El confinamiento nos ha llevado a consumir más información sobre un tema que a todos nos preocupa ya que amenaza la salud global. Por ello, debemos tomar en cuenta distintos factores para informarnos correctamente, conversamos con la periodista de salud Nuria Jar, quien nos dio unas recomendaciones.
Los tiempos de COVID-19 no solo nos han traído retos sanitarios, sino que también nos ha enfrentado a una infodemia (exceso de información) y desinformación abrumadora con respecto al virus. Entre curas milagrosas, teorías de conspiración, y noticias sensacionalistas, nos encontramos en una encrucijada a la hora consumir información.
El reporte “Desorden Informativo” de First Draft encargado por el Consejo de Europa y publicado por el Centro Shorenstein de la Universidad de Harvard asegura que en esta era digital manejar la polución informativa es uno de los grandes retos. Entre esos factores dentro de la “polución informativa” la desinformación médica es una de las más preponderantes ya que es una amenaza a la salud de los ciudadanos. Un estudio conducido en 2017 por la BBC entre 18 países registró que 79 por ciento de los encuestados estaban preocupados porque no sabían diferenciar entre noticias falsas y reales en el ámbito digital. En estos tiempos de confinamiento, los ciudadanos pasan más tiempo en sus dispositivos digitales por lo que estos son, generalmente, una fuente de información. Aunque, también se ha registrado un incremento de audiencia en TV y Radio durante las cuarentenas según un estudio de Kantar IBOPE Media, la diferencia con las redes sociales es que existe interactividad, por lo tanto, tiene un componente social. La revista Nature asegura que la arquitectura de estas plataformas con elementos como “me gusta”, “compartir” y “comentar”, nos generan dosis de dopamina (neurotransmisor causante de las sensaciones placenteras). Este aspecto es crítico para entender porque las informaciones falsas se propagan.
Esta es una de las razones por las que nos dejamos llevar por dos noticias principales: las que son sumamente esperanzadoras, como las noticias de las vacunas y por el otro extremo, las noticias catastróficas, que parecen indicar que no hay salida, así lo explica la periodista española de salud Nuria Jar. “Una noticia esperanzadora parece indicar que ya mañana tendremos la vacuna cuando es un proceso lento y que además necesitará un tiempo para su distribución cuando logre desarrollar. Esas noticias que hablan de desarrollo de vacunas pueden generar falsas expectativas. Pero tampoco podemos ser alarmistas y decir que todos vamos a morir”.
En este momento la vida de muchos está en juego y eso puede poner en riesgo nuestra objetividad y racionalidad, una noticia incorrecta puede llevar a tomar malas decisiones. Específicamente, la fuente científica es compleja de comunicar, y tiene un ritmo distinto a otras fuentes, debido a que las investigaciones de esta índole llevan sus procesos. “Informar ciencia siempre ha sido un reto y ahora mucho más. La gente quiere respuestas rápidas, y el conocimiento científico te lo puede dar, pero no tan rápido como nos gustaría. Muchos de los resultados que se están publicando son preliminares, por eso hay que tomar con cautela los datos”, así aseguró Jar. Con respecto a los datos, Jar comenta que es posible que en muchos países no se tengan los datos exactos de contagiados por la rápida transmisión del virus y por los pacientes que son asintomáticos. “Si revisas el número de personas afectadas con coronavirus y el número de muertes y haces una regla de tres, te sale que la letalidad es mucho mayor que la que se ha registrado de 2 por ciento, lo cual no tienen sentido. Eso puede significar que mucha gente ha pasado la enfermedad y no han sido diagnosticados. Los datos son solo una parte de la realidad. Probablemente nadie sabe el alcance real que ha tenido el COVID 19 por falta de test”.
La incertidumbre nos juega en contra a la hora de informarnos, queremos saber todas las respuestas cuando todavía no están disponibles. “Muchas organizaciones e instituciones están publicando acerca de cómo informar bien sobre el coronavirus, y la conclusión es que hay que ser honestos y decir que lo que no se sabe cuando no se sabe”, agregó Jar. “Hace poco un epidemiólogo decía que no hay nadie experto en este virus porque simplemente no existía, todos estamos tratando de entender sobre cómo funciona y lo que nos toca es aprender a vivir con esta incertidumbre”. Esto podría explicar porque en tiempos de contingencia las teorías de conspiración pueden ser protagonistas, en respuesta a una necesidad de dar una explicación a lo que estamos viviendo.
Otro aspecto resaltante que se ve en las informaciones relacionadas al virus es el lenguaje que algunos sanitarios o políticos han empleado a la hora de comunicar, como términos bélicos o xenófobicos, en vez de implementar términos científicos. “Creo que una guerra es otra cosa, aquí no hay un bando contra otro por unos intereses. No tiene nada que ver con conflictos de guerra, culturas, o nacionalidades, esto es un problema global, es un problema de todos”.
Finalmente, Nuria Jar nos da algunas recomendaciones para verificar la información que nos llega con respecto al COVID-19:
-Consumir medios de comunicación reputados
-Fijarte en la fecha (sobre todo con este virus que va tan rápido y las informaciones cambian)
-Revisar si la información tiene firma o no
-Verificar la fuente.
-Chequear el apartado de preguntas y respuesta sobre COVID-19 de la OMS en el que desmiente noticias falsas del virus que puede revisar en este link: https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/myth-busters