El asesinato de George Floyd a manos de un oficial de la policía de Minneapolis desató una ola de protestas cuyo foco fue el racismo. El debate volvió a estar sobre la mesa y la situación se convirtió en una discusión de talla mundial. América Latina no escapa del asunto. Pese a la variedad de colores, en la región se apunta al racismo estructural y sistemático.

Sobre el tema, Ricardo Sánchez-Silva, director web de El Tiempo Latino, entrevistó en exclusiva a través de Facebook Live a Feline Freier, profesora e investigadora del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico en Perú.

A diferencia de Estados Unidos, donde la experta apuntó a un racismo más rígido, Latinoamérica tiene que ser vista desde varios contextos e historias. “Hay que entender que el fenómeno no se dirige tanto en contra de los afrodescendientes, sino más hacia la población indígena”, dijo.

Mientras, en comparación con la región, “en Estados Unidos eres blanco o negro”.

El caso de Floyd apunta a un asesinato en el que el uso excesivo de la fuerza privó como fundamento principal de Derek Chauvin, agente que apoyó su rodilla durante más de ocho minutos sobre el cuello del afroamericano hasta que este se quedó sin oxígeno. Pero las formas son varias.

Un tema de desigualdades sociales

A juicio de Freier, el racismo en América Latina encuentra dos elementos que lo alimentan: el estructural y el sistémico. El primero de ellos parte desde el ámbito institucional y pone al Estado como causa mayor. En Perú, por ejemplo, los indígenas son los que cuentan con menos acceso al Estado, pues se trata de una población que hace vida en zonas con menor atención que los urbanismos. El segundo –agregó la entrevistada– es aquel en el cual ciertas categorías sociales pasan a relucir, como la educación de la persona y su clase social.

Racismo, clasismo y educación, constituyen un triángulo influyente en la región, aseguró la especialista.

Esa grieta de separación entre clases sociales también pone como un punto sólido de la discusión la violencia; no obstante, Freier aclaró que este aspecto no está ligado al color de piel de la persona, sino a las desigualdades.

El caso Brasil

Cuando Chauvin arrestó a Floyd lo hizo porque el afroamericano pagó con un billete falso en una tienda. La situación debía encontrar en el sistema judicial la sanción para su acto, pero todo quedó en la decisión del uniformado.

Sin embargo, el hecho no es aislado. En 2019, Estados Unidos registró 1.098 muertes de civiles causadas por policías, de las cuales una cuarta parte de las víctimas eran afroamericanas, de acuerdo con el portal mappingpoliceviolence.

Pese a que la estadística luzca alarmante, no es mayor a la de Brasil, donde en 2018 el gigante suramericano contabilizó 6.220 fallecidos responsabilidad de los cuerpos de seguridad, de los cuales 4.991 eran ciudadanos afrodescendientes, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública.

“Si uno sigue más o menos de cerca las noticias de Brasil encontraría noticias probablemente mucho peores que las que estamos leyendo sobre EE.UU.”, dijo a la BBC Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de la Universidad de Harvard.

En dicha nación, el tema socioeconómico encuentra una enorme razón para alimentar las estadísticas. Así lo confirmó para el mismo medio Rafael Alcadipani, profesor de la Fundación Getulio Vargas y miembro del Foro Brasileño de Seguridad Pública: “La cuestión de la raza en Brasil, claro que es un elemento muy importante. Pero también está la cuestión de pobreza”.

Para Freier este es un patrón común, pues es las zonas más vulnerables se encuentra una mayor cantidad de mestizos e indígenas.

El hecho pone en contraste el racismo y la muerte de afroamericanos tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica y deja atrás aquella idea de que en Norteamérica existen más problemas raciales en comparación con el resto de la región.

De acuerdo con de la Fuente, estas “son realidades que tienen una historia compartida, una historia común, y que se expresan de maneras diferentes en distintos lugares”.

“Las formas más extremas y recientes de esa historia -la brutalidad policial, la criminalización de las personas afrodescendientes, la asociaciones entre ciertos rasgos fenotípicos y la criminalidad- eso no es algo que atañe solo a EE.UU., aunque adquiera una visibilidad singular cuando pasa en los EE.UU.”.

Pese a la crisis que esto es capaz de desatar, para Freier es posible trabajar en soluciones efectivas.

“Tenemos que enfocarnos en los derechos humanos, educar constantemente y luchar contra la desigualdad sistémica y social que acompaña a la región desde cientos de años”, concluyó.

Para ampliar información reproduce la entrevista a continuación:

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Sí hay racismo en América Latina, pero toma diferentes formas

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