La búsqueda de justicia para Ortiz continúa mientras la investigación sigue su curso
La investigación sobre el tiroteo de 2019 que hirió gravemente al exjugador de béisbol David Ortiz ha dado un giro inesperado con la muerte de un hombre clave en el caso y el arresto de una mujer fugitiva.
El reciente descubrimiento del cadáver de Víctor Hugo Gómez, en su día acusado y posteriormente exonerado de planear el atentado, cerca de Santo Domingo, inyecta una nueva complejidad a una narración que ha conmovido tanto a la República Dominicana como a los observadores internacionales.
Víctor Hugo Gómez, inicialmente señalado como el cerebro del ataque, fue hallado muerto en un pueblo a las afueras de Santo Domingo el 10 de enero. Las autoridades aún no han determinado la causa de la muerte.
Un abogado defensor, Manuel Santos Paula, afirma que Gómez fue secuestrado y asesinado, señalando sus vínculos con el narcotráfico.
Gómez, figura clave en el fallido intento de asesinato, tuvo un final misterioso tras desaparecer el año pasado. Su muerte representa el segundo fallecimiento enigmático vinculado al caso, añadiendo capas de tragedia y desconcierto al suceso que vio a Ortiz, conocido cariñosamente como “Big Papi”, recibir un disparo por la espalda en un bar de Santo Domingo.
En un principio, las autoridades implicaron a Gómez en la orquestación del ataque, sugiriendo un sorprendente caso de confusión de identidad en el que los sicarios confundieron a su primo con Ortiz. Dada la prominencia de Ortiz en la República Dominicana, muchos cuestionaron esta explicación. Investigaciones posteriores apuntaron a otro individuo, César “El Abusador” Peralta, como autor intelectual, una teoría que las autoridades dominicanas no han confirmado.
Una mujer venezolana es detenida en relación con los sucesos
La narración se retuerce aún más con la implicación de varios presuntos participantes, incluida la reciente detención y posterior liberación de María Fernanda Villasmil Manzanilla, una mujer venezolana vinculada a los sucesos de la noche.
Interpol detuvo a Villasmil en Santo Domingo el martes. Los detalles turbios y los relatos cambiantes han intensificado el enigma que rodea el motivo por el que Ortiz, una figura venerada en Nueva Inglaterra y en su tierra natal, se convirtió en un blanco.
La fiscalía la buscaba para interrogarla sobre su posible participación en el tiroteo.
Villasmil fue puesta en libertad el jueves sin que se le imputaran cargos.
La batalla de Ortiz no concluyó con el tiroteo. Tras soportar múltiples intervenciones quirúrgicas, luchó por su vida lejos del diamante de béisbol que cimentó su legado. En las secuelas judiciales, diez individuos recibieron sentencias por su implicación en el ataque, con el tirador y el conductor que se dio a la fuga enfrentándose cada uno a penas de 30 años.
¿Más preguntas que respuestas?
Mientras las autoridades dominicanas se esfuerzan por desentrañar los precursores de aquella noche aciaga, persisten numerosos interrogantes. El peculiar razonamiento de la identidad equivocada, las presuntas conexiones con entidades de la droga y la serie de muertes y detenciones no han hecho sino enturbiar las aguas de la investigación.
La saga del tiroteo de David Ortiz ha evolucionado más allá de una simple investigación criminal para convertirse en una saga que pone de relieve la compleja interacción entre la celebridad, el crimen y la justicia en la República Dominicana. Con el investigador personal de Ortiz insinuando una venganza contra el icono del béisbol, la historia deriva hacia rencores personales y lealtades controvertidas.
Con la comunidad mundial observando, la esperanza de claridad y justicia para David Ortiz permanece. El caso avanza, dejando tras de sí un camino de especulación y dolor. Tanto en la República Dominicana como entre los seguidores de Ortiz en todo el mundo, existe un anhelo colectivo de que llegue el día en que las sombras se disipen, desvelando la verdad que estuvo a punto de extinguir a una de las figuras más luminosas del béisbol.