Claudia Ginestra

El año 2020 ha sido un difícil debido a la pandemia del COVID-19, sin embargo, otros temas de importancia han tomado relevancia en la palestra pública como lo es el tema del racismo. Estados Unidos ha sido testigo de protestas antirracistas, las personas han exigido un departamento policial menos discriminatorio y mayor respeto y oportunidades a las personas de color. Ante este revuelo en EE.UU, muchas veces se ha pensado que el racismo nunca ha sido un problema en Latinoamérica y que es un problema que no se tiene que resolver en la región, pero la investigadora en Harvard de estudios afrolatinoamericanos, Yessenia Olaya, explica que no es así. «Cuando hablamos de racismo hacemos referencia a un problema de carácter estructural. Desde el proceso histórico de colonización, se han creado estructuras de segregación de ciertos grupos a partir de características fenotípicas, como el color de la piel, la forma del cabello, y rasgos del cuerpo. A partir de esas diferencias, se han estructurado segregación a los afrodescendientes y eso ha hecho que estas poblaciones se sitúen en lugares con pobreza, incluyendo, Latinoamérica», contó Olaya.

La investigadora afirma que en Latinoamérica se niega la existencia del racismo debido a que en las escuelas no hay un plan de estudios que hable con criterio de la raza. «Debemos refundar el campo de los estudios para dar a conocer el aporte que ha tenido la población afroamericana. En lugares como Brasil y Colombia han trabajado este asunto fuertemente, lo cual hace que los estudiantes generen un pensamiento crítico», dijo. «La idea es que los jóvenes se pregunten: ¿está bien que un hombre de color sea vigilado al entrar a un centro comercial?, ¿Está bien que una mujer con el cabello rulo se sienta incómoda con su belleza?», agregó.

El problema del racismo es estructural y está naturalizado en las sociedades. «Las instituciones nacionales y de gobierno legitiman una serie de prácticas que permiten el racismo, la violencia policial es una manifestación de ello. Ahora somos más conscientes de como la policía asesina a las personas de color gracias a las redes sociales. Pero esto siempre ha pasado», contó Olaya.

La creación de estereotipos es un elemento que perpetua el racismo, según la investigadora. «Ser negro se asocia a ser criminal, y ese es un estereotipo negativo. También se asocia a la persona de color a ciertas áreas o profesiones, como por ejemplo, el deporte, cuando en realidad puede contribuir a cualquier área de conocimiento», dijo.

Burlas como «pelo malo» han rodeado a las personas de color desde su nacimiento. «El cabello afro se ha construido como un estereotipo negativo desde la mirada de la blanquitud. Muchas mujeres se quitan ese cabello «malo» con procedimiento y no les gusta ir al trabajo así. Y eso obedece un patrón de belleza occidental en donde se cree que eso no es bonito», comentó Olaya.

El racismo deriva en malas condiciones de vida y pobreza. «Los afrodescendientes suelen vivir en zonas pobres, aunque estén rodeados de zonas con riqueza natural, en muchos casos», aseguró.

La investigadora considera que se está creando una nueva conciencia social con respecto

al racismo. «El movimiento que quiere eliminar ciertas estatuas históricas como la de Cristóbal Colón, muestran como la sociedad está cambiando su narrativa, y quiere tener otros representantes de esta nueva conciencia», dijo. «Colón representa la colonización y por lo tanto, la gente ya no quiere que esa figura sea la protagonista de la historia. Recordemos que la historia es dinámica y va cambiando dependiendo de las acciones del colectivo», dijo.

La educación es un pilar vital para educar a la población sobre el racismo, y puede ser una eventual solución a este fenómeno. La universidad de Harvard está dictando un certificado sobre el racismo estructural en Latinoamérica de manera online. El Certificado está dirigido a estudiantes de grado y de posgrado; docentes de todos los niveles; funcionarias y funcionarios públicos; integrantes del poder legislativo; miembros y gestores de organizaciones no gubernamentales y profesionales interesados en la cuestión racial; trabajadoras y trabajadores de prensa; activistas y militantes de organizaciones y movimientos sociales, en especial del movimiento afrodescendiente; representantes de partidos políticos y gestores culturales; público en general.

El ingreso al Certificado es de carácter anual. Normalmente la convocatoria para el registro de nuevos participantes inicia a mediados de mayo y finaliza en agosto. Las clases comenzarán a desarrollarse a inicios del segundo semestre del año lectivo (septiembre). Las clases están disponibles en español y portugués.

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