Por María Iñigo
En 1992, Alvaro Rodas era un joven de 22 años como tantos otros: estudiaba arquitectura y como hobby tocaba las percusiones. Sin embargo, a diferencia de cualquier pasatiempo común, el suyo le llevaría a tener una plaza en la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala.
A 17 años después, el músico ha dedicado su vida a promover El Sistema, un programa de desarrollo social que busca forjar comunidades y ayudar a niños a salir de la pobreza a través de la música.
«Para mí esto fue siempre un juego, un hobby. Cuando me encontré trabajando en la sinfónica nacional mientras estudiaba arquitectura fue que pensé que la música tal vez no era un pasatiempo sino una carrera y me interesó más que la arquitectura», dice Rodas, de 39 años y quien nunca tuvo una educación formal musical.
Para 1994, el joven percusionista ya tenía una plaza fija en la sinfónica nacional y enseñaba percusiones en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala.
Fue entonces cuando a su país llegó una misión de representantes de El Sistema de Venezuela a hacer su primer intento de replicar tal modelo musical en Guatemala. Siempre entusiasta de las orquestas juveniles, Rodas se interesó en el programa venezolano y se involucró en su desarrollo hasta ser nombrado Director Administrativo de la fundación. A raíz de eso el músico guatemalteco empezó a interesarse en las políticas culturales y administración de las artes.
Desde un principio, Rodas tuvo fe en este innovador modelo de enseñanza de la música.
«Creo que siempre he sido un poco escéptico del sistema de conservatorios porque no me formé dentro de ese sistema», explica Rodas. A diferencia del método tradicional de conservatorios que exige de sus músicos la excelencia musical, el método de El Sistema trata de inculcar en los niños la aspiración a la excelencia. Según Rodas, «la mayor diferencia es que uno se concentra en el proceso y otro se concentra en la meta».
El método de enseñanza de El Sistema propone «primero la pasión y luego la técnica», explica Mark Churchill, decano del New England Conservatory en Boston y director artístico de El Sistema USA, la contraparte norteamericana de El Sistema venezolano.
«Los niños desarrollan un mayor entendimiento de lo que la música está diciendo, de lo que están sintiendo y del mensaje que quieren enviar», expresa Churchill. «En El Sistema tratamos de inculcar el amor por la música tanto en sus corazones como en sus mentes, y es eso lo que resulta en la motivación para estudiar».
Churchill descubrió el programa en un viaje a Venezuela hace 10 años y desde entonces reconoció que algo «muy importante estaba pasando». Éste era el mayor intento de utilizar la enseñanza de las artes para promover el cambio social.
Lo que hace El Sistema es crear centros en zonas de alto riesgo donde se ofrece un programa de formación musical para niños de manera totalmente gratuita. «El programa se realiza con niños porque son un punto de unión para las familias», dice Churchill, quien asegura haber sido testigo de casos en que comunidades enteras han sufrido una transformación positiva que fue iniciada por los niños de El Sistema.
Este fue el caso de la Verbena, la colonia en Guatemala donde Rodas abrió el primer centro de El Sistema en su ciudad natal. Dicha colonia sufre un serio problema de pandillas (maras) y gracias a El Sistema muchos niños de la Verbena pudieron mantenerse aparta