Robert Silverblatt

Sentado sólo en el Capitolio, el nuevo Senador no luce muy formal con su camiseta y llamativa cruz. Pero eso no parece molestarle a Abraham Lincoln, con quien el político está conversando.

El senador Spic ha interrumpido el descanso del presidente muerto para preguntarle si tal vez ha llegado el momento de modificar su famosa cita que dice que una casa dividida no funciona. No le vendría mejor a la comunidad latina tener su propia casa, segregada del resto de la sociedad?

En esta escena clave de su nuevo libro «Mr. Spic Goes to Washington», el autor mexicano Ilan Stavans juega con las ideas comunes, y anima a los lectores que abran sus mentes.

«Yo lo que quería hacer con el libro es provocar más preguntas», Stavans, profesor de cultura latinoamericana en Amherst College, dijo a El Planeta.

«Mr. Spic Goes to Washington», una colaboración entre Stavans y el caricaturista venezolano Robert Weil, es un libro ilustrado que cuenta la historia de San Manuel Patricio Inocencio Cárdenas, también llamado Spic, un ex-miembro de una pandilla criminal que llega al Capitolio con la ilusión de cambiar la sociedad.

Para provocar a los lectores, Stavans y Weil emplean varios estereotipos. Spic, por ejemplo, con sus tatuajes y manera de vestir más parece un ladrón que un senador.

«Se ve como la imagen que ponen en las películas de Hollywood,…la imagen del hispano o latino delincuente», según Stavans.

Pero en su libro, nada es lo que parece.

«La idea para mí es jugar peligrosamente con este concepto y mostrar el otro lado», dijo.

Este proceso empieza con el nombre de su protagonista, una palabra despectiva que se refiere a aquellos que hablan español. Pero para el Senador no es nada malo; sólo es el verbo «hablar» en inglés.

«[Yo] espic Spanglish, the language of the future», dice.

«La palabra spic está intoxicada por el uso», afirmó Stavans. Al nombrar así a un Senador que lucha por el hombre común con una enorme pasión, Stavans y Weil quieren plantear otra visión de la palabra.

«El propósito es subvertir ese uso y también la visión popular del latino agresivo [y] amenazador, y poner esta idea de cabeza», dijo Stavans.

Durante su tiempo en Washington, Spic experimenta varios problemas con el proceso político. Él llega al Senado lleno del entusiasmo y buscando el cambio rápido. Pero su idealismo no encaja con los planes del antiguo establecimiento, y éste intenta convencer al público que Spic está loco.

Spic, por temor a que lo echen del Senado, se niega a abandonar su escritorio en el Capitolio, y se queda allí solo. Producto de una mezcla de hambre y sueño, al final tiene visiones de figuras del presente y pasado, Lincoln y Fidel Castro incluidos.

Cuando ven que Spic no va a abandonar su misión, sus colegas contratan a un miembro de la banda a la que pertenecía Spic para matar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.