«Madre solo hay una». «Madre no es la que pare sino la que cría con amor, cariño y comprensión». «Mi madre es la mejor del planeta». Estas son solo algunas de las frases compartidas por más de 100 lectores de El Planeta que participaron en la promoción para reconocer a las mamás latinas de Massachusetts.

A varias de estas mamás especiales las premiamos regalándoles entradas para disfrutar el concierto «Gracias Mamá» del grupo Sol y Canto en el Regattabar en Cambridge, así como boletos para el espectáculo infantil Sesame Street Live, además de DVDs y libros sobre maternidad.

Las familias y madres ganadoras de los grandes premios, el televisor flat screen y el tour especial privado del Franklin Park Zoo (valorado en cientos de dólares) fueron elegidas por un jurado comunitario que leyó y revisó todas las nominaciones recibidas.

Una tarea difícil, pues todas las mamás son especiales. He aquí las dos ganadoras:


¿Por qué mi mamá se merece ganar?

Mi madre es hoy una señora de 75 años en sus cansados hombros. Originaria de Chalatenango, El Salvador, ella ha vivido en este país desde hace 25 años, luchando siempre por salir adelante como muchísimas otras personas… pero eso no es lo que la hace especial.

Mi madre fue huérfana desde los 5 años. Vivió por un tiempo en un orfanato de monjas, para luego a los años vivir con una familia de descendencia china y luego abrirse paso por la vida sola, para sacar adelante a sus cuatro hijos, a veces comiendo solamente tortilla con sal, a veces hojas de jocote con limón… Como ocupación, ella planchaba, lavaba, cortaba café, o lo que fuera para darle de comer a sus hijos; hijos que hoy no somos profesionales, pero tenemos educación, valores, estudios y sobre todo somos personas de bien con mucho amor en nuestros corazones.

Y es que a pesar de que mi madre no tuvo una familia, sí supo inculcar en nosotros el valor de la unión familiar, el respeto, la educación, el amor y la importancia de luchar y salir adelante en la vida, manteniendo siempre la esperanza de un mañana mejor.

Fue y es madre preocupada por todos sus hijos, pendiente de lo que cada uno necesitaba, haciendo suyos cada problema y preocupación. Aún hoy ya de adultos, cada cual con su vida, ella siempre está al pendiente.

Como abuela qué puedo decir. Dejó de comer porque sus nietos comieran, dejó de dormir noches enteras cuidándolos cuando estaban enfermos, madrugando para prepararlos y mandarlos a la escuela, pendiente de cada detalle.

En la casa siempre encima de todo, ella fue el eje principal para que todo funcionara bien: que si la comida, que si la ropa en su lugar, que si hay que pagar los «bills» – no se le pasaba una fecha. Hasta se preocupaba de que el perro tuviera comida. El día no le alcanzaba para tanta cosa que tenía que hacer, hasta se olvidaba de ella misma por pensar siempre en los demás.

Hace un año sufrió un derrame cerebral que le paralizó todo su lado izquierdo. Ahora mi madre está en silla de ruedas, pero con las mismas ganas de vivir, tanto que hasta da envidia de su felicidad, dándonos otra lección más de vida, pues muchos de nosotros teniendo la necesaria salud, renegamos de tantas cosas, y no valoramos lo que tenemos. No pensamos que la vida nos puede cambiar en un segundo.

Mi madre siempre fue de salir y disfrutar de los bonitos paisajes de este país, de ver un juego de béisbo

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