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Los viajeros de Boston no están convencidos con una posible toma federal de South Station

South Station en Boston. (Robin Lubbock/WBUR)

Por Simón Rios

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El jueves fue un día tranquilo dentro de South Station, en Boston. Dos enormes ventiladores de techo enviaban una brisa a través del amplio espacio. Una bandera estadounidense colgaba de las vigas, frente a la bandera de Massachusetts, posiblemente en peligro de ser retirada.

La principal molestia —si es que había alguna— era una riña entre palomas frente a un quiosco de comida.

¿Es este un lugar que necesita con urgencia una intervención federal?

Esa fue la idea que planteó el subsecretario adjunto de Transporte de EE.UU., Steven Bradbury, durante una concurrida jornada el miércoles en la estación, cuando Amtrak presentó sus nuevos trenes Acela, más rápidos. Más temprano ese día, la administración Trump había anunciado que tomaría el control de Union Station en Washington, D.C.

Bradbury dijo ante la multitud que la Casa Blanca podría asumir el control de otras estaciones a lo largo de la Costa Este, incluida South Station. Señaló la necesidad de más seguridad y limpieza en Boston, afirmando que los estadounidenses “merecen instalaciones ferroviarias hermosas”, según publicó The Boston Globe.

El jueves, la comitiva federal ya no estaba, pero los viajeros dentro de la estación tenían opiniones sobre si South Station necesitaba o no ayuda de la administración Trump.

“Lo único que realmente hay que hacer en South Station es limpiar los baños, de verdad necesitan atención”, dijo Linda Radzvilla, de Mashpee. “Así que, si Trump está dispuesto a hacer eso, me parecería maravilloso que viniera a fregar algunos inodoros y a limpiar las paredes".

Radzvilla ha viajado desde Cape Cod hasta Cambridge durante 25 años. En todo ese tiempo, dijo, solo tuvo un encuentro incómodo con un hombre sin hogar.

“No fue nada grave”, contó. “Le compré un muffin y él quería un café, y le dije: ‘Lo siento, se me olvidó’. Y se puso impertinente. Yo le contesté: ‘Está bien, sigue tu camino, amigo’.”

Aun así, señaló que en South Station conviven diferentes tipos de personas, incluidos indigentes y personas con problemas de salud mental. Ahí es donde el gobierno federal podría ayudar, si tuviera la intención de hacerlo.

"Ya sabes, poner a profesionales de salud mental para apoyar a la gente que realmente lo necesita", dijo. "Eso sería maravilloso".

Afuera, en el andén del tren, bajo una impresionante serie de arcos en la recién construida torre de South Station, Aaron DiPilato esperaba su tren de regreso a North Attleboro. El fontanero sindicalizado, que viaja a la ciudad entre semana, dijo que no hay necesidad de tropas federales en Boston.

"Siento que Boston ya es bastante seguro", afirmó. "Y si envían tropas, la verdad es que lo hará inseguro. Porque creo que la gente se sentirá amenazada al ver fuerza y presencia militar aquí".

Los usuarios de South Station no eran los únicos escépticos sobre la necesidad —o el derecho legal— del gobierno federal de intervenir en la terminal.

La gobernadora Maura Healey calificó el jueves la idea de una acción federal en South Station como "un indignante acto de teatro político".

"No vamos a dejar que el tipo que se declaró en bancarrota seis veces se apodere de nuestras estaciones de tren", dijo en un comunicado.

La alcaldesa de Boston, Michelle Wu, dijo a los periodistas que Trump está jugando una especie de "monopolio autoritario" y que "no existe manera legal de que el gobierno federal asuma el control".

Esto se debe a que, a diferencia de Union Station en Washington, South Station pertenece a la MBTA, no al gobierno federal. Y su operación está a cargo de una empresa privada, explicó el exsecretario de transporte estatal Jim Aloisi.

"Si la idea es que está siendo mal administrada, eso no tiene nada que ver con el sector público", señaló. "La MBTA es dueña del edificio, pero desde 1988, es el sector privado quien lo gestiona mediante un contrato de arrendamiento de 98 años".

Esa empresa es Ashkenazy Acquisitions, una firma de capital privado con sede en Nueva York.

Aloisi agregó que la idea de que los funcionarios de la administración Trump crean tener la experiencia para dirigir un centro de transporte "le pone la piel de gallina".

"Creo que fue Ronald Reagan quien bromeó diciendo que las palabras más temidas que había escuchado eran: 'Soy del gobierno y estoy aquí para ayudar', ¿cierto? Así que devolveré el aforismo de Reagan a la administración Trump", dijo.

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