
Imagine que, todos los días, tiene que caminar 5 kilómetros bajo el sol incandescente de 40 grados centígrados (105 Fahrenheit) para recoger agua para usted y su familia. Y después le toca regresar, cargado con tres galones de un agua turbia, de color amarillento, recogida en un charco donde incluso animales dejan sus excrementos. Y beber esa agua. Y comer alimentos preparados con esa agua.
Este se ha convertido en el día a día de la comunidad indígena Wayúu, la más grande de Colombia, situada en el golfo que limita con Venezuela y el Mar Caribe y que cuenta con una población de unos 850.000 habitantes. La única fuente de agua dulce en la región, el río Ranchería, fue represado y sus aguas privatizadas para el servicio de la industria agrícola y la explotación de la mina de carbón de Cerrejón, una de las más grandes del mundo.
Se estima que en los últimos diez años han fallecido unos 5000 niños por malnutrición en la zona de la Guajira en Colombia.
La cruda realidad para estos seres humanos es que la mayor parte del río quedó completamente seco, pues su caudal hoy está destinado exclusivamente a grandes haciendas del sur de La Guajira y a las operaciones industriales de las minas de carbón. Y al no tener agua saludable y limpia, cada semana uno o dos niños mueren por sed o malnutrición. En lo que va de año, han fallecido 29 niños por esta causa.
La activista local Gladys Peña Ortiz, residente de Boston y de origen colombiano, quiso ayudar a su hija Kimberly a hacer un trabajo sobre comunidades indígenas en Colombia, para una materia en su carrera de Política Internacional, y viajó a la Guajira para ver con sus propios ojos la situación allí. Tras convivir durante varios días con los Wayúu se quedó tan impactada, que decidió crear una fundación para ayudar a estas personas a manejar el problema del agua, y al menos proporcionar un paliativo mientras se resuelve la crisis humanitaria a nivel de gobierno.
Tras asesorarse con ingenieros que conocen la zona, Gladys determinó que la misión inmediata de su Fundación Esperanza para los más vulnerables (FELVU) debía ser construir un buen número de pozos de agua dulce en las comunidades (llamadas rancherías). Se afilió con la Fundación Deportiva Arnoldo Iguarán (del ex delantero de la Seleción de Colombia) y la Fundación Conéctate, para recaudar fondos que permitan la construcción de 100 pozos de agua limpia, de los cuales el primero ya fue inaugurado el mes pasado.
Iguarán será la imagen y el embajador de esta importante campaña denominada “Por una Guajira sin sed”, que se realiza en Estados Unidos y Colombia.
Mientras se recauda el dinero para este proyecto, y como solución inmediata a corto plazo, se donó a los Wayúu el producto Watermaker, un efectivo químico para purificar el agua que ha sido implementada en crisis humanitarias en países donde las fuentes hídricas están contaminadas. Esta donación fue posible gracias al empresario colombiano Wilmar Echeverry, representante y distribuidor exclusivo de este producto para Latinoamérica.
Otra organización que está colaborando con los esfuerzos de FELVU en Estados Unidos es la Fundación Dejando Huella, que trabaja ayudando a los más necesitados en zonas rurales de Colombia.
Pero está claro que este producto no representa una solución sostenible. Por esto, Gladys aspira a recaudar suficiente dinero para construir 100 pozos de agua potable en diferentes comunidades Wayúu antes de diciembre de 2017. “Estaremos organizando eventos en Boston y nos vamos a mover mucho para recaudar los fondos”, confía Gladys. “Quizás podemos construir más de 100 pozos o quizás menos. Pero si hacemos 80, lo importante es dejar la huella”, aseguró.
“El tema político es complicado, por esa razón estamos trabajando de manera independiente, este es un esfuerzo privado y sin fines de lucro para apoyar a estos seres humanos a que tengan agua potable para vivir”, explica Gladys.
Adicional a la construcción de los pozos, estas tres fundaciones buscan generarle una solución de empleo e ingresos a las familias Wayúu.
“Vamos a generar espacios de comercialización de los productos artesanales en Estados Unidos, aprovechando el tratado de libre comercio entre los dos países”, sostuvo Mario Alfonso Puello, quien lidera la Fundación Conéctate.
COMPLEJIDADES POLÍTICAS
En los últimos 10 años, más de 4700 niños indígenas han muerto de hambre y sed en La Guajira. Usted se preguntará cómo es posible que el gobierno permita que esta crisis humanitaria continúe. La respuesta es compleja, pero pasa por una intrincada red de intereses económicos, políticos y corrupción.
Autoridades de esta comunidad, representadas por Javier Rojas Uriana, han presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, con sede en Washington, por la violación de sus derechos vitales fundamentales. La CIDH solicitó al gobierno de Colombia garantizar la «disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud centrados en la lucha contra la desnutrición infantil en la región».
Según Javier Rojas simplemente no hay trabajo disponible y ninguna fuente gubernamental de los alimentos. «En las salinas, donde solía ser un trabajo, toda la zona que ahora está siendo dirigido por los extranjeros», dijo. Originalmente la mina El Cerrejón fue vista como la gran esperanza para la lucha contra el desempleo en la región, pero se ha convertido en un campo de explotación humana.
A todo esto hay que agregar que la escasa ayuda que el gobierno colombiano los Wayúu no llega a los indígenas. El caso del Programa de Alimentación y Nutrición, en el que se invierten más 15 millones de dólares, es un ejemplo. Buena parte de ese dinero – denuncian los voceros de Wayúu Armando Valbuena y Javier Rojas Uriana- se queda en redes de corrupción y termina siendo utilizado en las campañas políticas para la compra de votos.
Jorge Perdomo, representante de la Fiscalía General de Colombia, dice: “Es preocupante, por ejemplo, lo que tiene que ver con las irregularidades en el programa de atención integral a la primera infancia que lidera el ICBF. Se trata de verdaderas redes criminales montadas entre los operadores, los proveedores y algunos funcionarios públicos, con el propósito de enriquecerse a costa de esos dineros oficiales. Para ello, crean proveedores fachada, registran como beneficiarios a niños inexistentes, inflan los precios de los alimentos, y facturan productos que nunca entregan”.
USTED PUEDE AYUDAR
La Fundación FELVU busca recaudar fondos para construir 100 pozos de agua dulce en la Guajira
¿Cómo ayudar?
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Teléfono: 617-3195272
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