los Medias Rojas duró menos de un mes.

Una debacle total.

Martínez pudiera ir a alguna liga independiente, para tratar de mantenerse activo con vistas a un eventual regreso. Lo acaba de hacer el infielder venezolano José Rondón, también agente libre y también suspendido por dopaje.

Rondón se encuentra por estos días en la Liga Mayor de su país.

Martínez seguramente lanzará en LIDOM, a finalles de 2022, durante el receso invernal. Suele ser una presencia constante allá, con las Águilas Cibaeñas.

El Tsunami, apodo que se ganó en sus mejores tiempos, llegará a esas playas convertido en una ola inofensiva. Pero todavía tiene 30 años de edad. Si domina en Quisqueya, ya sin castigos encima, quizás reciba una última oportunidad.

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