Una gigantesca escultura aérea flota desde el domingo sobre el Rose Fitzgerald Kennedy Greenway, lo que trajo consigo un destello de primavera donde hace escasas semanas las máquinas retiraban una gran cantidad de nieve.
El domingo por la mañana, decenas de trabajadores cerraron las calles cercanas e iniciaron los trabajos de la instalación de la obra de 600 pies de la artista Janet Echelman, usando una tropa de grúas y plataformas de tijera.
La malla de color anaranjado y magenta fabricada de cuerda de polietileno pesa una tonelada, y está diseñada para responder con fluidez a los vientos y al clima. Permanecerá suspendida en el Greenway entre dos altos edificios hasta octubre.
Echelman vive en Brookline. Su escultura —que incluye más de 100 millas de cordel— se inspira en las viejas redes para pescar.
«Me pregunto qué es posible, y luego los ingenieros me confirman si lo es, y dentro de eso comienzo a diseñar», dijo Echemlan, de 49 años, quien ha construido esculturas aéreas similares en Seattle, Madrid, Amsterdam, Sydney y otras ciudades.
En Boston, está explorando un contraste entre lo efímero y lo permanente: «Empecé a pensar en la forma como Boston reformó ambiciosamente su entorno», explicó. Tres huecos de la escultura son para evocar tres colinas que alguna vez dominaron el paisaje de Boston, pero fueron arrasadas para crear vertederos. Del mismo modo, sus bandas de colores pretenden recordar la autopista elevada que definía el espacio Greenway antes del Big Dig.