Por Virginia Gómez

De la manera que mejor sabe hacer, hilando historias en una película, el director y productor argentino Juan Mandelbaum ha querido que la memoria de su país no caiga en el injusto baúl de los recuerdos. Lejos de enterrar a la Argentina de su juventud, decide un día enfrentarse a sus fantasmas, recorre uno a uno los escenarios donde se decidió la historia y rescata las asombrosas historias de sus personajes.

El resultado de todo ello es «Nuestros desaparecidos», un documental de 99 minutos que recoge el testimonio de los padres, hermanos, hijos y amigos de algunas de las víctimas de la dictadura militar de los 70, víctimas todas ellas conocidas del propio director y que, como él, soñaban con la revolución que transformaría Argentina.

La idea de rodar el filme, de hecho, surge cuando Mandelbaum, que emigró a Estados Unidos para escapar del terror de la época, descubre que su novia de la universidad, Patricia, figuraba entre los 30,000 desaparecidos de la dictadura.

«Se me vino el mundo encima cuando supe que había desaparecido. Sentí que tenía que hacer algo, el costo de lo que se hizo fue enorme. De una manera, hay una búsqueda de justicia, pues no ha habido arrepentimiento. Los que apoyaron a los militares siguen pensando que no hicieron las cosas mal, que tenían que salvarnos del comunismo, y muy pocos han querido contar lo que pasó. Después, los terremotos que ha sufrido el país no han hecho más que enterrar el pasado y los jóvenes desconocen incluso quién era Videla», indica el director.

Más que parte de su trabajo, la película es para Mandelbaum la manera de elaborar su propio duelo. Para filmar las imágenes, regresó a la facultad de Filosofía y Letras en la que estudió, donde conoció a Patricia; a la Patagonia, donde trabajó como monitor en un campo con Mini Viñas y Jorge Chinetti, o al centro de detención «El Olimpo», donde fueron torturados el hijo de una vecina y su esposa. Ha sido un intenso trabajo de documentación e investigación labrado durante más de tres años.

«Todo se fue dando de manera mágica, era como si algunos estuvieran esperando mi llamada. Me conmovió mucho la confianza que me tuvieron. La primera entrevista la hice con la hija de Mini, que fue abandonada en un zoológico a los ochos meses, cuando su madre fue secuestrada. Ella no me conocía, pero tenía mucha necesidad de sacar su historia y de seguir aprendiéndola», cuenta el director.

CONTEXTO HISTûRICO
Planteado en tres actos – los sueños de la revolución, el estado de terror y el vivir con la memoria – el largometraje incluye conversaciones con periodistas y sobrevivientes de los centros de concentración, así como una entrevista con Pat Derian, secretaria de Derechos Humanos de Jimmy Carter e impulsora de la inspección que realizó en 1979 la Organización de Estados Americanos por los delitos cometidos durante la dictadura argentina.

Para contextualizar, Mandelbaum alterna imágenes de archivo tomadas por televisiones argentinas, americanas y españolas durante la época. «Trabajé mucho en el marco histórico para entenderlo y que el público americano también pueda comprender esa época, el peronismo… Muchas películas sobre el tema simplifican demasiado, siempre dicen que los jóvenes eran unos idealistas, pero fue un poco más complejo que eso», asegura. Entre el material, recupera las escalofriantes declaraciones del policía conocido como «Turco Julián», uno de los más famosos verdugos de la revolución.

«El criterio era matar a todo el mundo pero, además, era imposible proclamar la inocencia. Yo pude ver las presentaciones de habeas corpus de tres hermanos y eran mimeografiadas. Fue terrible, y encima la gente no creía que todo eso estuviera pas

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