Manifestación realizada en Boston por la paz en Ucrania. Foto: Jehovagni Santana.

Desde el 24 de febrero en que Rusia invadió a Ucrania, el mundo está convulsionado. Las paredes de cemento de las casas y edificios colapsan en medio de bombardeos y misiles que caen allí donde más duele, en el corazón del ciudadano común, acabando con sus vidas y destruyendo los sueños, ahuyentando la felicidad y sembrando miedo, dolor y muerte.
Es el caso de Kateryna Stoliarenko, quien nació en Ucrania y vive en Boston desde hace 7 años. Está desesperada por su familia que está en medio de la guerra, sin saber si un día el teléfono le sonará para darle una mala noticia. Añora el reencuentro con su mamá Olena Stoliarenko y su abuela, Nina Hrebincha, a quienes vio en octubre del año pasado cuando visitó Ucrania. “Mi madre y mi abuela de 82 años estaban tratando de escapar de Kharkiv, debido a los bombardeos continuos del ejército ruso. Pasaron 2 días en el tren y 6 horas caminando por la frontera. Ahora están en Hungría, sin hogar, sin seres queridos. Mi padre todavía está en Kharkiv, junto con mi tío y su familia. Estoy orando por ellos cada minuto de mi vida. Quiero que mi familia esté a salvo”, expresó.
Kateryna está nerviosa e intranquila. Su rostro la delata, aunque sonríe al hablar, sus ojos transmiten tristeza y preocupación por su pueblo y en especial por los suyos. Al ser bailarina profesional, la música y sus alumnos son sus mejores aliados, trabaja en Star Dance School, dando clases a niños, jóvenes y adultos. “Me siento perdida y absolutamente devastada. Todos mis recuerdos de infancia, las ciudades donde pasé los mejores años de mi vida ahora están arruinadas por terroristas y el ejército ruso. Siento que estoy en una película de terror y no puedo creer que todo esté sucediendo en la vida real. Las casas de mis amigos están completamente arruinadas, los niños están heridos. Nunca volveré a ver a algunos de mis amigos. Muchos hospitales, escuelas, hospitales de maternidad fueron bombardeados y completamente destruidos. Quiero democracia y libertad para vencer al terrorismo ruso”, expresó al recordar que en octubre del año pasado estuvo en Ucrania visitando a su familia. “¡Caminábamos por el hermoso centro de la ciudad, mi ciudad natal es uno de los lugares más hermosos del mundo! ¡Creo que revivirá de las ruinas y se volverá aún más fuerte que antes!”.

Kateryna Stoliarenko junto a su mamá Olena, cuando en octubre pasado estuvo con ella en Ucrania. Foto cortesía Kateryna Stoliarenko.

El mundo llora, pero también levanta su voz de protesta pidiendo un alto al fuego. En Boston se han reportado protestas organizadas por el Ukrianian Cultural Center of New England y apoyada por la Asociación de Estudiantes de Ucrania del Massachusetts Institute of Technology, MIT, Berklee College of Music, Boston University y Tufts University. La alcaldesa de Boston, Michelle Wu, ha expresado públicamente su apoyo al pueblo de Ucrania. “Me solidarizo con nuestras comunidades ucranianas aquí y alrededor del mundo. Nuestra administración está lista para ayudar a los refugiados ucranianos como podamos”, afirmó durante la inauguración de 500 banderas ucranianas que fueron colocadas en el Statler Park, en South End, como medida de respaldo para la comunidad ucraniana que vive en Boston.
En el Statler Park se anunció que todo el dinero que se recaude en la exposición “Shevchenko inmersivo: Alma de Ucrania”, realizada el 15 de marzo, en el 130 Columbus Avenue y dedicada a la obra del artista del siglo XIX, quien ilustró y encapsuló el alma de Ucrania: la gente común y sus vidas, sus luchas cotidianas, con el fondo de la belleza natural de un país que hoy está devastado por la guerra. El cien por ciento del dinero que se recaudó por concepto de taquilla será donado a la Cruz Roja y al Fondo del Banco Nacional de Ucrania.
El evento de las banderas y la exposición fue organizado por Dasha Kurol, directora de Eventos de Lighthouse Inmersive, quien nació en Rusia y condena el ataque del país que la vio nacer. “Es impensable que un vecino ataque a otro, y para dos estados que están unidos a través de su religión, herencia, cultura e historia estén en guerra. Ahora que nos enfrentamos a esta trágica realidad, mi único deseo es que cese la guerra; mi corazón se rompe por cada ucraniano cuya vida ha sido desarraigada para siempre por este ataque injustificado, y lloro por cada madre rusa que no sabe si su hijo regresará a casa después de luchar en una guerra en la que fueron engañados”, expresó. Dasha con lágrimas en los ojos y su voz entrecortada por el dolor que la embarga, comentó que nació en Moscú y junto a su familia emigró en 1994 a Los Estados Unidos. Su familia materna es de Uman, una pequeña ciudad ucraniana a 200 kilómetros al sur de Kiev, el cual es un centro de judíos. “No hay ganadores en la guerra”, enfatizó durante el evento de las banderas.
Irena Kowal manifestó que sus padres huyeron de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial porque fueron perseguidos por los soviéticos y llegaron a Estados Unidos en 1948. “Rusia está creando un genocidio masivo para que un loco maligno pueda dar rienda suelta a su instinto asesino para acabar con Ucrania, una espina democrática en su costado. Hoy apoyamos a un pueblo audaz y resistente que nunca volverá a un imperio mítico. Putin no capturará a Ucrania, no importa cuántos soldados envíe, no importa con cuántos misiles nucleares amanezcan en el mundo. Los ucranianos buscarán su propio futuro de autodeterminación. Y nuestra democracia debe desafiar a un megalómano desesperado que muestra flagrantemente su desprecio por los valores occidentales”, expresó Kowal durante el acto de las banderas.

Las 500 banderas colocadas en el Statler Park en el South End, representan el apoyo que le da la ciudad de Boston a la comunidad ucraniana que vive en esta ciudad. Foto Jeaneth D. Santana.

Según el Ukrianian Cultural Center of New England en Boston hay aproximadamente 10 mil ucranianos y 30 mil en Nueva Inglaterra, aunque no es una cifra oficial, son los valores que se están manejando, dijo la representante Inna Boyko, quien llegó a Boston hace más de 3 años cuando su esposo fue invitado a trabajar. “Lo consideramos como una oportunidad para nosotros y nuestros hijos”, expresó al indicar que sus padres, primos y todos sus amigos se quedaron en Ucrania. “La guerra obligó a algunos de ellos a abandonar sus casas y conducir a lugares desconocidos para proteger primero a sus hijos de las bombas y los misiles”.
¿Inna, cómo te está afectando la guerra en tu vida? “Estamos con nuestras familias, amigos y, sinceramente, con toda la nación ucraniana en este momento. Comenzamos el día conversando con ellos, revisando noticias en vivo e intentando apoyar a Ucrania todos los días”, expresó. Y es justamente lo que están haciendo a través de las manifestaciones denominadas #StandWithUkraine, donde miles de ucranianos y personas de diferentes nacionalidades han recorrido las calles de Boston con la bandera de Ucrania en mano, rechazando la invasión rusa y pidiendo cese al fuego. “Todos los ucranianos en todas partes queremos ahora que los fascistas rusos salgan de nuestra Tierra, que los asesinos rusos nos dejan en paz. Somos una nación históricamente europea y nunca más seremos parte del imperio ruso”, aseguró Inna Boyko.


Para entender un poco la historia de Rusia y Ucrania
Después de Rusia, Ucrania es el segundo país más grande de Europa por superficie, y ambos comparten una frontera terrestre. Los conflictos entre Rusia y Ucrania no son nuevos, ambos países tienen una historia común que se remonta a la Edad Media.
Tanto Ucrania como Rusia tienen raíces comunes en el estado eslavo oriental de Kievan Rus. Es por esto que el presidente ruso, Vladimir Putin, asegura de que rusos y ucranianos son “un solo pueblo”.
Pero ambos países avanzaron de manera separada durante siglos, en los que surgieron dos idiomas y culturas. Mientras Rusia se convertía en un imperio, Ucrania no había logrado establecer su propio Estado. Para el siglo XVII, grandes áreas de la actual Ucrania formaron parte del Imperio ruso. Desde entonces y hasta el siglo XX, Rusia y la Unión Soviética llevaron a cabo un programa de rusificación para desalentar la identidad nacional ucraniana.
En 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, ese gran territorio se dividió en 15 repúblicas independientes. Ucrania, fue una de ellas y se declaró independiente. Luego, en marzo de 2014, Rusia volvió a entrar en Crimea, una península a lo largo de la costa norte del Mar Negro, que había sido durante mucho tiempo parte de Rusia, pero la Unión Soviética la transfirió a Ucrania en 1954.
Sin embargo, una vez que los dos países fueron independientes, Crimea resultó ser estratégicamente importante para el control ruso del Mar Negro.
En 2014, las cosas llegaron a un punto crítico. Marines, paracaidistas y fuerzas especiales rusas invadieron y capturaron la región ucraniana de Crimea sin apenas combatir. Al mismo tiempo, fuerzas respaldadas por Rusia atacaron a Ucrania en la región de Donbás, tratando de separarla de Ucrania y unirla a Rusia. Esto se convirtió en una guerra no oficial, con estallidos ocasionales de violencia a lo largo de la frontera entre Rusia y Ucrania.
Según analistas políticos, la respuesta de Estados Unidos y la OTAN fue débil, imponiendo sólo sanciones económicas y enviando una pequeña ayuda militar a Ucrania.

Solidaridad con Ucrania
Desde que estalló la guerra son miles los voluntarios que están receptando donaciones alrededor del mundo. El cardenal Seán Patrick O’Malley, arzobispo de la Arquidiócesis de Boston, informó que el 19 y 20 de marzo se realizará una colecta especial en favor del pueblo de Ucrania. “Debido a las necesidades sin precedentes provocadas por la devastación de los ataques y la salida de millones de víctimas que huyen de los estragos de la guerra, autorizo una recaudación especial que se realizará en todas las parroquias el fin de semana. Las ganancias de la colecta se enviarán a Catholic Relief Services, agencia de ayuda y desarrollo en el extranjero de los obispos católicos de Los Estados Unidos”.
El cardenal O´Malley, comentó que la gente de la Arquidiócesis de Boston tiene una larga historia de generosidad en tiempos de desastres locales, nacionales e internacionales, al igual que para ayudar a aliviar el sufrimiento humano. “Únase a mí para apoyar al pueblo de Ucrania a través de nuestras oraciones, nuestra preocupación y nuestras contribuciones”.
Los feligreses podrán enviar sus cheques a su parroquia con “Ukraine Relief” en el memorando y pagadero a la Arquidiócesis de Boston, los cuales serán receptados por el Archdiocese of Boston Pastoral Center, ubicado en el 66 Brooks Drive, Braintree, MA 02184-3839.

Por su parte, la Fiscalía General de Massachusetts aconsejó a los residentes tener precaución al momento de realizar donaciones a organizaciones benéficas que apoyan a las personas afectadas por la invasión rusa de Ucrania, con la finalidad de evitar fraudes. “Done a organizaciones benéficas que conozca, verifique el sitio web de la organización benéfica, tenga cuidado con las publicaciones en las redes sociales o los correos electrónicos que solicitan donaciones a organizaciones o sitios web falsos, no de su información personal o financiera a nadie que solicite dinero, nunca comparta su número de Seguro Social u otra información personal, jamás pague en efectivo y use tarjeta de crédito o haga un cheque directamente a la organización benéfica”, recomendó la fiscal general, Maura Healey.

Holy Crust Crave Bread, es un negocio de Dylan Rutherford y su esposa Myroslava Basista, quienes recientemente realizaron una recaudación de fondos para recolectar fondos para Ucrania, denominada “la vida cotidiana de mi esposa en Kovel y Kiev”. “Recibimos un apoyo abrumador de nuestra comunidad y desde entonces hemos recibido pedidos constantes de pan adicionales”, indicó Dylan al comentar que están apoyando a su país desde Newburyport en Massachusetts, lugar donde viven y está ubicada la cafetería. “Mi esposa y yo comenzamos nuestro negocio de pan apenas el año pasado como un proyecto paralelo, vendemos pan artesanal fermentado lentamente con miga santa y corteza crujiente”.
¡Pase por Esthetic Bean, un coffee shop, ubicado en South Boston’s Andrew Square y salude a Julia! La familia de Julia Kotlinska todavía está en Ucrania y se están preparando para lo que seguramente será un par de días difíciles, se puede leer en la página de Facebook de Susan Capachione, cliente y amiga de Julia, quien dijo necesita apoyo en estos momentos tan difíciles. #coffee #restaurant #smallbusiness

Altos precios en la comida y en la gasolina
La inestabilidad de los precios y la incertidumbre de la población a causa de la guerra en Ucrania se han apoderado de la economía estadounidense, agregando un escollo más en el camino de la recuperación tras el parón económico causado por la pandemia del COVID-19. Actualmente, la tasa de inflación en el país es del 7,5%, un nivel no visto desde hace décadas.
La subida de precios en la comida por problemas en la cadena de suministros y por el alto costo de la gasolina, encare el producto final, obligando a los comerciantes a subir el precio. Pero esta realidad se vive a diario en los supermercados. Lorena Estupiñán, al ingresar a un supermercado en Waltham, compró menos e invirtió más. “Gasté 65 dólares y sólo compré pollo, leche y huevos”, afirmó mientras manifestó que en su trabajo no le han subido el sueldo y que cada semana debe alimentar a una familia de 4 personas y pagar más en gasolina.
“Busqué tanto hasta que pude encontrar una gasolinera que tenía a 4 dólares 17 centavos el galón, porque todas las otras estaban bastante caras, pagué 34,87 dólares por 8 galones”, expresó en tono desesperado Jaime Acosta, dueño de un carro del 2015, el cual aseguró es muy ahorrador. “No hay bolsillo que soporte estos precios, si la gasolina sigue subiendo tendré que comprarme una bicicleta, menos mal ya viene el calor”, comentó.
Como valores mínimos, el precio promedio de la gasolina regular por galón en Boston, oscila entre 4 dólares, 25 centavos hasta 5 dólares, 20 centavos la gasolina especial; y se espera que siga subiendo a medida que la guerra continúe.

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