El acuerdo entre DoorDash y Klarna para financiar pedidos de comida refleja una tendencia preocupante: cada vez más personas dependen del crédito para cubrir gastos básicos.
Klarna defiende su servicio como una alternativa a las tarjetas de crédito con intereses elevados, pero la realidad es que millones de estadounidenses ya enfrentan una deuda récord de 1,2 billones de dólares en tarjetas. Si pedir tacos en cuotas se vuelve la norma, ¿qué dice eso sobre la estabilidad financiera de los consumidores?
Deuda disfrazada de flexibilidad. Los servicios BNPL han crecido en todos los sectores, pero su uso en comida subraya la fragilidad económica de muchos consumidores. Klarna y otras fintechs lucran con comisiones a los comercios y penalizaciones por mora, lo que podría generar más deudas difíciles de manejar.
Liz Hoffman, en Semafor, señala que Wall Street ha convertido todo en flujos de caja vendibles, incluyendo hipotecas, alquileres de jets y ahora la comida. Convertir cada transacción en un activo negociable no alivia la precariedad financiera; la convierte en un modelo de negocio.
El crédito no es un salvavidas. Si financiar la comida se vuelve habitual, la deuda personal dejará de ser un síntoma para convertirse en una estructura permanente dentro de la economía. Hoffman advierte que, si la economía se desploma, nadie querrá pagar "burrito bonds", igual que en 2008 dejaron de pagar sus hipotecas.
Los BNPL no están diseñados para aliviar la precariedad, sino para capitalizarla. Transformar la compra de alimentos en una deuda diferida no solo perpetúa la inseguridad financiera, sino que redefine el consumo como un acto basado en promesas de pago, no en ingresos reales. Pero bueno, al menos ahora puedes decir que tus finanzas están en números rojos... y con extra de guacamole.