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Un Apretón de Manos

Algunos se han conmocionado porque el presidente Obama saludó con un apretón de manos a Raúl Castro, presidente de Cuba, en la ceremonia para honrar la memoria del líder sudafricano Nelson Mandela. El desatino de cuestionar o criticar un gesto de cortesía universal en un momento tan importante, donde se estaba reconociendo el legado de un hombre que ayudó a cambiar la historia de Sudáfrica, a unificar su país y así mismo a dar una lección de humanidad al mundo, me parece bastante irrisorio. Sin embargo es parte de nuestra naturaleza ser irracionales a veces, estar descontentos con casi todo y encontrar cosas en que disentir y para criticar.

Sí es cierto que los Estos Unidos y Cuba rompieron relaciones diplomáticas desde hace más de 50 años, luego de que Fidel Castro organizara una revolución comunista en la isla caribeña, y que actualmente las relaciones entre ambos gobiernos, aunque haya mejorado ligeramente, siga siendo aún bastante rígida y problemática, pero este simple apretón de manos no significa que el presidente Obama sea un comunista, como algunos dicen, ni que las relaciones diplomáticas entre ambos países vayan a mejorar de golpe. Lo que ese saludo fue no es más que un gesto de cortesía; un acto diplomático dentro de otro acto diplomático, y si hay que analizarlo debe ser en otro contexto.

Quizá si Mandela estuviese vivo estuviese decepcionado de ver el enfoque superficial y las criticas que algunos le han dado a este apretón de manos entre dirigentes de países  que son rivales desde la Guerra Fría, o quizá no, porque a pesar de todo Mandela parecía contar con una especia de sabiduría que a muchos nos falta y que tantos necesitamos, pero de cualquier forma vale la pena comentar sobre este momento que va mucho más allá de las políticas de ambos países y la diplomacia de un evento.

Personalmente cuando vi el video de ambos presidentes estrechando sus manos pensé en el peso del poder, cómo algunos buscan aferrarse a este, y luego en lo breve que es la vida. La verdad es que una ola de ideas inundó mi mente y es difícil ponerlas en orden. El presidente del país mas poderoso del mundo, Barak Obama, de 52 años, saluda a Raúl Castro, de 82 años, y quizá sea el hecho de que este encuentro se dio durante el evento para conmemorar al recién fallecido Nelson Mandela, quien vivió para cumplir 95 años, lo que me hizo reflexionar que a pesar de que uno pueda vivir por muchos años nuestra juventud es fugaz y todo tiene un fin, sin importar lo poderoso que sea uno. De la misma forma en este misterioso y breve trayecto que es la vida las obligaciones y el poder que uno tiene pueden dejar una huella impactante en nuestros cuerpos, en nuestros países y en la historia.

Con esto quiero decir por ejemplo que Obama, un hombre relativamente joven,  con tantas responsabilidades y poder ha perdido a pasos agigantados su juventud.  En cuestión de unos pocos años en la presidencia de los Estados Unidos, Barak Obama ha envejecido considerablemente. El instante cuando estrechó la mano de Castro, el presidente americano se veía tan cansado como su contraparte octogenaria.  Y mi observación no es para criticar la belleza estética de su persona, sino para ponderar sobre el desgaste físico gigantesco que sufren los líderes políticos, sobre todo de naciones poderosas, debido al nivel de responsabilidades que tienen. Luego inmediatamente pensé: “Raúl Castro tiene ya más de ochenta años y sigue en la línea de poder que le dejó su hermano, y a ninguno de los dos su avanzada edad los ha detenido para seguir en esa posición de control…Lo que los frena es el deterioro en la salud…â€

Ambos hermanos Castro con su poder y dominio cambiaron la historia de Cuba, de un país, y quizá el poder los cambió a ellos.  Por otro lado Mandela pareció no haber cambiado con el poder, pero si hacer cambios importantes con su poder.  Mandela fue un hombre carismático lleno de sabiduría que cambió la historia de un pueblo, de un continente. Pocos como él al llegar su fin serán  realmente venerados y admirados y  capaces de juntar a personajes tan opuestos.

No importa cuánto poder, hasta la fecha no hay líder político que haya logrado gobernar por siempre… No hay ser humano que haya podido resistir el paso del tiempo, los desgastes físicos y quizá mentales que conllevan las responsabilidades grandes de la vida.  Son pocos los seres humanos sabios, y son varios los líderes políticos que enceguecen o pierden su rumbo. Son pocos los que como Mandela han sabido dónde y cuándo actuar activamente y cuándo retirarse.  Un cansado y avejentado Obama aprieta brevemente las manos de un viejo y cansado Castro. Mandela descansa. No importa lo que pase, la vida es lamentablemente tan corta como un apretón de manos.

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