LOUISVILLE, Ky. – La parte de atrás de Churchill Downs se encuentra ajetreada en una nublada mañana una semana antes del Derbi de Kentucky. Dentro del Granero Cuatro, dirigido por el entrenador Dale Romans, un grupo de mujeres guían en círculos a elegantes purasangres para calentar sus piernas antes del entrenamiento en la pista.
Varios hombres rastrillan el heno de los establos deteniéndose de vez en cuando para hablar entre ellos en español. Algunos de los trabajadores pasan sus turnos bañando, alimentando y preparando a los caballos; otros se encargan de lavar la ropa de los entrenadores y jinetes, limpian el estiércol y barren el piso.
La mayoría de estos empleados que trabajan en la parte trasera – en donde los caballos de raza pura viven durante la temporada de carreras – son inmigrantes con visas de México y Guatemala. Muchos han trabajado durante décadas para Roman y otros entrenadores. Un hombre que pidió que se le llamara Julio dijo que ha estado en Kentucky por más de 15 años. Manda su sueldo – mucho más de lo que podría ganar en Guatemala – a sus hijos en su país.
“He estado trabajando aquí por mucho tiempo”, dijo mientras se inclinaba al granero y secaba su ceja con una bandana. “Es un buen trabajo y me pagan todas las semanas”.
La industria nacional de 25 millones de dólares depende de una mano de obra en su mayoría conformada por inmigrantes hispanos. Muchos, como Julio, están con visa en los Estados Unidos, pero otros están ilegales, trabajando en las pistas de carrera y graneros a lo largo del país. Pero este año, el miedo y la incertidumbre se ha expandido por todo el país debido a las medidas severas que la administración de Trump ha tomado en cuanto a la inmigración, aumentando las redadas y las deportaciones de inmigrantes indocumentados y limitando los programas de visas.
Estas políticas pudieran tener un impacto significativo en la industria de las carreras y en muchos de los empleados que la conforman. Sin las visas necesarias, los entrenadores de caballos podrían enfrentar un recorte en su mano de obra, lo que podría forzarlos a contratar más inmigrantes ilegales o tener que pausar sus operaciones.
“Sería catastrófico, por lo menos en un principio”, dijo Romans, quien ganó el Premio Eclipse 2012 como Entrenador Destacado. “No sé a donde podría llegar. Solo sé que no me gustaría operar sin una mano de obra de inmigrantes”.
Cada año, la industria de carrera de caballos tiene que llenar miles de puestos de trabajo en las operaciones tras bastidores, como los paseadores para el calentamiento – las personas que pasean a los caballos antes y después de los entrenamientos, preparan y ejercitan a los entrenadores. Estos son trabajos a los cuales los americanos no aplican, por lo que los entrenadores deben mantener su mano de obra usando la visa H-2B que permite a empleadores a traer inmigrantes a los Estados Unidos para hacer trabajos temporales.
Dos veces al año, 33 mil visas son otorgadas a través del programa a nivel nacional, la mayoría dirigidas a trabajos como la jardinería y la pesca. De acuerdo a los datos de la Oficina de Estadística Laboral, los “cuidadores de animales que no son de granja”, que incluye a la industria de carreras de caballo, usan menos del dos por ciento de las visas H-2B. De la primera mitad de visas solicitadas en el año fiscal 2017, han sido certificadas 548 para “cuidadores de animales que no son de granja”.
La mayoría de los inmigrantes han venido por años a los Estados Unidos para trabajos de temporada y regresan a sus familias el año siguiente. Pero eso ha cambiado desde el otoño pasado. La exención de regreso de trabajadores, la cual permite que las personas puedan viajar a sus países de origen y regresar el próximo año, se vencieron en septiembre del año pasado y no han sido renovadas por el Congreso. Ahora los inmigrantes deben empezar un nuevo proceso de aplicación cada año, compitiendo con más personas por el número limitado de visas.
Durante la primera semana de 2017, entraron 90 mil aplicaciones de la visa H-2B y solo un tercio han sido aprobadas.
Desde enero, el Presidente Donald Trump ha expandido las definición de criminales que están sujetos a deportaciones para incluir a quienes han “estado involucrados en fraude o falsificación premeditada relacionada a cualquier asunto oficial o aplicación frente a una agencia del gobierno”. Esto incluye a cualquier trabajador indocumentado que ha firmado un acuerdo de empleo como el H-2B.
Romans dijo que obtiene 50 visas todos los años con ayuda de su abogado de inmigración basado en Oklahoma, Will Velie, que se especializa en la industria ecuestre. Como parte del proceso de contratación de la H-2B, antes de buscar a mano de obra inmigrante se debe agotar todas las posibilidades de contratar a un ciudadano americano. Como parte de los requisitos del programa de visas H-2B, el empleo debe ser publicado a través de departamentos de trabajo a nivel federal, estatal y local. Cualquier persona desempleada que esté interesada también debe tener preferencia.
La mayor parte de los trabajos tras bastidores no requieren experiencia o educación, pero Velie dijo que casi nadie responde a las publicidades. Cuando lo hacen, usualmente no pasan de la entrevista inicial. “Una vez que les dices que es un trabajo al aire libre lidiando con caballos, dicen “no gracias”, dijo.
En el granero de Romans, los paseadores y preparadores trabajan desde 10 dólares la hora; otras posiciones especializadas como entrenadores comienzan desde 15 0 16 dólares. Sus empleados trabajan siete días a la semana, de 5:30 a.m. a 11 a.m., y muchas veces tienen que volver en la tarde. Este trabajo, a pesar de ser fuerte y tener bajo salario, es la columna vertebral de las carreras de caballo.
“Si no se tiene a personas que cuiden a los caballos, no existiría la necesidad de profesionales de alto nivel o trabajos como personas en las taquillas de boletos, administradores, concesionarios o veterinarios”, dijo Velie.
Belie agregó que si los procesos de visa fueran más sencillos más entrenadores contratarían empleados de manera legal. Pero la realidad es que muchas operaciones, en Kentucky y otros estados a lo largo del país, no usan el programa de visa H-2B y contratan a inmigrantes ilegales. “La aplicación de la ley combinada con la poca disponibilidad de visas colocan a los entrenadores de caballos en una situación complicada”, dijo Velie. “Tienen que entregar el negocio o cerrarlo, o tienen que romper las reglas para evitar que quiebre el negocio”.
Para Romans, el proceso de visa dura un año entero. “Parece que fuera eterno”, dijo Romans. “Nunca termina. Mantener una mano de obra legal es muy difícil”.
El tema se ha convertido en algo tenso. Con el discurso anti-inmigración del Presidente, muchos trabajadores del Churchill Downs tienen miedo de dejar el granero cuando sus turnos terminan. Incluso personas que trabajan legalmente con visas se encuentran nerviosos. Docenas de bicicletas se estacionan en línea en las paredes del granero ya que la mayor parte de los empleados no tienen licencias de conducir y no pueden usar carro. Temerosos de ser atrapados, muchos se mueven lo necesario: del trabajo, a la tienda y a la casa. Es una regla no dicha que ninguno menciona su “falta de papeles”.
Romans dijo que ver a sus empleados en este estado de constante miedo ha hecho que sienta la necesidad de hablar más del tema. “Para mi comenzó como una necesidad de tener trabajadores y no querer darle trabajo a inmigrantes ilegales, pero ahora se ha convertido en un tema de derechos humanos”, dijo. “Ellos son amigos y puedo ver por lo que tienen que pasar, y lo pobres que son en sus países de origen”.
Por ahora, los tras bastidores de Churchill Downs y otras pistas de carreras alrededor del país son algunos de los pocos lugares en los que los inmigrantes indocumentados pueden sentirse libres. Tomando un descanso rápido luego de la limpieza de los establos en el granero de Romans, Julio se paró e hizo un gesto a sus compañeros trabajadores. “Este es un espacio seguro”, dijo. “Allá afuera no lo es”.