Tomado de El Nuevo Día de Puerto Rico, artículo escrito por José A. Sánchez Fournier.

«Con los ojos cerrados y la cabeza inclinada levemente hacia su izquierda, Ángel Pantoja Medina, conocido por sus amistades como «Pedro», parecía descansar de pie en la esquina de su sala, en el apartamento 47 del residencial público Juan César Cordero, en Hato Rey.

Vecinos, familiares y amigos de otros complejos de vivienda pública lo visitaban, abarrotando el pequeño vestíbulo familiar.

Desde un radio en un apartamento cercano, Rubén Blades cantaba triste sobre la pérdida de un ser querido.

Pedro murió baleado, y su cuerpo fue encontrado la madrugada del viernes bajo el puente de Cantera, a la orilla del caño Martín Peña. Obedeciendo un deseo que expresó durante los pasados seis años, Pedro no fue puesto en capilla ardiente dentro de un ataúd. En vez, fue embalsamado y, en un acto insólito nunca antes visto en Puerto Rico, velado de pie en su casa.»

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