Hace algunos meses, el veterano de la escena local de hip-hop, Marco Antonio Ennis, acudió a un estudio de grabación en Dorchester para ayudarle a escribir unos versos al joven hijo de un amigo suyo que iniciaba su carrera como rapero. Ennis, quien perteneció a un puñado de agrupaciones famosas locales, cuenta con una sólida credibilidad en Boston como rapero y compositor.

Todos se pusieron a escribir. Pero después de solo media hora, Ennis hizo una confesión: no se le ocurría ninguna rima relevante. Con tres décadas de experiencia en la música de rap y hip-hop, estaba cansado ya de la retórica violenta y gánster que le hizo ganarse la reputación de ser uno de los artistas más peligrosos de Boston. Así que, a pesar de los comentarios de quienes estaban en el estudio, Ennis decidió irse a casa.

Era un caso inusual del famoso bloqueo mental del que a menudo sufren los escritores. Desde finales de los 70s, Ennis, de 45 años de edad, ha sido un rapero de alto nivel, famoso por ilustrar con sus explícitas letras las esquinas más fétidas de Boston. Han matado y disparado a miembros de su grupo. Él mismo ha sido brutalmente apuñalado y en algún punto fue a dar a la cárcel por posesión de armas. Su marca de ropa urbana «Antonio Ansaldi» causó amplia controversia a mediados de la década pasada con la línea de camisetas que portaban el mensaje «Stop SnitchinÂ'», o «Deja de Ser Soplón».

«Es increíble pensar que algunos de mis compañeros con los que hacía música, ya tienen hijos que ahora están tratando de producir sus propias canciones gánster», dice Ennis, padre de seis hijas. «El rap gánster es un montón de letras y juegos de palabras, y ya dije todo lo que pude haber hecho con ellas. ¿Cuántas veces más puedo hablar de disparos y armas? Tengo 45 años. Tengo hijas grandes que escuchan lo que digo. Ya tengo otras cosas de que preocuparme».

El año pasado, Ennis casi pierde su casa de Dorchester en un embargo después de haberse retrasado en sus pagos hipotecarios. En 2008, cuando la economía comenzaba a deteriorarse, el negocio de su línea de ropa pasó por problemas y al año siguiente cerró su boutique después de ocho años en Washington Street. Al mismo tiempo, dos de los inquilinos en su casa de tres apartamentos perdieron sus empleos y se retrasaron con la renta.

Como resultado, el año pasado Ennis empezó a trabajar con City Life/Vida Urbana, la organización de Jamaica Plain que aboga por los derechos de propietarios de vivienda. Con ayuda de la Vida Urbana, en donde trabaja ahora tiempo parcial como organizador, Ennis pudo salvar su casa. Pero la experiencia de casi haber perdido todo le enseño tanto o más de las adversidades de la vida que lo que ya había vivido previamente en la calle como rapero.

Si bien Ennis ya no podía escribir letras de tiroteos o violentos criminales, ahora había descubierto una nueva fuente de inspiración. Después de haber dejado al hijo de su amigo en aquel estudio de grabación en Dorchester sin poder ayudarlo, llegó a su propio estudio en su casa y compuso «The Bank Attack», la primera de muchas canciones acerca del enemigo más despreciable que nunca antes había enfrentado.

«Nunca escribiré nada rosa», explica Ennis, quien se encuentra en el proceso de producir un álbum con 10 canciones tentativamente titulado «The Bank Attack» y que trata sobre la actual crisis hipotecaria. «Pero sí escribiré raps sobre la realidad de lo que está pasando. Mucha gente nunca crece. Creen que tienen que ser gánster hasta morir y que por más que lo intenten nunca pueden cambiar el estado de las cosas. Yo solía pensar lo mismo, pero ahora sé que no es verdad».

LOS INICIOS

Ennis tenía solo 16 años cuando vio que un amigo suyo acababa de comprarse un carro Chevy Corsica. En aquel entonces, Ennis trabajaba en Charrette, una tienda de materiales de arte en Woburn donde había empezado a trabajar en el noveno grado. Ahora era asistente del mánager. Tenía algo de dinero ahorrado y

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